La Princesa otaku trabaja duro hoy

Capítulo 131

El mercado nocturno estaba lleno de gente y bullicio. Cada tienda estaba iluminada con luces amarillas que hacían que la noche pareciera más clara. Había muchos lugares donde se vendían deliciosas comidas y bebidas, y el mercado estaba repleto de parejas y familias. Agnes y Kaylo también se mezclaron entre la multitud, disfrutando de su tiempo juntos como si fueran una pareja común. Kaylo le presentó a Agnes uno de los platos callejeros más deliciosos que había probado. A simple vista, parecía una simple brocheta de pollo... Pero Agnes fingió no haber probado algo así antes. Y en ese mismo instante, se comió cinco brochetas. Aunque le supo mal por el chef del Palacio Imperial, las brochetas de pollo eran tan buenas como cualquier obra maestra culinaria. Después de llenar el estómago con brochetas, caminaron por las calles nocturnas mientras bebían una bebida dulce con alcohol. Mientras caminaban, llegaron hasta el borde del mercado nocturno. En esa zona, a diferencia del centro, había poca gente y algunas tiendas ya habían cerrado. —Oh, mira eso. Agnes señaló hacia una tienda bajo una carpa ubicada entre los puestos que ya habían apagado sus luces, y sobre su mesa había curiosos productos en exhibición. Cuando se acercaron, un comerciante con una capucha negra se levantó de su asiento. —Bienvenidos. Hay muchos objetos interesantes, así que echen un vistazo. Como han venido invitados tan distinguidos, les haré un precio especial. Por un momento, Agnes pensó que el vendedor podría haber adivinado su verdadera identidad y observó su rostro con atención. Era un anciano de cabello blanco y rostro afable. Parecía que no había vendido ni un solo objeto en todo el día. Al estar en una esquina apartada, era natural que no recibiera muchos visitantes, y los objetos en su mesa no parecían particularmente especiales. Aun así, Agnes no entendía por qué sentía que algo la había atraído hasta ese lugar... De todos modos, parecía que el comerciante no había descubierto su verdadera identidad. Probablemente sus palabras solo eran una estrategia para vender, dado que no se veían muchos clientes por esa zona. Con una expresión curiosa, Agnes empezó a examinar los objetos inusuales dispuestos sobre la mesa. La mayoría eran adornos cuyo propósito era desconocido: una figura de un sapo hecha de bronce, una pequeña corona incrustada con gemas, un adorno de uso incierto, y una caja con joyas oxidadas. Parecía más una tienda de antigüedades. Normalmente, nada de eso habría llamado su atención, pero tal vez por la bebida con alcohol que había tomado, hubo un objeto que le llamó la atención de forma extraña. —¿Para qué se usa esto? ¿Es una caja de música? Agnes señaló un adorno que parecía una bola de nieve, aunque en su interior no caía nieve, sino lluvia. Parecía tan realista que daba la impresión de ser mágica. De hecho, era casi como una tormenta. Y en medio de aquella tormenta, había una rana verde sosteniendo un paraguas amarillo. —Ah... ¿Se refiere a este objeto? Vaya... Tiene un ojo muy fino, señorita. Entre tantas cosas, ha sido capaz de encontrar esta joya escondida... —¿Y qué es exactamente? —Uhm... Señorita, ¿ha oído hablar alguna vez del hada rana? —¿Eh? Agnes frunció levemente el ceño porque el hada rana... No era precisamente un buen recuerdo. —En nuestro Imperio, existe una leyenda que dice que, si te encuentras con un hada rana en un día de lluvia, te concederá un deseo. ¡Y esta es precisamente esa hada rana!