La Villana divorciada hornea pasteles

Capítulo 14

La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 15 “¿Sí? No. Fue la Vizcondesa Melvin quien me contó lo sucedido.” “¿Y la vizcondesa estuvo presente ese día?” “No, no estuve allí. Pero el Conde Linel le dijo al Vizconde sobre ello…” “¿El Conde Linel vio toda esa escena?” “Ah, ¿No? Bueno, a él se lo dijo su sirvienta.” “Entonces ella debe de ser una de las personas presentes en dicha escena. ¿Cuál era su nombre?” “Bueno, era…” Después de varias rondas interrogativas con sus respectivas respuestas, una incómoda Marquesa se mordió el labio inferior. El resto de las féminas, conscientes del ambiente, palidecieron antes de guardar silencio. Calix sonrió con satisfacción. “Así que una criada que no conocen le contó al conde, el cual se lo dijo al vizconde, quien a su vez lo habló con su esposa, y ella se lo notificó a la marquesa. Si todo fue de esa manera, ¿por qué lo contaba a todos como si hubiese estado allí presente?” El porte del Archiduque sonriendo plácidamente era demasiado hermoso. Sus ojos azules, más claros y profundos que un lago, se entornaron con sutileza para dar la sensación que incluso con ellos esbozaba una linda mueca. Sin embargo, todas y cada una de las damas nobles que apreciaron tal gesto comprendieron lo que en verdad significaba. “Su alteza, el Archiduque…por favor tenga piedad…” Ellas lo habían olvidado por culpa de aquel gesto grácil, pero Calix era el único Archiduque en todo el Imperio. En términos de jerarquía, él estaba un escalón más arriba que el propio Raymond. Sin contar que era descaradamente favorecido por el Emperador. “Si tú quieres vivir,” Calix advirtió con una leve nota de sarcasmo. “No digas sandeces en el futuro.” “Sí, sí. Tendré eso en mente.” El varón se retiró de la habitación, dejando atrás a numerosas mujeres sollozando en simultáneo que rogaban clemencia. Él sentía que había hecho algo estúpido, pero únicamente obró de dicha forma porque no ansiaba oír a gente que apenas conocía vilipendiar a Erin. ‘Es por eso que odio la capital.’ Él pensó, ‘Ellos dicen cosas que ni siquiera tienen sentido. ¿Qué amante?’ El palacio desborda con incontables sirvientes y criadas. También hay numerosos guardias y soldados circulando por los terrenos del establecimiento, sin contar que oficiales y nobles entraban constantemente día a día. Y por encima de todo, Erin vivía en el mismo lugar que el Emperador. Solo un desquiciado tendría una amorío en los jardines de un palacio imperial. Si ella realmente hubiese buscado una reunión secreta con su amante, habría elegido una recámara oculta en su propio palacio. Además, Erin era una persona absolutamente silenciosa y paciente. Nunca hubiese podido realizar tales actos. Calix se detuvo por un instante en el pasillo frente a una ventana que brindaba una vista a los jardines. “Su Alteza.” Bill, un subordinado, tras avistarlo corrió hasta su posición. “¿Qué ocurre?” El vasallo de inmediato replicó. “Hemos recibido noticias del sur. Dicen que Su Majestad el Emperador ya está en camino a la capital.” *** Luciendo un sencillo vestido de sólidos colores, Erin apreció lo inmaculadamente organizada que estaba su vacía tienda. Mesas y sillas ubicadas en sus respectivos lugares, con jarrones portadores de florecillas decorando el centro de cada mueble a usar. El exhibidor, colocado a un lado de la caja registradora, poseía bastantes pasteles y tartas hechas con anticipación. Había montañas de coloridos macarones, como así también pasteles decorados con manzanas en rodajas mientras el interior estaba relleno con duraznos y arándanos. Los pasteles de frambuesa culminaban su presentación con crema batida fresca, develando a simple vista su dulzor. Madalenas esponjosas, sobresaliendo de sus moldes debido a los hinchados que estaban. Con solo verlos, Erin tenía el presentimiento que cualquiera ansiaría poder saborearlos. Principalmente si los mostradores estaban repletos de ellos, cuidados meticulosamente con magia para evitar que se descompongan. La antigua duquesa estaba jubilosa en el preciso momento que halló el hechizo del mueble, pues gracias a este podía estar más tranquila ante la idea de tener postres listos para vender junto a la caja de pago. Originalmente ella planeaba poner en vitrina modelos de sus productos para cuando realizase la apertura del local, mas al estar tan ataviada con los preparativos dicha área continuaba vacía. Aunque no había problema, de hecho. Era algo bueno ver la reacción de los clientes para con los postres en exhibición. Dedicándoles un último vistazo a sus obras, la fémina de platinados cabellos volteó en dirección a Melly. “Entonces, ¿está todo listo?” “Sí, ya está todo preparado.” Melly esbozó una linda sonrisa antes de asentir con entusiasmo. Después de todo, el lugar parecía estar expectante para su inauguración. Las mesas estaban armadas, los postres en exposición, tanto el café como el té listos para ser servidos, y la caja registradora estaba perfectamente abastecida de dinero para cambiar. “Muy bien.” Dirigiéndose hacia la puerta que daba a la calle, Erin se dispuso a abrirla. Finalmente era el día de la apertura. El cielo estaba despejado en su totalidad. El cartel sobre la puerta relucía perfectamente, pues el nombre de la tienda estaba escrito en una hermosa cursiva. “Lemon Tree Café” *** Pese al hecho de que todavía no era verano, hacía bastante calor en las calles a plena luz del día. Fiona, quien era propietaria de una tienda de cosméticos en la ciudad, caminaba por la calle en simultáneo que abanicaba su rostro con ambas manos. Dicha fémina se dirigía a su hogar luego de haber pasado tiempo en la residencia de una amiga, ya que era un día de descanso. A medida que continuaba su andar entre las tranquilas calles residenciales, ella atisbó una peculiar tienda a un costado. Era un negocio con ventanales limpios y un letrero bastante nuevo, emanando un aspecto símil a una cafetería. ‘¿Siempre hubo aquí un lugar así?’ El vecindario estaba en una calma área selecta, por lo que no habían tantas tiendas. Ella nunca había visto una cafetería en la periferia antes, pues estas mismas solo podían ser halladas en la ciudad. ‘¿Debería ingresar?’ Hacía calor, y ella gustosa aceptaría un té helado. Debido a esto, y sin pensarlo demasiado, Fiona abrió la puerta e ingresó. El lugar estaba limpio y ordenado en su interior, casi como si recién hubiese abierto. Una elegante alfombra decoraba el suelo, combinando bastante bien con las mesas que tenían encima blancos manteles impolutos y jarras con hermosas flores. En lo que Fiona observaba la tienda, terminó por hipnotizarse con la vitrina de exposición que estaba a un lado de la caja registradora. Tal expositor disponía de coloridos pasteles, tartas, muffins y mucho más. Incluso algunos de ellos nunca habían sido vistos antes por la mujer, lo que terminó por deleitarla en un festín de postres. ‘Lucen muy bien.’ Procurando tomar asiento, Fiona puso toda su atención en el menú, donde atisbó numerosas opciones de té y café, como también de postres. No obstante, ella no ansiaba comprar un pastel. Sencillamente se trataba de su primera vez en el local y ella solo buscaba algo rápido para beber antes de retirarse. “Tendré un té helado, por favor.” Después de un breve instante, en un alto vaso de vidrio llegó el té helado. Pero aquello no era todo, pues a un lado un pequeño plato con tres scones le esperaban. “¿Para qué son estos scones?” “Son de regalo por la inauguración de la cafetería, pruébelos por favor.” “Oh, ¿es la inauguración? Debe de ser mi día de suerte.” Aún si estaba condenadamente hambrienta, Fiona mostró duda por un momento, para después resignarse y tomar un pequeño scone del plato. Apenas le propinó un mordisco, la dura masa del postre se deshizo con suavidad, liberando un sabroso aroma a mantequilla en su boca. Con cada bocado, el scone se derretía en la punta de su lengua. A diferencia de sus versiones normales, el que comía actualmente presentaba una amalgama perfecta de sabor y ligereza. Debido a esto, Fiona se devoró todo en un fugaz segundo. “¡Nunca había probado algo como esto!” ella exclamó. “Les puse crema para que fuesen más suaves.” La dueña de una cabellera plateada vocalizó mientras sonreía orgullosa. Fiona volteó para ver a la propietaria de la cafetería. Lo cual le sorprendió, pues ante ella había una joven mujer cuya edad rondaba los veinte años. Portando sencillas ropas, pero sin dejar de lado un aspecto pulcro y bello. ‘¿Acaso ella es la dueña?’ Entretanto Fiona continuaba observando a la fémina de argentados cabellos, esta última depositó sobre la mesa un pequeño plato con mermelada. “¿No le importará probar un poco de mermelada de frambuesa, verdad?” “Por supuesto.” Tomándose su tiempo para untar la mermelada sobre el dorado scone, Fiona le dio un bocado. Solo para deleitarse a continuación con el dulce y rico sabor a frambuesas, entrelazado con la mantequilla del panecillo, complementándose entre sí de forma fabulosa. Sin contar con la refrescante fragancia proveniente del té helado. Era una bebida que poseía zumo de durazno, aunque ella preferentemente apreciaba más el dulce pero amargo sabor propiciado por el aroma de la fruta. Cada sorbo traía consigo un fresco gusto a duraznos amalgamado al té negro. Impresionada con todo ello, Fiona decidió probar algo más de la tienda. “Desearía ordenar algo llamado mil hojas.” Ella siempre había oído de aquel postre, mas nunca tuvo la oportunidad de degustarlo. Tales postres formales eran reservados para comidas elegantes. La fémina de pelo platinado trajo rápidamente un plato con el pedido, enseñándole cómo unas crujientes masas finas estaban colocadas en capas con una dulce crema de natilla intercalada. “Wow…Esto luce interesante.” La cliente cortó cuidadosamente una de las esquinas del postre con un tenedor, siendo testigo de cómo las capas de hojaldres y la suave crema se desmoronaban en pequeñas piezas. Situación que pronto la sorprendió por completo cuando se llevó a la boca uno de los trozos, dejándose llevar por la sensación de la crema derritiéndose en la punta de su lengua junto a la masa. “Es realmente delicioso…” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas