La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores

Capítulo 100

No podía entender lo que él trataba de decir, pero si tuviera que adivinar, parecía que le estaba pidiendo que se apurara. Radis se sintió un poco desconcertada por esto, pero aún así siguió adelante y firmó el contrato. Bernard inclinó su cabeza con gracia y extendió una mano hacia ella. —Entonces, señora Radis, le damos la bienvenida al Banco Pelletier como una cliente valiosa. Radis tomó su mano y la estrechó con entusiasmo. —¡Gracias por explicar todo tan amablemente! Bernard intentó besar el dorso de la mano de Radis, como siempre hacía con las damas, pero cuando Radis le estrechó la mano en su lugar, soltó una risa agradable. Ante esto, Yves negó con la cabeza, mientras Olivier sonreía suavemente. Yves se levantó rápidamente. —¡Ahora bien! Quisiera depositar dinero en la cuenta de la señorita Radis. —Ah, eso… —¡Beeernarddd! Tú me ayudarás con eso, ¿Verdad? Yves pronto arrastró a Bernard mientras gritaba. —¡Su Alteza! ¡Me ausentaré un momento! Y la puerta se cerró de golpe. Debido a la actitud de Yves, Radis no pudo evitar sentirse muy avergonzada. Simplemente se dio un golpe en la frente porque no sabía qué más hacer. —Lo siento. Pero cuando Olivier se disculpó de repente, Radis lo miró sorprendida. —Parece que te he molestado. Es ridículo, pero parecía que realmente lo sentía. Radis solo lo miró fijamente porque no sabía cómo reaccionar ante la forma en que él bajó ligeramente los ojos y se disculpó con un tono genuinamente apenado. Esta sería la tercera vez que Olivier veía a Radis, pero para Radis era la segunda. Ese día, durante su primer encuentro en el banquete en la residencia de los Russell. La primera impresión que Olivier dejó en ella fue tan intensa, y él era tan hermoso para ella. Si no hubiera sido por Yves, Radis habría guardado este breve encuentro como algo así como un fragmento de un sueño maravilloso. Por eso, también dudaba un poco de su propia memoria. Estaba muy angustiada mentalmente ese día, y pensaba que tal vez lo estaba recordando con un tinte de color rosa sobre sus recuerdos. Pero al verlo aquí una vez más, Olivier seguía siendo tan hermoso. Como si estuviera usando un traje a medida de color brillante que le quedaba perfectamente con su cabello plateado, la visión de Radis —que se había acostumbrado a tonos más oscuros debido al guardarropa completamente negro de Yves— parecía iluminarse en un instante. ¿Iluminarse? ¿Qué estás diciendo? Radis cerró los ojos con fuerza, los abrió de nuevo y luego enderezó su postura. —Su Alteza, por favor no diga eso. No ha molestado en absoluto, ¿Cómo podría ser? Se obligó a hablar con el tono más serio y formal que pudo para transmitir su cortesía. Pero cuando Olivier la escuchó decir eso… sonrió. Con sus ojos, que brillaban como amatistas, curvándose suavemente en lunas crecientes, y con sus labios rojos y fascinantes sonriendo tan brillantemente. Dios mío. Radis se quedó sin palabras. Cuando Olivier entró al salón antes. Mientras Radis estaba sentada en una silla frente a la entrada, lo vio en su totalidad cuando entró. Guiado por Bernard, Olivier era exactamente como la muñeca de cristal que Yves dijo que era. La mirada de sus ojos morados era tan fría, y no había ni una pizca de calidez en su rostro. Está segura de que fue así. Yves Russell, tienes razón. Yves dijo que vio a Olivier sonreírle a Radis en la noche del banquete. Que había algo diferente en ello. Y realmente parecía que así era. ¿Pero por qué? Esto era algo que Radis no podía comprender. —Sabía que era descortés venir aquí. Vio cómo se movían sus labios rojos. —Pero cuando escuché que el Marqués Russell estaba aquí, pensé que quizás tú también estarías aquí. Sus labios brillaban ante sus ojos. Incluso sus hermosos ojos brillaban. —Y si realmente estabas aquí, ya ni siquiera pensaba en salvar las apariencias. Radis estaba tan nerviosa y tensa que podía sentir sus hombros volverse más pesados con cada segundo. Su lado racional no podía seguir el ritmo, y seguía gritando, ¡No! ¡Es imposible! ¡Tu vida no es como una de esas novelas de romance que le gustaba leer a Jurich! ¡No hay forma de que el Tercer Príncipe del Imperio esté interesado en ti! Y sin embargo, contra los gritos de su racionalidad, la voz de Olivier era mucho demasiado dulce. Radis no pudo aguantar más. —Su Alteza, no hay absolutamente…. absolutamente ninguna forma de que haya cometido alguna descortesía. Sus manos estaban sobre sus rodillas, como si fuera una caballera escuchando las órdenes de su señor. Sin embargo, su rostro se estaba poniendo cada vez más rojo. —Yo, yo también… su Alteza… um, verlo otra vez… e-e-estoy f-f-fe… Lo que quería decir era que estaba feliz. Pero tanto la mente como la lengua de Radis se negaban vehementemente a decirlo. Sus pensamientos estaban tan enredados que no podía dejar de pensar que era mucho más fácil irse sola al bosque, luchar contra todos los monstruos ahí —incluida Arachne, para colmo— que decir algo así. Y su lengua se había vuelto tan rígida que evitaba decirlo en voz alta. —¡Es un honor…! En el momento en que dijo eso en su lugar, su mente se quedó en blanco. ¿Por qué demonios dijo que era un honor? —Ahaha. De repente, al escuchar su risa, Radis miró a Olivier sorprendida. Aunque tenía una mano ligeramente cubriéndole la boca, su risa era tan clara como una campana. Y sonaba tanto como diamantes brillando al rodar sobre una bandeja dorada. Huuk. Al ver su hermosa sonrisa y escuchar su cautivadora risa, Radis sintió que se ahogaba, pero se obligó a reprimir el impulso de dejar escapar un suspiro. Estaba congelada ahora, dura como una roca. Traducido por: Valiz ??? 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