
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 16
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 17 Raymond depositó su taza sobre la mesa y miró directamente al Emperador. “No hay nada malo al respecto. Obtuve mi divorcio en términos consensuales. Incluso las parejas más ordinarias se separan cuando no son compatibles.” “Ustedes no eran una pareja ordinaria.” El emperador replicó calmo. “Ustedes eran los futuros líderes de este imperio.” “Si nosotros hubiésemos sido una pareja sin relevancia, esto sencillamente se habría catalogado como un simple problema doméstico. Sin embargo, desde que esa mujer manchó el nombre de la familia imperial con sus sucios rumores, nosotros no podemos permitirnos catalogarlo como un mero problema doméstico. ¿Verdad?” “…” El emperador desvió la mirada sin responder. El canciller, quien había servido a su superior durante veinte años, pudo ver cómo los arrugados dedos del emperador jugueteaban con la taza de té ante aquellas palabras pronunciadas. Sabiendo muy bien lo que pasaba por su mente. No obstante, incluso si la duquesa en verdad había tenido un amorío, no era un tópico que alguien como el canciller pudiese hablar casualmente en frente de él. Especialmente desde que el propio Duque estuvo viviendo con una amante durante nueve años. Por supuesto, esto era una costumbre para los integrantes de la familia imperial, especialmente los hombres, el tener amantes. “Pero fue solo un rumor. Los testigos oculares solo dijeron que estaban juntos, ¿entonces cómo puedes estar seguro de que algo tan deshonroso sucedió?” El Emperador parló con pausada cautela, como si estuviese tratando de abrirle los ojos a Raymond. Algo totalmente usual en él, pues siempre fue amable con sus nietos. Raymond, su nieto biológico, y Calix, el hijo adoptivo del príncipe heredero, fueron tratados sin distinción, mas cuando crecieron sus relaciones se polarizaron. Calix, el nieto adoptado, era alguien realmente apegado al emperador que lo había criado, pero Raymond, el nieto biológico, constantemente tenía problemas con él. Incluso ahora podía verse cómo se burlaba del emperador. “Su Majestad siempre ha sido generoso con esa mujer.” La ruda contestación del joven duque hizo que el canciller rezongara en su interior en simultáneo que pretendía ver el lugar que le rodeaba sin un enfoque fijo. Después de todo, era una clara referencia sarcástica al favoritismo que el emperador tenía para con Erin, mientras que Serena solo era receptora de disgustos. El conflicto entre abuelo y nieto tuvo su inicio hace diez años, cuando el emperador forzó a Raymond en un matrimonio. Puede que antes hubiesen señales, pero fue aquel suceso el que lo cambió todo. Después de ello, una década de problemas le continuó. “¿No sería mejor ser generoso con tu esposa, quien te ha servido por nueve años, en lugar de exiliarla debido a rumores sin fundamentos?” El dirigente del imperio persuadió a su nieto, de la misma forma en que un adulto tranquiliza a un niño. “Erin es una buena y sabia muchacha. Por nueve años, ella ha estado a cargo del palacio. Y sin importar todo lo que hayas hecho, ella lo soportó sin queja alguna. No podemos negar que ella es más de lo que merecemos. Era una muchacha estupenda.” Las orbes azul grisáceas de Raymond hervían de irritabilidad. Lucían como si hubiese alcanzado el límite de su paciencia. En simultáneo que el canciller observaba todo con gran expectativa, el duque volteó en dirección al emperador y habló. Habló en un tono extremadamente condescendiente, llegando inclusive a regalar una mueca sardónica. “Nosotros ya estamos divorciados, pero si tanto quiere que sea la futura emperatriz entonces hágalo usted mismo.” Aquel sujeto testigo de la plática, entre los dos hombres que eran familia, no entendió en un inicio. La forma de hablar empleada por el duque resultó ser tan casual, que hasta daba la impresión de no expresar un punzante sarcasmo ulterior. “Después de todo, si usted tanto aprecio le tiene, pues cásese con ella.” Apenas el canciller concibió el significado real de tales expresiones, viró de inmediato en dirección al emperador. Pero antes de que pudiese siquiera hablar, el mandatario del imperio ya había hecho su movimiento. El rostro de Raymond fue inmediatamente empapado con té negro. “…” Gotas de la oscura infusión se deslizaban continuamente desde las delicadas hebras plateadas hasta la línea de la mandíbula, generando un constante sonido de choque contra el suelo de la recámara luego de que esta enmudeció. Tanto los sirvientes como el canciller optaron por pretender que no habían visto nada. ‘…Si usted tanto aprecio le tiene, pues cásese con ella.’ Aquel que había trabajado durante veinte años junto al emperador pudo jurar que, de haber sido objetivo de dicha respuesta por parte de su propio nieto, lo habría golpeado con un bastón. El líder del imperio, por otro lado, depositó su taza sobre la mesa y viró la cabeza hacia donde la ventana se hallaba en plan de recuperar la compostura. Raymond, cubierto en té negro, permaneció sentado en un ensordecedor mutismo. Una vez que el emperador había dejado su taza en paz, el chambelán que estaba cerca se apresuró en verter más de la infusión como si nada hubiese sucedido. Además de tenderle un pañuelo seco al duque. “Quiero que traigas de regreso a Erin.” Luego de varios minutos, el abuelo del duque rompió el denso ambiente que pausadamente permeó toda la recámara. “No puedo hacer eso. Ella estuvo de acuerdo con el divorcio.” “Entonces hallarás una manera de traerla de regreso.” El emperador posó su vista en los jardines, los cuales eran bañados por la cálida luz del sol, y habló, “Soy el emperador, y tú mi nieto. Si deseas conseguir un divorcio, entonces la lógica dictamina que ambos debían pedir mi permiso. Trae regreso a Erin.” Su voz no entrelazaba ira alguno, mas se proyectaba como un comando incapaz de rechazar. “Como ya lo dije, el divorcio ya está hecho. No puedo retractarme y traerla de vuelta.” El emperador, con mirada antaña y fastidiosa, suspiró en silencio. “No fue una sugerencia.” *** “¿Su Alteza?” Serena halló a Raymond caminando por el pasillo antes de correr apresuradamente hasta su lado. De inmediato ella notó la sutil diferencia en la vestimenta de varón, totalmente humedecida y con ligeras manchas negras por diversos lugares. Él la ignoró, eligieron marchar hasta su habitación. El brillo malicioso en los ojos azul grisáceos fueron una clara señal de ello. “¡Lárguense!” Los sirvientes obedecieron de inmediato, huyendo de ahí luego tras escuchar tal orden. Serena, por su lado, se abstuvo de acercarse al duque. Sabía desde la experiencia que no debía hacerlo en situaciones como la actual. Aunque ello no evitó que su rostro expresase el horror luego de tener la puerta cerrada en su cara. La fémina, de pie en el pasillo, lucía a punto de llorar. ‘Creí que todo estaría mejor una vez que ella se fuese.’ Tras la partida de la antigua duquesa, Serena pensó que sería la esposa de Raymond. Tan pronto el Emperador supo de la cercanía que ella compartía con su nieto, presentó a Erin y la forzó a casarse con Raymond. Dando por hecho cuánto era el odio que el líder del imperio tenía hacia Serena. Aun así, ella creyó que él se rendiría luego de tantos años, donde el duque solo enseñó negligencia frente a la seleccionada esposa al obligarla a trabajar en el Palacio sola. Permitiendo a Serena una oportunidad. Pero ella estaba equivocada. El emperador nunca desistió de su decisión. “¿Cómo es que soy peor que ella?” La amante musitó, permitiendo que la voz se derramase cuales lágrimas contenidas, sofocándola mientras una amalgama de ira y frustración la instaban a llorar. En su lugar, apretó con fuerza los puños, restringiendo la circulación de sangre en los nudillos y palideciendo la piel. “¿Por qué no se rinde ahora que ella ya no está aquí?” *** En la casa de dos pisos, Erin ingresó a la cocina. Dicho lugar había sido totalmente remodelado, luciendo limpio, fregado y lleno de nuevos accesorios. Los utensilios de cocinar y el horno eran nuevos, así como todos los ingredientes ordenados con diligencia. Harina, azúcar, sal, pimienta y mantequilla, también habían jamones, salchichas, pescado ahumado y toda clase de conservas enlatadas. Esto no fue así cuando ella compró por primera vez la casa. De hecho, la cocina estaba absolutamente desolada y despintada incluso. No obstante, gracias a Einz, aquello se pudo revertir. El horno, la mesa, las ollas, sartenes, y todo un juego de tazones hechos de porcelana fueron un regalo de su parte. ‘Lo siento por no poder traerte un regalo por el estreno de tu casa. ¿Hay algo que necesites?’ Einz preguntó, esbozando una suave sonrisa de disculpa, en el primer día de nuestro reencuentro. Erin no lo pensó mucho y respondió. ‘Bueno, tal vez algunos utensilios para mi negocio sean bienvenidos.’ Dos días después, un carruaje cargado con cajas llegó a la tienda. El transporte estaba repleto con toda clase de misceláneas, desde muebles hasta provisiones y otros ítems. Todo acompañado de una sencilla nota. ‘Para Erin, un regalo de Einz.’ No solo había objetos para la cocina, sino también necesidades diarias y camas. Einz se había tomado la molestia de enviar numerosos muebles nuevos, incluyendo un aparador bastante lindo y delicado. La casa de dos pisos que se localizaba en la parte posterior de la tienda ahora estaba transformada en un acogedor y pulcro hogar. ‘…Nunca pensé que él enviaría tantas cosas.’ Desde ese día, Einz estuvo ocupado y no pudo visitar la tienda. Abriendo un cajón con frutas, Erin extrajo un par de manzanas, ocasionando que un fresco aroma revolotease por el aire. Ahora que ella poseía ingredientes, era hora de crear el postre. Cortó las dulces manzanas rojas en pequeñas piezas, para luego llevarlas a una sartén con agua, miel y azúcar. Acto seguido, la fruta adoptó una coloración levemente áurea gracias a la textura caramelizada. Las tarteras fueron forradas con papel manteca, plegadas cuidadosamente momentos antes de volcar las manzanas cocidas. Tras ello, canela en polvo fue espolvoreada en la parte superior, para luego enviarla al horno. Luego de un buen rato, la dulce y sabrosa tarta de fruta estaba cocinada, exponiendo una crujiente capa de manzanas doradas que sería capaz de acaparar la atención de cualquier cliente. Desde el día de la inauguración, la tienda había estado bastante ajetreada. La mitad de las razones eran por las infusiones que se servían, como así también los bien recibidos postres de Erin. No obstante, el motivo real de tanto trabajo en el negocio se debió a la inesperada visita de uno de los sirvientes del emperador. Los clientes en la tienda se percataron del hombre que vino en el carruaje, pues llevaba el emblema del líder imperial, como así también lo vieron llevarse unas galletas. A partir de ese momento, extraños rumores comenzaron a circular. Decían que la pastelera, dueña de la cafetería, provenía de una familia que previamente había trabajado en el palacio. Poco a poco las historias fueron tergiversándose, mas aquello no mitigó el chisme original que proclamaba cómo el palacio imperial enviaba continuamente gente a la tienda de Erin para comprar galletas. Pese a que ella se esmeraba en explicar que ese no era el caso, los clientes parecían creer más y más los rumores. Ellos pensaban que si era solo un rumor, entonces podrían usarlo para promocionar sus propias tiendas, aún si ella estaba empecinada en negarlo. Esa fue una clara demostración de psicología inversa. ‘Quería atender la tienda de la forma más normal posible, pero gracias al incremento de clientes, ya no hay tiempo para descansar siquiera.’ “Dios mío…” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas