
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 11
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 12 Sucedió durante el día en que un banquete se llevaba a cabo en el centro del palacio. Para Erin, aquellos eventos significaban únicamente días y semanas de sufrimiento. La gente amaba dichos sucesos, pero ella, quien estaba a cargo del palacio, tenía que preparar y organizar todo con días de anticipación. Ni siquiera había tenido un momento de descanso desde esa mañana, lo que le provocó una migraña que empeoraba con el pasar de las horas. A medida que el tiempo para la celebración del banquete se aproximaba, Erin optó por caminar en los jardines del palacio con el propósito de despejar su cabeza. Estaba descansando al pie de una glorieta, escasamente poblada con vista al lago, cuando oyó un repentino grito. Volteando, ella consiguió ver cómo Einz se aproximaba hasta su posición. Quiso sacudir la mano izquierda en un ademán de saludo, pero apenas si pudo dejar salir un sonido de su boca. Pues a medida que el caballero se acercaba, un repentino colapso lo dejó apilado en el suelo. ‘¡Einz!’ Erin exclamó en simultáneo que corría a su lado, descubriendo que durante su desmayo sudaba profusamente, lo que la obligó a ponerlo de pie con dificultad. Provocando que su falda se ensuciase, mas eso no le importaba de momento. ‘¿Einz? ¡Einz, despierta!’ No obstante, él se negaba a obedecerla. Fue momentos luego que Erin percibió el asqueroso olor de la sangre en su cuerpo, revelándole que algo malo había ocurrido. Tras una minuciosa inspección, ella halló que el sangrado provenía del hombro derecho. Obligándola a correr la parte superior de la vestimenta masculina con el fin de exponer la zona herida. ‘Esto es…’ En dicho lugar había un corte tan profundo que podía verse incluso el hueso. Lucía como una herida ordinaria, pero no lo era. La lesión estaba rodeada por unos ennegrecidos vasos sanguíneos que se marcaban en la piel cuales raíces de árboles mientras una azabache supuración emergía desde la laceración. Erin sabía qué era. Era imposible no reconocerlo. ‘Veneno demoníaco.’ Era una toxina que poseían las criaturas con energía malvada. Si no le se trataba con rapidez, sería capaz de consumir el cuerpo entero de una persona hasta matarla. ‘Einz…’ ‘Había notado que algo malo ocurría con él debido a su complexión física, pero siempre asumí que era debido al cansancio. No sabía que Einz estaba escondiendo este secreto.’ La herida emitía un pestilente olor. Era un húmedo, oscuro y frío aroma que parecía ascender desde las profundidades de la tierra. Era el aroma de la muerte. La fémina podía discernir por el mero olor que se trataba indefectiblemente de veneno demoníaco. Era sabido que si uno resultaba envenenado por un demonio, sería puesto en cuarentena inmediata. Como así también serían trasladados hasta el templo para ser purificados. Aquellos infectados terminaban en cuarentena, prácticamente reclusos, y luego quemados hasta la muerte. La toxina no era contagiosa en sí, pues con tiempo y tratamiento meticuloso era posible recuperarse. Sin embargo existían momentos en que una persona infectada perecía y una nueva criatura se alzaba de su cadáver. Debido a ello, el templo prevenía tal suceso buscando y destruyendo a los infectados, cualquiera sea la razón. Era cruel, pero también un mandato imperial. Ella comprendía por qué Einz había ocultado su estado, mas tampoco anhelaba que terminase de dicha forma por sus actos. ‘Si te quedas aquí, te descubrirán.’ El palacio estaba repleto de gente debido al banquete. Y aunque ambos estuviesen en un lugar medianamente desértico, los ojos de Erin conseguían captar a algunos nobles merodeando a la distancia. ‘¿Qué puedo hacer? ¿Qué debería hacer…?’ La situación estaba constituida por una amalgama de terror y vergüenza. Todo mientras Einz persistía con sus espasmos y tenía sudores fríos. Sin tiempo para pensar detenidamente, la mujer de argentados cabellos arrastró el cuerpo del caballero a través de los arbustos, utilizando las verdes hojas como blindaje. Humedeciendo su pañuelo con el agua del lago aledaño, Erin se dispuso a limpiar el rostro de su afectado amigo. Ella podría haberlo abandonado tranquilamente, pero no lo hizo. En su lugar, permaneció a su lado y lo protegió hasta el final. Después de un tiempo, Einz despertó. ‘¿Erin…?’ ‘¿Einz? ¿Has despertado?’ El hombre abrió lentamente los ojos, para luego paralizarse al ver que su hombro estaba al descubierto. Sin embargo el tono conciliador de Erin se hizo escuchar. ‘Todo está bien, Einz.’ ‘Lo siento…Estaba mejorando, y luego yo…’ Einz luchó para sentarse, cubriéndose la zona descubierta con su ropa. Estaba tan preocupado que él no le había dicho antes a Erin sobre sus problemas, solo para que al final fuese contraproducente. Instantes previos a que la fémina le asegurara que no debía martirizarse por ella, fue sorprendida por el repentino sonido de pasos. El golpeteo de los caballos al trote, proviniendo del camino que se hallaba más allá del campo de flores. Sin advertencia alguna, los arbustos que les cubrían fueron hechos a un lado para permitir que numerosas personas aparecieran. ‘¿Su Alteza? Oh, por…’ Serena, junto a sus criadas, observaron con sorpresa al dúo. Y no tomó mucho tiempo para que los rumores maliciosos se esparcieran. {A la medianoche en los jardines del Palacio, un hombre y una mujer fueron atrapados ocultos entre los arbustos. Dicha personas se trataban de la duquesa, quien fue ignorada por su esposo, y un guapo capitán de los caballeros. Se rumorea que eran amigos cercanos desde la infancia.} Era el escenario perfecto para fabricar una habladuría malintencionada. En menos de una semana, no había nadie en el palacio que no supiese sobre lo sucedido. Los rumores se volvieron mucho más coloridos y complejos, al punto en que incluso mencionaban cómo Erin y Einz se habían quitado sus prendas con el fin de abrazarse. ‘¿Puede explicarme lo que ocurrió?’ Eventualmente, una semana después del incidente, el Emperador convocó a la duquesa para interrogarla. ‘……’ Sin embargo, Erin no podía responder. No podía decir, ‘Einz se desmayó repentinamente y estuve cuidando de él’. Si se tratase de una situación normal, ella habría llamado a un sirviente para que llevase de regreso al palacio a la afligida figura del caballero, y no esconderlo entre los arbustos como ella lo hizo. ‘No hice nada que no fuese…honorable.’ Aquello fue todo lo que ella pudo expresar. Sin más adiciones, el emperador envió una orden para que Einz marchara a los campos de batalla en el sur, donde poco tiempo después él mismo viajó. Y al cabo de unas semanas, Raymond, quien había estado en la zona austral del territorio, regresó a la capital. Donde tan pronto como supo sobre los rumores, exigió el divorcio. ‘Pensándolo bien, esto definitivamente es raro.’ ‘¿Fue una coincidencia que Einz padeciera una convulsión en ese preciso momento, y que Serena junto a las criadas estuviesen allí también?’ ‘Absolutamente no.’ Einz no recordaba cómo terminó allí. Solo había aceptado una bebida por mera formalidad, después de eso no tenía conocimiento de lo ocurrido posteriormente. “Debí haberles dicho la verdad en aquel entonces.” El tono miserable que acarreaba aquella voz hizo que Erin voltease y vea cómo Einz la miraba con una expresión afligida. Sus violáceas orbes reflejaban una clara culpa entrelazada con dolor. “Debí quedarme aquí y decirles la verdad en lugar de viajar al sur. De esa manera no habrías sufrido como ahora.” Había sido la dama de cabellos argentados quien le pidió al caballero no decir nada. ‘Está bien.’ Ella dijo, ‘Solo ve al sur como lo ordenó el Emperador.’ ‘Confía en mí. Me haré cargo de lo que suceda aquí.’ En esa época, Erin no podía imaginarse las consecuencias pues el emperador había elegido mantener los problemas en silencio ya que creía en la inocencia de ella. Pues algo común entre los nobles eran los amoríos. Como el caso de Raymond, quien actualmente convive junto a Serena en su palacio, incluso cuando Erin estaba en la habitación contigua. Ella nunca se imaginó que el duque usaría aquel rumor como excusa para pedirle el divorcio. ‘Solo buscaba una oportunidad para echarme.’ No obstante, con sus padres muertos, ella ya no debía seguir con aquella relación por más tiempo. Erin en verdad estaba tranquila con la resolución de ese suceso, pero no podía decirse lo mismo de Einz. “Les diré la verdad. Iré ante el Duque y explicaré lo que ocurrió en realidad, les diré que tú te viste comprometida porque intentabas ayudarme. Que todos los rumores son solo malentendidos…” Erin le dedicó una mirada calma. “No. Tú no tienes que hacer eso.” Era una trampa a simple vista. Y no estaba dirigida a Einz, el objetivo claramente era ella. Erin no podía permitir que su amigo fuese una víctima también por su culpa. Lo mejor era proceder con el divorcio. ‘Siendo sincera, me siento mucho mejor ahora que estoy divorciada. Incluso si Raymond me ruega para que regrese, nunca lo haré.’ Ningún interés tenía la fémina en cuestión si la verdad surgía o no. Aunque aún había algo que le molestaba. ‘¿Acaso el hombre que planeó todo sabía del padecimiento de Einz?’ ‘¿Sabía que él estaba infectado con veneno demoníaco y usó una droga para amplificar sus efectos?’ ‘¿O acaso solo hizo que los dos estuviesen juntos para comenzar un rumor? Darle a Einz alguna clase de elixir y enviarlo solo a donde Erin estaba, para luego esperar a que el veneno reaccionara con violencia.’ Para ser honestos, era imposible discernir la verdad a este punto. Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas