
La Revolución Mágica de la Princesa Reencarnada y la Joven Genio
Capítulo 4
“…Hmm. Eso ciertamente fue todo un caso.” fue Relajé mis hombros tensos. En frente mío estaba una montaña de papeles completados. Afortunadamente, mi tensión parecía disiparse de alguna forma ahora que había alcanzado mi meta del día. Sin embargo, el trabajo de un rey nunca estaba listo, al parecer, sin importar cuantos esfuerzos haga. “Excelente trabajo como siempre, Su Majestad.” “Vamos, Grantz. No hay necesidad de ser tan formal.” La voz que me había llamado pertenecía nada más y nada menos que Grantz Magenta, el líder de la casa más destacada de la aristocracia, la familia ducal Magenta, el canciller del dominio del Reino de Palettia, y sobre todas las cosas, mi amigo personal. La voz a la que le hablaba era por supuesto a mí, Orphans Il Palettia, el soberano actual del Reino de Palettia. Acababa de terminar mis deberes reales del día. “Podría tomar una copa de té. Úneteme, Grantz.” “Como desee, Su Majestad.” “¡De nuevo, muy formal! Háblame no como tu rey, sino como tu amigo.” “…Muy bien, Orphans.” Asentí en satisfacción mientras su tono de voz se relajaba. Grantz puede estar al final de sus 30, pero su joven vigor aún no ha mostrado signos de ralentizarse. Yo, por otra parte, me veía más viejo de mi edad, con mi cabello con cada vez más canas notables. Era probablemente la fatiga constante la responsable. No era ignorante de la diferencia entre nosotros. Éramos tan cercanos en edad, sin embargo, él fue capaz de mantener su juventud. La familia Magenta era bendecida con una larga historia. Los duques, habiendo heredado sangre real, también heredaron el cabello platino de la familia real. No obstante, mientras las generaciones pasaban, ese color empezó a diferenciarse del nuestro. De hecho, era más cercano a plateado más que platino. Pero lo más único sobre Grantz eran sus ojos. Esos iris café rojizos eran tan intensos y afilados que parecían contener llamas abrasadoras que podían dejar a los débiles de corazón temblando con una sola mirada. Para mejor o peor, le pasó esos ojos a su hija e hijo. La sangre compartida del padre e hijos era difícil de no ver. “…La manzana no cae tan lejos del árbol, como se dice.” murmuré mientras tocaba la campana para llamar a una sirvienta para que preparara té. Grantz debió escuchar mi suspiro, ya que me miró mientras se sentaba. “¿Qué ocurre? ¿Estás preocupado por tus hijos otra vez?” me preguntó burlonamente. “¡¿Cómo no me puedo preocupar?!” respondí con frustración. no Tenía un cariño especial por los hijos de Grantz, especialmente su hija, Euphyllia, como si fueran míos. Eso era parcialmente porque ella estaba comprometida con mi hijo, Algard—pero más que eso, era mi propia hija bribona la que me hacía sentir así. “Ella ha estado bastante callada últimamente, pero temo que esto sea sólo la calma antes de la tormenta.” “La Princesa Anisphia es una tormenta en sí, ¿no es así?” es “¿De qué te ríes? Nunca lo consideré como algo de risa, Grantz.” Hubo un golpe en la puerta, seguido de una sirvienta entrando a la habitación con una reverencia. Puso la tetera en la mesa cercana antes de irse. Mientras bebía, solté otro suspiro. “Ella ya tiene diecisiete años, y aún no hay indicaciones de que se pueda calmarse…” “Pero si ella fuera a calmarse, como usted dice, ella difícilmente sería la Princesa Anisphia, ¿no?” calmarse “Detente. Yo ya estoy lo suficientemente deprimido así…” “Me temo que no se puede evitar. Después de todo, nosotros fuimos los que consentimos su comportamiento cuando empezó en primer lugar.” Grantz respondió, elegantemente llevando el té a sus labios. nosotros Encorvé mis labios a eso, pero no tenía respuesta para él. Tal vez era el estrés nuevamente, pero podía sentir en gran peso en mi estómago. Solté un suspiro de resignación. “¿Por qué no hay fin a los problemas que requieren mi atención?” Estoy seguro que cualquiera que me viera asumiría que estaría en mis cincuentas por mi apariencia. Mi cabello color platino, prueba de mi linaje real, era conspicuamente sin brillo y gris. Ansiedad constante había cavado surcos profundos por mi cara, al rango de que verme en el espejo era suficiente para amargar mi ánimo. Eso era prueba de que mis responsabilidades como rey eran una molestia. Pero mi causa más grande de preocupación era mi hija, causándome problemas despiadadamente sin fin. “Pero nosotros podemos aliviar esas preocupaciones al menos de una forma, ¿no crees?” podemos “Hmm… ¿te refieres a Algard y Euphyllia?” “Ambos se graduarán pronto. En el futuro, les pedirán contribuir como nuestros futuros rey y reina. Y eso les dará más oportunidades para liderar por su cuenta.” “…Asumiendo que todo irá bien,” gruñí. “¿…Estás preocupado por ese rumor?” Grantz me preguntó, frunciendo sus ojos. Asentí como respuesta. “Euphyllia estará bien, pero ese maldito Algard… está bien que se complazca con esa hija del barón, pero necesita practicar la moderación.” “No es fácil reunir información de esa academia, pero el rumor se expandió. Debe ser público ahora.” El rumor decía que Algard estaba constantemente pasando el tiempo con esa chica Cyan, mientras Euphyllia había sido vista advirtiéndole que se cuide muchas veces. El tema se había vuelto sujeto de chismes intensos en la nobleza. La Academia Aristocrática por su propia naturaleza era cerrada, por lo que la información dentro de sus muros raramente alcanzaba el mundo exterior. El hecho de que estos rumores se habían filtrado a pesar de todo significaba que Algard debía estar montando un escándalo considerable. Mi estómago dolió de solo pensarlo. “…Lo siento, Grantz. Fue la familia real la que insistió en ese compromiso en primer lugar…” “Es el deber de Euphyllia asegurarse que no pierde el corazón de su prometido. Tienes bastante razón que Algard necesita aprender a moderarse, pero esto puede servir como un llamado de atención para ambos.” La brusquedad de Grantz no significaba que no la amara y que solo le era leal a sus deberes oficiales. De hecho, su mismo afecto por su hija era el motivo por el que le dió una educación estricta, para que ella tuviera la fuerza para servir como la próxima reina. De frente, el Reino de Palettia era el paragón de la paz. Sin embargo, hubo muchos problemas enterrados bajo la superficie. Años atrás, cuando empecé a pensar en el futuro, me encontré inquieto sobre si Algard podía ayudar al país por su cuenta, y entonces insistí que tomara a Euphyllia, cuyos talentos yo había conocido desde que era niña, como su prometido. No obstante, no podía evitar ver una falta de amor entre ellos. Ninguno parecía tener ningún sentimiento por el otro para nada más allá de su deber, aunque eso no era particularmente inusual para un compromiso entre dos casas nobles. Pero este rumor había empezado a circular en un momento donde yo estaba especialmente preocupado. No podía evitar preocuparme. “Pero Euphyllia dijo que se encargaría de todo, ¿si?” “Así es, y aún así… estoy plenamente consciente de que la familia real quiere que este matrimonio sea un éxito, pero si todo el peso es puesto en mi hija, no tendremos más opción que cancelar el compromiso.” No era sencillo estar de acuerdo con eso, pero lo que Grantz dijo era cierto. Si eso era lo que Euphyllia quería, no tendríamos más opción que considerar terminar los planes de casamiento. Después de todo, era la familia real, no ella, los que empezamos, así que éramos nosotros los que teníamos que limpiar cualquier desastre que causaran ellos. Es por eso que fui hasta el extremo de preguntarle a Euphyllia sobre si quería o no romper el compromiso. Pero ella me pidió que lo dejara todo en sus manos. Al final, había presumido su generosidad, ¿pero realmente había sido capaz de encontrar una solución…? Fui impactado por una punzada aguda de ansiedad, justo cuando llegó un súbito y vigoroso golpe en la puerta. “¡Su Majestad! ¡Noticias urgentes!” “¿Qué podría ser a esta hora…? ¡¿Qué pasó ahora?!” “¡La Princesa Anisphia ha visitado el palacio real usando un dispositivo mágico! ¡Solicita una audiencia con usted, Su Majestad!” “¡¿Qué hizo ahora esta chica descabellada?!” me encontré exclamando con una voz rasposa. ¡¿Por qué no se podía comportar por una vez…?! “Y también…” “¡¿Y también qué?! ¡Deja de perder el tiempo y dilo!” “¡Disculpas! La Princesa Anisphia quiere verlo, pero está acompañada por Lady Euphyllia Magenta… ¡Y creemos que Su Alteza pudo haberla secuestrado!” Mis ojos se abrieron en alerta por este reporte, y mi visión se oscureció brevemente. Sacudí mi cabeza, tratando de recuperar mi compostura, pero no pude suprimir la indignación acumulándose dentro de mí. “¡…Muy bien entonces, ¿a qué esperas?! ¡Tráela a mí! ¡Ahora!” Traductor: Atala Pastruca Proofreader: Melinoe INVICTUS