
La Princesa otaku trabaja duro hoy
Capítulo 133
—Sir Melville, cuánto tiempo sin vernos. —Sí, Su Alteza. Era raro tener la oportunidad de conversar con Rubeus Melville. Él echó un vistazo alrededor de la Princesa con curiosidad y preguntó. —El comandante... No, el Gran Duque, ¿no la acompaña hoy? —Ah... Kaylo tuvo un asunto temprano en la mañana y salió del Palacio por un momento. —¿De verdad? Al escuchar que Kaylo no estaba, los ojos de Rubeus brillaron como gemas por un instante. 2 Agnes casi estalla en carcajadas ante ese cambio tan obvio en su mirada. «Vaya... Rubeus Melville, este loco... ¿De verdad piensa intentar algo conmigo? Aunque sea un rompecorazones, ¿de verdad?» Rubeus se aclaró la garganta, se pasó una mano por el cabello y habló con tono seductor. —Entonces, ¿le gustaría dar un paseo conmigo? Podría llevarla a un lugar secreto donde florecen unas flores hermosas. Es un rincón del Palacio que solo yo conozco. —Sir Melville, lo siento, per- Justo cuando Agnes estaba a punto de rechazar su descarado intento, el pequeño gato que descansaba somnoliento en sus brazos saltó de repente. —¡Ah! Valientemente, el gatito se lanzó y arañó el rostro de Rubeus. Luego, con gran destreza, regresó al regazo de Agnes. 1 Todo sucedió tan rápido que Agnes se quedó boquiabierta. «¿Esa velocidad...? Incluso transformado en gato, Kaylo no ha perdido sus reflejos. ¿O acaso se han mejorado?» —¡Agh! ¿Qué demonios fue eso? Rubeus sacó apresuradamente un pequeño espejo de mano para inspeccionar su rostro. Su expresión se torció al ver los rasguños. Su preciado rostro, con el que solía conquistar mujeres casadas, había sido marcado. —¡Maldita sea! Justo cuando iba de camino a ver a Su Alteza la Princesa Heredera... Ugh... Ante esas palabras, Agnes chasqueó la lengua con disgusto. «Vaya pedazo de... No solo intenta algo conmigo, ¿ahora también con la Princesa Heredera? ¿De verdad le gustan tanto las mujeres casadas?» Agnes, por un momento, se preocupó sinceramente de que algún día Rubeus Melville acabara ejecutado por sus atrevimientos. Aunque claro, era obvio que Diana nunca lo aceptaría. —Mi adorable gatito cometió un error. Lo siento, sir Melville. —Uhm, si realmente está arrepentida, tal vez podríamos tomar un té... Antes de que terminara la frase, Agnes apenas logró sujetar al pequeño gato que ya estaba listo para lanzarse de nuevo. —Sir Melville. Si no quiere terminar siendo otra víctima de las garras de este gatito, mejor váyase a buscar atención en otro lado. —... Hmm, entendido. Vaya gato más temperamental el suyo. Rubeus Melville se dio la vuelta con expresión resignada. Aunque, para alguien que decía estar decepcionado, sus pasos eran sorprendentemente ligeros. Probablemente su filosofía era "Hay cientos de mujeres casadas en el mundo". Agnes acarició suavemente al gatito, que seguía bufando en su regazo, aún molesto. «Creo que hasta aquí llegó el paseo.»