La Villana divorciada hornea pasteles

Capítulo 2

La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 02 Erin permaneció en la habitación donde vivió los pasados nueve años. Estaba parcialmente vacía, pues todos los muebles y equipajes habían sido extraídos. Pero pese a todo ello, continuaba manteniendo una belleza aturdidora. Suelo de mármol con patrones de lirios, filigranas áureas decorando las paredes de tono verde claro, y brillantes candelabros colgando del techo. Ella probablemente no regresaría nunca. Ahora estaría dejando ese pequeño lugar, el cual estaba rodeado con un ambiente familiar, para siempre. Erin había programado su partida del palacio para hoy. ‘Nunca fue para mí después de todo.’ Era originalmente la residencia de la Princesa de la Corona. Erin vivió allí debido a su esposo, el Duque de Lievensberg, quien era el nieto del emperador y heredero al trono. Como resultado de ello, Erin tuvo que vivir como una huésped en el palacio imperial por casi una década. ‘Cuando era joven, nunca creí tener una vida como esta.’ El padre de Erin era originalmente un pobre caballero. Era el segundo hijo del Marqués de Briscia, pero fue expulsado de la familia tras contraer matrimonio con una pastelera inmigrante. Su madre, trabajó en una tienda de un remoto pueblo. También era una Erdan, una inmigrante del norte. Acorde a los estándares del imperio, ella resultaba ser una persona de clase baja sin familia o propiedades. Pese a que sus padres no fueran bien vistos por el resto, eran felices. Fue gracias a eso que la infancia de Erin estuvo llena de recuerdos entrañables y experiencias hermosas. Como una ex pastelera, su madre se caracterizaba por cocinar y preparar postres a partir de las sobras del día. Erin, por su lado, aprendió a hornear pan y dulces por diversión, para luego ayudar a su progenitora en la cocina todos los días. Su versión joven amaba hornear pasteles y hacer pan. Aprendió debido a su madre en la cocina, donde la harina volaba por el aire a diario. Amaba ver cómo la masa aumentaba su tamaño en el horno. Incluso hallaba divertido hacer pétalos de rosa con crema batida, como también fabricar chocolate a partir de los granos de cacao con sabores aromáticos. “Erin es realmente hábil.” Su madre clamó con orgullo, extrayendo los pequeños scones de su hija de la bandeja. Tan pronto como le dio un bocado, el duro scone se derrumbó en su boca, liberando un sabroso sabor a manteca. Con cada mordida, el suave pan se derretía en la punta de la lengua. Erin devoró uno con apuro. Su madre esbozó una cariñosa sonrisa y le susurró. “Es un secreto, pero nosotros los Erdans poseemos un mejor sentido del gusto que la gente del Imperio.” “¿En serio?” “Así es. Por lo que estoy más que segura que tú puedes hacer un delicioso pastel.” “¡Sí! ¡Definitivamente me convertiré en pastelera!” Erin afirmó mientras sonreía alegre. “Tendré una tienda repleta de pasteles algún día.” Con ese sueño en mente, ella trabajó arduamente para aprender el arte de hacer pasteles y dulces en su tiempo libre. ‘Tal vez no éramos ricos, pero sí felices.’ Sin embargo esa felicidad se terminó cuando Erin cumplió 19 años. Su primo, el Marqués de Briscia, murió en un accidente de carroza ese año. Su tío, quien fue un antiguo marqués, tuvo una vida de libertinaje que duró hasta que enfermó y murió en consecuencia. Tuvo un solo hijo, su primo, quien a su vez no tuvo descendencia. Existieron más parientes de bajo renombre en la familia que le sucedieron, hasta que inevitablemente el padre de Erin se hizo cargo del título nobiliario. Su padre, un pobre caballero, y su madre, una pastelera, se volvieron propietarios del título de la noche a la mañana. Ergo, una joven Erin se hizo marquesa. Resultó en un crecimiento extraordinario para la familia, pero la realidad difícilmente podía equipararse. El Marquesado estaba al borde de la quiebra. ‘Nunca crecimos para convertirnos en gente de la nobleza, sino para volvernos un grupo de deudores.’ Siendo ya un marqués, su padre se volvió mucho más pobre de lo que fue durante su periodo como caballero. Fue promovido al rango de un oficial comandante superior debido a su estatus nobiliario, pero el salario apenas alcanzaba para poner comida en la mesa. De hecho, existía una manera de salir de la pobreza, sólo si su padre hubiese sido más consciente. El Marqués de Briscia era una antigua y prestigiosa familia, y Erin la actual heredera. Quien fuese el hombre que contrajera nupcias con Erin se convertiría en el futuro en Marqués. Inclusive si el título poseía incontables deudas, continuaba siendo uno ansiado por gente adinerada que anhelaba un nombre y título a cambio de dinero. Pero su padre rechazó todas las propuestas. “No te venderé por dinero.” Aprecio por la amabilidad de su progenitor presentó Erin, mas le preocupaba que incluso ella debería en algún momento casarse con alguien acaudalado para costear las deudas. Si seguían con ese modo de vida, la familia de tres integrantes conocería la bancarrota con rapidez y terminarían siendo vendidos como esclavos. No obstante, una repentina propuesta de matrimonio provino desde la corte imperial. Existían pocos motivos para rechazarla. Por lo que Erin aceptó la propuesta del duque, ávida en querer ayudar a su familia. Pensó que nunca se arrepentiría. Que sería la esposa de un dulce y guapo duque, y que auxiliaría a sus padres para que vivieran felices por siempre. Lamentablemente, ella en verdad había puesto toda su fe en ello durante todo ese tiempo. Dedicándole un último vistazo a la habitación, Erin oyó cerca un sonido que interrumpió su pronta melancolía. “Melly, no llores.” “Huuhhuu…Hik…Sí, Su Alteza.” Una menuda criada, de cabello castaño claro, se inclinó presurosa en simultáneo que eliminaba un rastro de lágrimas del rostro. Ella, quien respondía al nombre de “Melly”, era la sirvienta a cargo de las bebidas en el Palacio Imperial. “Ya no soy más tu alteza, puedes dirigirte a mi persona como Erin.” Esas palabras solo trajeron más lágrimas al rostro de Melly, algo que afectaba su aspecto pues poseía una linda cara, excepto por unas pecas en el puente de la nariz. Incapaz de contenerse, Erin izó las comisuras de los labios previo a caminar en dirección a la criada y tenderle un pañuelo. “Gracias por toda tu ayuda, tanto el café como el té estaban realmente deliciosos.” Desde que el café era importado y provenía desde más allá de la costa sur, la demanda fue en incremento. Especialmente entre los aristócratas. Incluso dentro del palacio Imperial, donde mayordomos y criadas tenían un cargo exclusivo con aquellas bebidas. Melly dudó, para luego hacerse de valor y cuestionar. “Uh, Señorita Erin. ¿Podía, uh, llevarme con usted?” “¿Qué?” “Pues…si usted me contrata como su sirvienta…” ‘Creí que sabía de lo que estabas hablando.’ La criada había cerrado la brecha entre su persona y la duquesa. Esta última, por lo general, siempre la llamaría para hablar sobre el té. Sin embargo, ahora que estaba en plan el tener una nueva princesa para la corona del palacio, hizo que Melly se hallase en una posición incómoda. ‘…Estoy en problemas.’ Parte de ella quería más que nada el tomar a Melly y marcharse, mas sabía que pagarle por el momento sería algo imposible. Necesitaba ahorrar cada centavo posible de su dote con el fin de adquirir una tienda e iniciar su negocio. En el preciso instante que estaba por negarse, un repentino golpeteo a la puerta la paralizó. Sin darle tiempo a responder, una nerviosa mujer de mediana edad abrió la puerta e ingresó. Era la Sra. Brennan, la dama de honor que poseía la princesa de la corona. Ella ni siquiera se molestó en saludar, decidiendo hablar en un tono imperativo. “Señorita Erin, por favor finalice sus preparativos. Las criadas aguardan su partida para poder limpiar este lugar de inmediato.” Raymond había traído a su amante, Serena, al palacio apenas había firmado los papeles de divorcio. Ahora que estaba casado con ella, ni se perturbó con la idea de ocultar la fechoría de tener una amante, permitiéndole inclusive vivir a su lado en el palacio. Hasta fue capaz de convertirla en pariente de su subordinado el Conde de Brennan, elevando así su estatus a condesa. Como la hija de un noble menor, aún si estaba en ascenso, aquel estatus había dejado fuera del palacio a Serena. Esta Sra. Brennan era, por supuesto, integrante de la Casa Brennan. Apoyaba a Serena y odiaba demasiado a Erin. Durante los pasados nueve años, vivió de criticarla y sabotearla en todo lo que fuese posible. Si había un evento en el palacio, vigilaría con ojo escudriñador a Erin para saber si gastaba un centavo más que la emperatriz previa. Si algo malo ocurría en el palacio, ella correría el rumor, a sabiendas que empeoraría hasta niveles astronómicos, de que Erin era la culpable. Aun así, Erin era incapaz de enojarse, por lo que sencillamente lo soportó. Su matrimonio había limpiado de toda deuda a la Casa Briscia, y hasta les dio un ingreso estable. Ni su madre, ni su padre, debían seguir sufriendo. Le aconsejaron a su hija no contenerse, pero ella supuso que era un pequeño precio a pagar por el bienestar de los que amaba. Además, se trataba de un matrimonio impuesto por el propio emperador. No importaba cuán difícil sea la situación, Erin no podía pedir el divorcio por cuenta propia. Todo lo que podía hacer era soportarlo y tener cuidado para no recibir más críticas. Su esposo tenía un amante en el palacio. Los nobles se reían en su cara por tener una infancia entre plebeyos. Pero pese a todo eso, ella mantuvo la frente en alto. Lo soportó una, y otra, y otra vez. ‘Pero eso ya no es necesario.’ Su padre no cabía en sí mismo al saber que ella estaba siendo descuidada por el Duque, por lo que se ofreció para realizar contribuciones durante una peligrosa batalla, esperanzado de hacerse con un mérito importante. Pensó que si adquiría una posición más alta en la jerarquía, sería de ayuda para su hija. Como un comandante de alto rango, estuvo al mando de una desesperada carga contra el enemigo, obteniendo una espectacular victoria al final. Y por ello, tal como esperaba, fue condecorado por su labor al punto de convertirse en un héroe. Pero no regresó con vida. Su madre, quien quedó sola, enfermó y falleció al poco tiempo. ‘Quise sacrificarme por la felicidad de mis padres. Pero al final, este terminó haciendo infelices a todos.’ No fue hasta que los perdió que Erin sintió absoluto remordimiento. ‘No quiero vivir así nunca más.’ Hasta el final, los decesos padres de Erin deseaban que ella fuese libre y viviera feliz. Ahora estaba en ella el culminar ese anhelo. Erin soltó una suave risa y dijo sin problema alguno. “¿Viniste hasta aquí para decirme eso nada más? No te preocupes. Estoy retirándome ahora.” “¿……?” “¿No lo comprendes? He dicho que estoy yéndome.” La Sra. Brennan se encogió ante el tono sardónico de Erin. ‘¿Qué es lo que sucede con esta pobre mujer? ¿Y por qué tiene tanta confianza hoy?’ La gente que no tenía nada mejor que decir, correría el rumor de que la Duquesa era una mujer retorcida que vestía máscaras y tenía amantes, pero la Sra. Brennan sabía que todo aquello eran puras falacias. No había nada siniestro con respecto a la Duquesa. Erin era, para ponerlo en términos simples, alguien silenciosa y grácil. Pero por encima de todo, era alguien que se valía por su esmero. Ella siempre lidiaba con su trabajo en silencio, aceptando los insultos que le arrojaban sin cuidado. Cuando su marido la ignoraba, o los nobles se burlaban en público, ella pretendía no escucharlos para después sonreír tontamente. La gente vociferaba que solo se trataba de un acto, pero los ojos de la Sra. Brennan habían visto la verdad. Erin era así por naturaleza. ‘Hmm. Quizás está enojada porque está siendo expulsada, pero mejor veamos…’ Tragándose su mofa, la Sra. Brennan enarcó una ceja tras divisar a Melly de pie a un lado. “¿Qué estás haciendo aquí?” “Bueno, yo…quería despedirme de su alteza, Erin…” Antes de que las palabras pudiesen terminar de expresarse, la Sra. Brennan abofeteó a Melly en la mejilla. ¡Pa! Melly tambaleó en retroceso, incapaz de gritar. Esto dibujó una sonrisa de satisfacción en el rostro de la Sra. Brennan, quien relajó su increpante extremidad. Después de todo, nunca quiso a esa mocosa. Era una simple criada, que era demasiado cercana a la Duquesa. “¿Quién te dijo que tenías permitido venir sin permiso?” “Bueno, yo…” Melly trasladó una mano hasta su afligida mejilla, borrando una lágrima en el proceso. Una rojiza marca remanente en el pómulo se ilustraba en la blanquecina tez de la sirvienta. La Sra. Brennan, por su lado, gritó ferozmente como si fuese a devorarla. “¡Largo de aquí!” Erin, quien todo este tiempo estuvo apreciando la escena desde un costado, dio un paso al frente. “Sra. Brennan.” La mencionada volteó dirección de donde provino el sonido, sorprendiéndose en consecuencia. Había un brillo de confianza y determinación en los ojos de Erin que nunca antes había apreciado. Erin dejó entrever una breve pero fría mueca ladina. “Estás despedida, con efecto inmediato, de tu puesto como dama de honor. Empaca tus cosas y deja el palacio.” “¿…Qué dijo?” Con una expresión atónita vio la Sra. Brennan a la duquesa. Por lo que Erin solo gesticuló una lúdica sonrisa maliciosa. “¿No me has escuchado? Estás despedida.” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas Unete a nuestro Discord: https://discord.gg/KxpTXwmPGA