
La Princesa otaku trabaja duro hoy
Capítulo 130
El matrimonio era algo asombroso. De hecho, Agnes se enorgullecía de conocer mejor que nadie a su favorito. Sin embargo, después de varios meses casada con Kaylo, se dio cuenta de que había estado viviendo en su propia burbuja. Puede que para otros fueran detalles insignificantes, pero para una fanática como ella, descubrir ciertas cosas resultaba bastante importante. Por ejemplo, que a Kaylo le gustaban los pimientos amarillos, pero no los rojos. Que le gustaban los perros tanto como los gatos (Una vez lo vio en secreto sonriendo mientras observaba a un cachorro moviendo la cola). Que, de cerca, tenía un lunar bajo la oreja izquierda. Que era sorprendentemente sensible a las cosquillas, entre otros detalles. Cada vez que Agnes descubría estos pequeños datos que solo una fanática notaría, se sentía inmensamente feliz. Según el informe secreto que había escrito en privado, la vida diaria de Kaylo se había vuelto mucho más tranquila últimamente, a diferencia de antes. Habiendo llevado una vida difícil desde pequeño, probablemente nunca había experimentado una época tan relajada. A veces, incluso dormía hasta tarde junto a Agnes o se saltaba sus entrenamientos porque ella lo animaba a salir de paseo. En medio de esa vida pacífica, Kaylo empezó a cambiar poco a poco. Cada vez que Agnes notaba uno de esos pequeños cambios, se emocionaba en silencio. Ver cómo su favorito cambiaba bajo el cálido afecto de una fanática era una experiencia única. ¿Y cuál fue el cambio más notable? Su expresión. Antes, parecía un gato callejero arisco... Pero ahora, se parecía más a un gato doméstico, tranquilo y criado con amor. En definitiva, su rostro, que solía parecer un poco severo, se había suavizado. Tal vez por eso, las personas en la alta sociedad ya no le temían, y algunos incluso se le acercaban para saludarlo con amabilidad. De todos modos, aunque Agnes era feliz cada día por tener a su favorito solo para ella como si cada momento fuera un regalo... Su deseo humano no tenía límites, y había ciertas cosas que le dejaban un sabor agridulce. «¿Cómo habrá sido Kaylo de niño?» Al observar cada uno de sus gestos en tiempo real, Agnes empezaba a lamentar no haber presenciado su pasado. Por ejemplo, cuando era un bebé, cuando dio sus primeros pasos, cuando empezó a correr por todos lados y cada uno de los momentos que vivió mientras crecía. Para mitigar esa añoranza, visitó la mansión Gray, donde Kaylo nació y pasó su infancia. Actualmente, la familia del Vizconde Gray había sido desterrada al campo, y la propiedad de la mansión había pasado a ser de Agnes. En lugar de demolerla, Agnes decidió conservarla y gestionarla como "la casa natal del Gran Duque Kaylo". Aunque no era un lugar muy concurrido, no faltaban del todo los visitantes (La visitante más frecuente era, por supuesto, Agnes). De cualquier forma, en una de esas visitas, Kaylo le contó algunos recuerdos de su infancia. Sin embargo, escuchar historias y ver en persona al pequeño Kaylo eran cosas muy distintas. Aunque ese sentimiento de añoranza persistía, Agnes decidió dejarlo a un lado. Después de todo, era su época de recién casada y debía centrarse en la felicidad del presente en lugar de obsesionarse con el pasado.