La Villana divorciada hornea pasteles

Capítulo 1

La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 01 Erin de Briscia era una reconocida villana. Nunca asesinó o atormentó intencionalmente a alguien. Ni siquiera había hecho algo particularmente malvado, tampoco había acosado a la amante de su esposo por celos, o era extravagante y arrogante como todas las villanas. De hecho se podría decir que Erin era lo opuesto a extravagante, pues vestía todo el año un sencillo vestido carente de adornos. Como una duquesa, ella era una mujer de alto rango jerárquico en el palacio imperial, pero nunca tuvo la oportunidad para actuar o usar su dinero al modo que se le plazca. Ella retuvo todos sus deseos, procurando siempre esforzarse por ser una frugal, gentil y humilde esposa. De esa manera ella no sería foco de muchas críticas. Así fue como ella vivió durante nueve años. Pero el único resultado que obtuvo fue el estigma de ser conocida como una villana. Se atrevió a tomar el puesto de duquesa y convertirse en la más grande mujer en el imperio, incluso si era la hija de una caída familia noble. Ella se atrevió a inquietar a la pobre señorita que el duque amaba. Era una escandalosa muchacha que descaradamente cometía adulterio mientras portaba la máscara de esposa digna. Esa era la opinión mayoritaria entre los nobles imperiales con respecto a Erin. Y ahora su esposo, el Duque de Lievensberg, estaba de acuerdo. “Me divorciaré de ti.” El Duque arrojó los papeles con desprecio. La reseca hoja de papel aterrizó sobre la mesa. Eran los papeles para el divorcio. Erin miró a Raymond, su esposo. Lo primero que sus ojos avistaron fue la argentada cabellera, la cual lucía como si hubiese sido tejida con hilos de plata. Debajo del cabello, los afilados y delicados rasgos únicos para la familia imperial fueron bien cuidados como hermosos también. Sus bellos ojos, de una tonalidad gris azulado. Una nariz esculpida, junto a una quijada bien definida. Labios que parecían esbozar una sofisticada sonrisa. Él era impecablemente guapo. Vistiendo un suntuoso uniforme militar azul marino, él exudaba una gracia y dignidad natural. Mas aquellos ojos se enfocaron en Erin con ira feroz y disgusto. Erin leyó pocas palabras, resumiendo los nueve años de matrimonio en una simple hoja de papel. [ …Asimismo, el matrimonio entre Raymond von Lievensberg y Erin de Briscia está anulado consensualmente. De ahora en adelante, los dos vivirán como…] Fue su nombre lo que su ojo atisbó entre tantas palabras. Erin De Briscia. Era su nombre de soltera, el cual no había usado desde su casamiento. Erin era la única hija del Marqués de Briscia. Nombre que provenía de una antigua y prestigiosa familia, pero que ahora, después de dos generaciones de lujos y derroches, la había dejado con nada. Todo lo que ella tenía eran deudas. La única propiedad que su padre heredó era una mansión, pero era incapaz de venderla ya que poseía deudas con garantía. Ella era una joven señorita, pero Erin tuvo que vivir con esmero cada día en una mansión carente de sirvientes, lo cual la catalogó como alguien que no era mejor que un plebeyo adinerado. Fue puramente gracias a su abuelo, el cual nunca había visto antes, que Erin se convirtió en Duquesa. En el instante que ella alcanzó la madurez, un sirviente vino al palacio y expresó. “Su majestad desea que la señorita Briscia se vuelva la esposa del Duque de Lievensberg.” Resultó ser una historia tan increíble que se preguntó si había escuchado mal. El Duque de Lievensberg era el hijo de un fallecido príncipe, el primer nieto del emperador actual, y heredero del estado más poderoso. El joven Duque era reconocido por su inteligencia y competencia. Su habilidad con la espada excelente, y su apariencia impecable. Era un hombre guapo, como si hubiese salido de una pintura. Fue pura suerte. Increíble y pura suerte. “¿Por qué su Majestad enviaría a nuestra niña a…?” El sirviente explicó las razones de dicha propuesta. “Su Majestad tenía los ojos puestos en la Señorita Erin en el aniversario de su última victoria, y dijo que ella daba una impresión muy favorable.” Todos los nobles asistieron al banquete durante el Aniversario de la Última Victoria. La pobreza de Erin le privaba el socializar con recurrencia como lo haría cualquier otro niño noble. Aquel día resultó ser uno de esos donde, por una rara ocasión, fue capaz de asistir a una reunión social de nobles. También concluyó con ser la primera vez que Erin conoció al Emperador como una Joven Marquesa. “Cuando el Emperador oyó de las desafortunadas circunstancias que padecía el Marqués, sintió profunda tristeza. También rememoró la lealtad mostrada por el Viejo Marqués.” El “Viejo Marqués” al que se refería el sirviente era el abuelo de Erin. Una persona que terminó siendo un confidente confiable para el actual emperador. Pero luego de su defunción, su tío y primos, quienes le sucedieron consecuentemente como marqués, malgastaron la fortuna familiar y murieron endeudados. Después de ello, el padre de Erin, el cual era un segundo hijo, se hizo cargo tanto de la familia como de los problemas. El sirviente agregó, como si estuviera diciendo un secreto, “Y…La verdad es que, no hay Señoritas merecedoras en el Imperio por el momento para hacerse del título de Duquesa. No hay Jóvenes Señoritas de la edad correcta, y todas las demás poseen títulos nobiliarios menores.” Sus padres estaban ahogándose en deudas, dejándolos incapacitados para asistir a las reuniones sociales de la nobleza. Naturalmente, los tres integrantes de la familia Briscia eran totalmente ignorantes de los rumores actuales que circulaban entre la alta alcurnia. Por lo que ella, como era de esperarse, creyó todo lo que el sirviente del Palacio le dijo. El cual terminó endulzando la propuesta sin que ellos lo esperasen. “En caso de que usted acepte este ofrecimiento. Su Majestad se ofreció a ayudar financieramente al Marqués.” Su padre entró en conflicto, mas Erin no tuvo aquel problema. “Sí, me casaré con él.” Sus padres le cuestionaron repetidamente con un semblante intranquilo. “¿Estás segura de que no te arrepentirás?” “Sí, no lo haré.” Este matrimonio fortalecería su familia, además de hacer su vida y la de sus padres más confortable. Ella creyó que de ninguna manera se arrepentiría. A partir de allí, ella ingresó al palacio imperial y estudió diligentemente cómo ser la futura emperatriz. Cuando no estaba estudiando, entrenaba danza y etiqueta al punto de punto ampollas en los pies. Podría catalogarse como un proceso brutal, pero Erin se impuso ante las dificultades y trabajó hasta el cansancio. El esfuerzo no fue en vano. El día en que ella ingresó a los jardines del palacio, portando en un suntuoso vestido provisto por el palacio, caminó con sumo cuidado, temerosa de dañar los costosos arreglos con el menor roce existente. El duque de cabello platinado tomó la mano de Erin con el fin de besar el dorso educadamente. “Estoy honrado de tener una bella y elegante dama como mi esposa.” Erin estaba gratamente encantada. El Duque era incluso más dulce y amable de lo que se había imaginado alguna vez. Él gentilmente preguntó sobre su familia y rápido entabló una conversación. Después de algunos encuentros, Erin no pudo evitar enamorarse de su prometido. “Creo que podría vivir feliz hasta el último de mis días con alguien como él.” La gente clamaba que era símil a ver una historia de hadas. Una historia con el típico final feliz donde una muchacha proveniente de una desvalida familia trabajaba duro para sobreponerse a las dificultades y terminaba casada con un príncipe. Erin se sentía de dicha manera. ‘Pero la realidad no es un cuento de hadas.’ La felicidad soñada acabó el mismo día del casamiento. El día donde ella caminó hasta el altar con grandes esperanzas y sueños. El amable y afectuoso Duque cambió su personalidad tan rápido como entró a la habitación matrimonial. “Como debes saber, este casamiento fue solo un formalismo. No tengo intención de pasar mi tiempo contigo como marido y mujer.” En la primera noche de la luna de miel, el Duque, su nuevo esposo, dijo eso con una voz tan fría que podría haber congelado un lago, para luego retirarse. Dejando a una catatónica Erin recostada en la cama. No fue hasta después de que contrajeron los votos que Erin supo la verdad. Su esposo, el Duque, tenía una amante proveniente de una nobleza menor y que mantenía oculta desde que era un adolescente. Los rumores desperdigados entre los nobles de alta alcurnia decían que el Duque le había prometido convertirla en su emperatriz. El Emperador, quien se mostraba preocupado por el rumor, tomó a Erin de una prestigiosa familia de Marqueses que estaban al borde de la bancarrota, y forzó al Duque a casarse con ella. Mas para el instante en que ella se percató de todo, ya era la duquesa y estaba sola en una habitación matrimonial. “……” Después de rememorar viejas vivencias, Erin depositó los papeles en la mesa y alzó la vista. Frente a ella estaba Raymond, quien no había cambiado demasiado desde aquella noche. Él continuaba observándola con su gélida e imperturbable mirada. Raymond suspiró incrédulo. “Ha. Pensaba que eras una silenciosa y sensible mujer cuando nos casamos.” “……” Erin parpadeó sin replicarle. ‘¿Acaso puede él imaginarse los esfuerzos que he hecho para ser una decente y sensible esposa?’ Nueve años siendo una duquesa al lado de un frío e indiferente esposo, y todo lo que obtuvo a cambio fue desdén y apatía. Sin contar la acusación de un amorío con un amigo de la infancia. El hombre que nunca escuchó ninguna de sus súplicas de inocencia en los meses pasados, despeinó su cabellera con molestia. “Este es mi límite de tolerancia con respecto a nuestro matrimonio. No importa cuánto le llores al Emperador, no puedo soportarlo más.” “Sí. Puedo notarlo. ¿Firmo aquí?” “Aún si pretendes dar lástima como la última vez, en esta ocasión yo no…¿Qué?” El Duque se detuvo ante las inesperadas palabras. Dejando de lado su reacción, Erin tomó despreocupada la pluma y trazó su nombre en el papel. Erin von Lievensberg. Este sería el último día en que firmaría con dicho nombre. La idea cruzó fugazmente por su mente mientras sujetaba la pluma. Solía pensar que el mundo se vendría abajo si perdía ese nombre. ‘Debido a que era todo lo que tenía.’ Ella pensó que esa posición era lo único que tenía en su vida, por lo tanto debía aferrarse a ello, sin importar qué. Pero al trazar la última letra y soltar la pluma, ella solo tuvo una sensación de renovado relax. Erin sacudió los papeles de divorcio con una expresión despreocupada. “He firmado, ¿puedo retirarme?” “……” “Por cierto, si vas a casarte con tu amante, tendrás que renovar el palacio pues dijiste que era mío y podía hacer lo que deseara con este, así que vendí todo lo que tenía al alcance.” “¿Vendiste todo…?” El Duque interpeló incrédulo. “Sí. Me percaté que al momento de mi partida, ella arrojaría todos los muebles y demás cosas, por lo que me adelanté y vendí todo esta mañana.” Era un pecado grave el vender propiedad imperial sin permiso, pero esa era una historia diferente. En el día de nuestra boda. Para ser precisos, la primera noche, el duque declaró exactamente eso frente a ella. “No me importa lo que suceda aquí, haz lo que quieras.” Y a él realmente no le importó. Nunca regresó a la habitación de Erin después de eso. Erin administró el palacio y las tareas hogareñas por su cuenta. Escatimó para ahorrar cada céntimo. Temía que los demás pudiesen acusarla de ser demasiado extravagante. Trabajó duro y no recibió paga por ello. Debido a esto, vendió todo lo que usó y ahorró el dinero. Era suyo después de todo. El Duque lucía perplejo, pero Erin estaba orgullosa. “¿Por qué te sorprendes? Tú me dijiste que hiciera lo que anhelara, y yo acaté al pie de la letra esa orden.” Erin le comentó al Duque, quien se paralizó y la vio con sorpresa. “Ya veo. Desde que fue un acuerdo entre ambos, no será necesario hablar sobre una pensión alimenticia, pero me regresarás mi dote, ¿cierto?” “¿…Qué harás con tan poco dinero?” Era la primera vez que su esposo, el cual no se había preocupado por ella durante los nueve años anteriores, le hizo una pregunta. ‘Una pequeña cantidad de dinero.’ Era todo lo que Erin poseía, y era el último fondo de la Casa Briscia. Sobre la mesa descansaban unos pequeños panecillos con crema de queso y unas tartas de arándanos, los cuales fueron servidos como una mera formalidad. Emitían un dulce aroma gracias a la crema y la reluciente fruta. Erin no había descubierto los postres pequeños hasta tarde. Nívea crema batida que parecía derretirse tras el primer bocado. Tartas que se desmoronaban, liberando fragancias amalgamadas del néctar y la crema de queso. Ella se cuestionó cómo no lo había notado antes. No podía quitar los ojos del plato de postres. Ese era el sueño más ansiado por Erin. Un viejo sueño que sepultó en lo profundo del corazón luego de pasar nueve años de futilidad junto a su esposo. Ella había perdido todo, pero aún me quedaba algo. Erin esbozó una confiada sonrisa por primera vez en nueve años. “Abriré un café de postres.” Ahora era tiempo de hacer ese sueño realidad. Traductor: Hitsuzen278 Scan: Hada Scan Unete a nuestro Discord https://discord.gg/KxpTXwmPGA