
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 3
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 04 “Abriré una tienda de café con postres.” Al principio, él pensó que ella se había vuelto loca. ‘¿Acaso el impacto de nuestro divorcio hizo que perdiese la mente?” Pero ella no parecía actuar como tal. La tienda no era una broma. Tan pronto como firmó los papeles, ella ordenó utensilios y suministros de cocina, e incluso procuró buscar lugares decentes en los cuales poder asentarse. “Me pregunto qué estaba pensando…” ‘¿Será posible que se trate de una protesta en contra del divorcio?’ Él trató de imaginarse si todo era un intento de pretender ser pobre frente a todos, ya que había sido expulsada sin recibir una manutención. Lo cual la forzó a cocinar y vender pasteles. De otra manera, él hallaría imposible de creer que una antigua duquesa iniciara un negocio que vendiera pasteles y café. Raymond estaba observando lo que había más allá del cristal de la ventana cuando la puerta de la recámara se abrió con un ligero golpeteo. “Su Alteza.” Mael, un ayudante, ingresó e inclinó la cabeza a modo de saludo. “¿Qué sucede?” Ansiedad enseñaron los grisáceos ojos de Mael, sosteniendo en sus manos una pequeña epístola mientras se esforzaba en mantener la vista fija en los ojos del Duque. Con voz ansiosa entonó. “Su Majestad el Emperador ha enviado un telegrama. Tal vez haya oído sobre el divorcio de su Alteza…Estoy seguro de que…” ‘Él debe estar muy molesto.’ No se atrevía a siquiera pronunciar las últimas palabras… El Emperador había marchado al sur para atacar al Reino de Artheon hace cuatro meses. Dicha guerra con ese territorio estaba actualmente en sus etapas finales, por lo que el máximo mandatario del Imperio había ido para negociar y tratar con las consecuencias. Raymond se había divorciado de Erin mientras el Emperador estaba lejos. ‘Incluso se atrevió a proseguir con la separación sin el permiso de su Majestad……’ Mael suspiró internamente. Artheon estaba bastante lejos, al punto de que si hubiese estado un poco más cerca entonces el Emperador podría haber regresado a la capital de inmediato o, en su defecto, podría haber solicitado a su nieto. Pero Raymond le brindó nula atención a la carta de su abuelo. “¿Su Alteza……no piensa leerlo?” “¿Por qué debería cuando ya sé lo que hay allí? Lo más probable sea algo que me haga ‘Cancelar’ el divorcio y ‘Regrese’ con Erin en términos civilizados.” En vísperas de que el Duque no se molestaría en darle un vistazo a la epístola, Mael la tomó de nuevo en simultáneo que un semblante de preocupación se bosquejaba en su rostro. Raymond hace tiempo había dejado de relacionarse con su abuelo. Existían tantos motivos por ese feudo, pero el más importante era, por supuesto, debido a Serena, la amante del duque. En la opinión de Mael, la aversión de Raymond por su esposa Erin era por culpa del emperador. Ella era la nuera del máximo dirigente, quien la había elegido personalmente. ‘Pero eso no es motivo para divorciarse de ella cuando el Emperador estaba lejos……’ Su Majestad regresaría pronto, y por ello mismo no pudo imaginarse cómo demonios reaccionaría. El Emperador era alguien justo y amable, pero no significaba que fuese ingenuo. En ese preciso instante, una sirviente golpeó la puerta e ingresó a la oficina con el fin de asentar sobre el escritorio una bandeja. Sobre dicho objeto, el cual estaba decorado con verdes hojas, había un pastel que emitía un refrescante aroma a limón. “De parte de la Señorita Serena.” Raymond frunció el entrecejo al oírla. Una súbita oleada de irritación le invadió en simultáneo que veía aquel postre sobre la mesa. Volteó la cabeza en dirección a los papeles y ordenó sin cuidado alguno. “Llévatelo.” *** Empacó sus maletas y dejó el palacio, pero ahora no tenía un lugar al cual ir. Había una mansión donde sus padres habían residido como marqueses, mas fue vendida tan pronto como su madre falleció. Tenía buenas memorias de aquel lugar, no obstante se negaba a vivir allí ya que le recordaría de forma constante lo que había perdido. Por ello la primera medida que debía tomar, era hallar un lugar para vivir. Tan pronto como Erin dejó el palacio, ella y Melly procuraron buscar un agente de bienes raíces. “Quiero una casa que esté conectada a una tienda.” Su presupuesto era ajustado, por lo que no podía darse el gusto de comprar una vivienda y un negocio por separado. Era su primera vez manejando un negocio, y en verdad no ansiaba vivir muy lejos de su destino. Desde que estaría viviendo sola con Melly, sería grandioso que el lugar tuviese escaleras entre el primer piso y la planta baja, separando las habitaciones de la tienda respectivamente. El agente escuchó diligentemente las necesidades de la ex duquesa, como así también tuvo en cuenta el fondo económico a disposición, para que al final dijese que tenía un perfecto lugar en mente. “Hay una casa de dos pisos adherida a una tienda que está en venta sobre la Calle Wiltrout.” Dicho lugar estaba en el lado este de la capital. Era el hogar de funcionarios del más bajo rango, principalmente plebeyos y mercaderes remunerados. Era una calle pacífica y tranquila con pequeñas tiendas y casas de ladrillos. Erin, junto a Melly, siguieron al agente de bienes raíces hasta el negocio que estaba localizado en el extremo oriental de la Calle Wiltrout. Se trataba de un edificio de dos pisos, el cual poseía un letrero escrito en cursiva. Su fachada estaba compuesta principalmente por una enorme vitrina que permitía a los peatones divisar todos los elementos exhibidos. Desde el exterior lucía como una cerrada tienda común y corriente, pero una vez que Erin ingresó, pudo darse cuenta que en verdad lucía peor de lo que pensaba. Los estantes estaban repletos con botellas de brillosa pomada, las cuales estaban tan blancas de polvo que resultaba difícil averiguar sus etiquetas. Debajo de dicho mueble habían palas y azadas prontas a herrumbrar, como así también botellas de insecticidas y herbicidas desparramadas a un lado. Cercano a la puerta había un surtido de semillas, tubérculos y hierbas secas. Para ser honestos, se trataba de una vieja tienda bastante tosca y polvorienta. ‘Dudo que el trabajo haya sido próspero.’ “El dueño de la tienda tiene planeado mudarse por un asunto urgente, por lo que ha puesto el local en venta. Como puede ver, es un buen trato.” A juzgar por las marchitas verduras en la caja junto al mostrador, pareciera que no habían sido capaces de vender la tienda por mucho tiempo. Se trataba de un vecindario residencial. Un hogar conectado a una tienda probablemente no sea fácil de vender. Mientras observaba sus alrededores, Melly se percató de una puerta en el fondo, por lo que llamó a Erin. “Erin, hay un jardín en el fondo.” Tras las palabras de la antigua criada del palacio, la antigua esposa del Duque se trasladó a dicho punto. Detrás de la tienda existía un pequeño jardín. Inadvertidamente Erin abrió la puerta con el propósito de investigar. Solo para detenerse de forma abrupta. ‘Oh Dios mío……’ Puede que el interior de la tienda fuese una pila de basura, pero a comparación de lo que había más allá de la puerta que daba al fondo, era otro mundo. El lugar era una estructura con dos edificios en el frente y el fondo, poseyendo un pequeño oasis entremedio. A cada lado, entre la calle y los establecimientos, había un enorme muro de rocas que separaban los límites con los demás edificios del vecindario. Un reducido sendero conectaba la puerta trasera con el centro del vergel. A ambos lados de dicho camino, campos de vegetales divididos en recuadros que se asemejaban a un tablero de damas, exponiendo a la vista de todos la presencia de vegetales verdes, tomates y arbustos de fresas. Algunos estaban marchitos por la falta de cuidado. Pero las renovadas y vivaces hojas, brillando bajo los haces de luz solar, que crecían al azar se encargaban de cubrir los secos frutos. ‘Este lugar es perfecto. Me siento tan en paz.’ No se trataba de un jardín hermoso y cuidado. Sin embargo la pacífica frescura era algo que no se veía todos los días en la ciudad. Más allá del descubierto oasis se hallaba una casa de ladrillos blancos y techo verde. Era una diminuta y acogedora vivienda de dos pisos, símil a aquellas que uno podía tener de modelo para las jugueterías. Aledaño a la mencionada casa, un frondoso manzano extendía sus ramas por encima de la chimenea que sobresalía del techo. Un limitado jardín repleto de vegetales le complementaba, donde un campo de flores y césped acaparaba con exclusividad todo lo que el sol pudiese brindarles. ‘Es como si se tratara de un cuento de hadas.’ Melly, quien acompañaba a Erin, también estaba impresionada. “Wow…Es una hermosa casa.” “Lo sé.” Detrás de la diminuta casa habían dos limoneros enfrentados y una cerca blanca, la cual servía de límite con un frondoso bosquecillo al final de la Calle Wiltrout. Aún si era un espacio verde reducido, creaba un sublime paisaje con sus relucientes hojas verdes. Sujetando su equipaje, Erin se dirigió al piso superior. Dos habitaciones habían allí, decoradas de manera pulcra y con ambiente familiar. Una vieja cama con blancas sábanas, una mesa y silla, un desgastado espejo para maquillarse, y un librero de madera con detalles florales tallados en la superficie. El lugar era acogedor a su manera incluso con su rozada alfombra y las paredes desnudas. “¿Los muebles están disponibles para ser usados?” “Sí. Es lo que el antiguo propietario dejó de todos modos, pues le iba a costar demasiado el transportarlos.” Lo cual era cierto para Erin. Puede que los muebles sean lindos y acogedores, pero también eran lo suficientemente viejos como para no valer la pena gastar dinero al momento de transportarlos. Por lo que venderlo junto a la vivienda era lo mejor. Mientras que el piso superior era espacio para las recámaras, el inferior alojaba una sala de estar, un comedor y una cocina. La ex esposa de Raymond le dedicó un fugaz vistazo al último lugar en cuestión. “Supongo que cocinaremos aquí.” No había lugar para la cocina en la tienda, por lo que no existía otra opción si Erin deseaba cumplir su sueño. Tanto la tienda como la vivienda eran pequeñas, pero después de verlas apropiadamente ella se dio cuenta que valían la pena. “Erin, creo que este lugar es genial.” Melly parecía enamorada del espacio también. No obstante y pese a mantener un semblante jubiloso, la antigua criada del palacio habló con un tono de preocupación. “¿Está seguro de que esto es lo que quiere? Parece estar un poco lejos de la ciudad, y si planea asentar un negocio lo mejor sería ir a un lugar más cercano a…” “Descuida. Además dudo poder costear una tienda en la calle principal con mi presupuesto actual.” Erin no poseía mucho dinero en la actualidad. La dote que le regresaron era mucho menor de lo que se pudo imaginar alguna vez. Y el amueblado no valía su precio original tras ser usado durante nueve años. Estaban hablando de la capital del Imperio, y el área céntrica por supuesto era costosa. Aún si ella gastaba todo su dinero, le resultaría imposible comprar un edificio en la calle principal. Incluso si se rindiera con la casa e intentara apropiarse de una tienda, existía una gran posibilidad de que tampoco podría costearla. “No puedo permitirme nada demasiado grande o que esté en una zona superpoblada.” Por el momento, Erin debería de manejar la tienda con la única compañía de Melly. No importaba cuán difícil fuese, debería esforzarse. Porque era lo mejor que podía tener por ahora. Ella anhelaba abrir una pequeña cafetería y vender tantos postres como pudiese hacer con sus propias manos. No quería algo grande. También era del agrado de Erin que la calle fuese tranquila a comparación de la ruidosa urbe. “Lo compraré.” Tras esa frase, Erin usó la mitad del dinero disponible y se convirtió en la propietaria de una vivienda con dos pisos que estaba conectada a una tienda. Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas Unete a nuestro Discord: https://discord.gg/KxpTXwmPGA