La Villana divorciada hornea pasteles

Capítulo 13

La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 14 La mansión del Conde Flynn, donde un baile estaba llevándose a cabo, estaba tan iluminada como si aún fuese de día allí dentro. Incluso cuando ya era medianoche en el exterior. Las luces brillaban en cada rincón y ventana del establecimiento. Exudaba de actividad pues se estaban llevando a cabo los preparativos para la recepción de numerosos invitados. En la entrada principal, una interminable procesión de carrozas buscaban ingresar a la fiesta. Serena bajó de su transporte y lentamente se hizo camino hasta el interior de la mansión. Los nobles con rapidez se inclinaron al verla, demostrándole respeto. “Bienvenida, Lady Serena.” Tan pronto como ingresó, la Condesa se apresuró en saludarla. “Es un gran honor para nuestra familia el tenerla presente, Lady Serena.” “Muchas gracias por la invitación, Condesa. Su Alteza el Duque actualmente se halla atiborrado de trabajo, por lo que me temo que…” La amante de Raymond esbozó una dulce mueca antes de disculparse por la ausencia del varón. Afortunadamente, la Condesa parecía no encontrar raro que el Duque no estuviera presente. De hecho, ella solo intentaba ser amable con Serena. “Serena, querida, por favor venga conmigo. Todos aguardan por usted.” La dueña del establecimiento asió educadamente la mano derecha de la fémina en cuestión, guiándola hasta el cuarto de huéspedes. Lugar donde estaban actualmente todos los invitados hasta que el baile iniciase. Tan pronto como Serena tomó asiento, las señoritas la rodearon con rapidez. “Señorita Serena, luce absolutamente despampanante esta noche. El título de la mujer más bella del Imperio lo tiene bien merecido.” “Me halaga oír eso.” La pareja actual del Duque elevó las comisuras de los labios, aceptando las alabanzas de quienes le circundaban. De repente, una cercana mujer noble volteó para ver la puerta frontal antes de abrir la boca. “Dios mío, el Archiduque está aquí.” Ante la vocalización de tales palabras, el conglomerado de mujeres giró sus cabezas al unísono. En la puerta frontal del salón donde se realizaba el banquete, las miradas femeninas hallaron a un guapo hombre de cabellera oscura, vestido inmaculadamente en elegantes ropas. ‘Era Calix.’ Perplejidad se plasmó a través de los ojos de Serena. Aquel hombre sentía disgusto por ella desde hace mucho tiempo. Ella intentó acercarse a él con el fin de ganar su confianza como el único hermano de Raymond, incluso cuando ni siquiera compartían algún lazo sanguíneo. Pero desde el mero momento en que se conocieron, Calix nunca estuvo a gusto con ella. El Archiduque había sido así con ella desde sus 15 años de edad, y pese a los tentativas de orquestar pequeñas pláticas, él siempre la trató como si fuese invisible. No era como si el pelinegro buscase insultarla o burlarse directamente, pero para Serena se sentía peor que cualquier otro agravio en su vida. Aun así, Serena se puso de pie mientras sonreía. No anhelaba ser ignorada por el Archiduque frente a tantos nobles. “Ahora, si me disculpan, necesito ver a mi padre adoptivo.” La abrupta partida de la amante de Raymond no provocó reacción alguna entre los nombres reunidos, pues se imaginaban las razones que tuvo. La mayoría de las miradas se dirigieron directamente a Calix. Dicha persona, el Archiduque de Royten, era una celebridad en la capital por diversos motivos. Antes que nada, él era el tercer miembro de mayor rango en la familia imperial, el segundo hombre más rico de todo el territorio, y una persona sensacionalmente guapa. “Has estado lejos durante mucho tiempo.” Alguien musitó en un susurro, generando consecuentemente que el Archiduque voltease su cabeza en dicha dirección. Tal acción hizo que sus ojos azul profundo, cual zafiros, viesen a una mujer de pie a un lado. Para luego regresar los ojos al frente. Fue solo un instante, pero cada una de las señoritas que consiguieron avistar tales orbes tuvieron que agitar presurosamente sus abanicos para disminuir el calor en sus rostros. Como así también aprovecharon para cubrirse los labios e iniciar una simultánea tertulia. “Qué hombre más bello.” “Luce como su madre.” Su madre, Tierra, había sido nombrada como una de las mujeres más hermosas de la capital. Era la única hija del Archiduque de Royten y la heredera del ducado. Sin embargo, las mujeres no tenían permitido suceder en la nobleza, por lo que el padre de Calix contrajo nupcias con Tierra y se hizo cargo del título nobiliario. Calix era el único hijo de aquel matrimonio. Su madre había fallecido cuando él era joven, mientras que su padre, el Archiduque, había perecido al intentar salvar a su amigo, el Príncipe de la Corona. “¿Pero no crees que su alteza es más guapo?” Todas asintieron al unísono como respuesta. Calix era poseedor de llamativos rasgos, un cabello azabache que bajo el sol parecía brillar con obscuros tonos cerúleos. Bajando un poco la vista, podía avistarse una cincelada nariz, una perfectamente esculpida frente, y unos vívidos ojos azules. Mientras que las orbes azul grisáceas de Raymond estaban cargadas con soberbia majestuosidad, las pupilas absolutamente azules de Calix eran como una eterna invitación para atestiguar cómo sería el mar. Él era una amalgama perfecta compuesta por la belleza de un adulto joven y un adolescente, lo cual solo adicionaba más a su encanto natural. Algunas personas lo hallaban incluso más atractivo a su hermano mayor, Raymond. “Por cierto, ¿has oído el rumor?” Una mujer noble musitó entre tanto continuaba cubriéndose con su abanico. “Se dice que la duquesa destronada está intentando abrir una tienda en el lado este de la capital.” “Sí. ¿Qué era lo que decían…? ¿Que ella quería abrir una cafetería que vendiese pasteles?” “Así es. Dicen que ya tiene una propiedad en aquel lugar.” Había transcurrido solo un mes desde el escándalo que generó el divorcio en el matrimonio ducal, y ahora se rumoreaba que la marginada Duquesa buscaba establecer una cafetería en la zona oriental del territorio imperial. No tenía tanto impacto como el divorcio, pero seguía siendo raro. ‘¿Por qué una noble exiliada querría abrir un negocio en un lugar así?’ Todos se preguntaban lo mismo, pero nadie sabía bien la respuesta. En el este, específicamente la Calle Viltrout, se hacinaban los plebeyos de clase media baja. Ergo, los nobles evitaban transitar dicha zona. Lo que, en resumen, concluyó que ninguno de la alta alcurnia viese la tienda en cuestión con sus propios ojos. “¿Por qué ella iría hasta ese lugar olvidado de Dios?” Alguien vocalizó audiblemente tal interrogante. Los nobles de alto rango vivían únicamente en la periferia del palacio imperial, poseyendo mansiones alineadas entre sí. Otros, elegían vivir en la zona exclusiva que ofrecía el lado oeste de la capital. Todos ellos rara vez se aventuraban más allá de los límites de confort, pues las otras partes de la capital estaban habitadas por plebeyos que eran considerados indignos ante sus ojos. Para los nobles, la apertura de una cafetería era algo cotidiano en donde vivían. Uno de los presentes en la sala se cubrió la boca antes de murmurar elocuentemente. “¿No piensan ustedes que ella está aprovechando este exilio para escapar del ojo público y reunirse con el Caballero Levnin y…?” “Oh, sí, ellos eran amantes. Quizás ella optó ese lugar remoto para vivir juntos ahora.” “Bueno, ninguno de nosotros los verá en ese lugar, por lo que es perfecto para convivir con su amante en secreto.” Las damas, bajo la creencia de haber hallado la respuesta correcta, continuaron con sus chismes. “Tal vez es por eso que ella mencionaba a todo momento su deseo de abrir una cafetería. Solo así ella tendría una excusa para encontrarse con aquel guapo Capitán de los Caballeros.” Era un rumor sin sentido, pero indefectiblemente les provocaba diversión el acrecentarlo. Quizás no importaba si carecía de coherencia. Sin embargo, no existía algo que entretuviera a los nobles, indistinto de la edad que poseyeran, más que las historias de infidelidad en los altos círculos de la sociedad. Aun así, una juguetona voz interrumpió al numeroso grupo. “Discúlpeme, señorita. ¿A qué se refiere con amantes?” La aludida giró presurosa, solo para sorprenderse cuando se topó con el rostro de Calix. “¡Dios mío, Su Alteza!” Ante la repentina aparición del hombre, las damas sentadas prácticamente saltaron con el propósito de pararse. El Archiduque, por su lado, esbozó una inocente mueca antes de pedir perdón. “Le ruego que le disculpe, y también espero que perdone el haberme inmiscuido en su plática, pero creo haber escuchado algo interesante que no podía dejar pasar.” Incluso si la fémina lucía totalmente apopléjica con la presencia del hombre frente a ella, la noble mujer cerró su abanico antes de responder con gracia. “No se preocupe, usted no tiene que ser perdonado por nada.” “Muchas gracias, mi señora.” Las mujeres ocultaron sus sonrisas tras los abanicos, mas una no pudo evitar soltar un sonoro suspiro. “Que…bello es usted de cerca.” Alguien balbuceó, valiéndole el asentimiento de muchas. “Entonces, ¿es cierto el rumor de la Duquesa?” “¿Qué? Oh, eso…” Las damas dudaron, intercambiando fugaces cruces de miradas en simultáneo que la vergüenza crecía entre ellas cual sombre crepitante en medio de la noche. Era inevitable. Después de todo, los rumores que involucraban a Erin eran un tema que el propio Emperador había vetado. Calix, a sabiendas de ello, volvió a gesticular aquella mueca inocente que antes había mostrado. “Solo tengo curiosidad, pues mucho ha sucedido durante mi ausencia en la capital.” “Sí, pero eso se debió porque Su Majestad…” “Qué importa eso, esto no es el palacio imperial. Mi abuelo dijo que castigaría a cualquiera que desperdigue aquel rumor dentro del palacio.” Las nobles damas parecieron comprender el significado de tales palabras. Ergo, sin importar lo que ocurriese, el Emperador perdonaría a Calix. El abuelo condonaría a su guapo nieto, cualquiera sea su error. Bajo ese juicio, todas las presentes se sintieron aliviadas, principalmente la mujer que había hablado en un inicio. La Marquesa de Elston, una de las mujeres con mayor rango entre las presentes, inmediatamente dio un paso al frente. Acto seguido, procedió a explicarle toda la situación con un semblante significativo. “Bueno, la Duquesa…No, la antigua Duquesa fue hallada abrazándose con un Capitán de los Caballeros llamado Einz en un discreto lugar en el jardín, ocultado entre los arbustos y…” El tono empleado fue ligeramente acusatorio, pero incluso así, la Marquesa no podía suprimir su diversión. Ella continuó con la explicación, describiendo el escenario con gran detalle, desde la ropa que usaban hasta cómo estaban en los brazos del otro. Calix, quien había escuchado todo con una ladina mueca en el rostro, soltó una risilla. “Ya veo. ¿Y usted atestiguó todo ello con sus propios ojos?” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas