
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 4
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 05 Tan rápido como terminó de desempacar todo en su nuevo hogar, ella procedió inmediatamente a limpiar la tienda. El sucio lugar había sido barrido, lustrado y limpiado. Incluso el suelo fue fregado de manera profusa. Una tarea que Erin llevó a cabo hasta la hora del almuerzo. La puerta de la tienda se abrió, dejando paso a Melly que acarreaba su propio equipaje en dirección a la habitación que se le había designado, para luego ir a los negocios cercanos con el fin de adquirir suministros cotidianos e ingredientes. Cuando regresó, ella vio sorprendida cómo Erin fregaba el suelo. “¡Señorita Erin, déjeme hacer eso!” “Está bien. Ya no soy una Duquesa.” Ellas debían de mantener la tienda juntas a partir de ahora. No podía permitirse tomar asiento solo porque era alguien de la nobleza. “Debe de estar cansada, vaya a descansar.” “Lo haré, ¿pero puedes ayudarme primero a limpiar este lugar?” Dejando sola a Melly con el desastre en la tienda, Erin se dirigió hacia la casa de dos pisos con todo lo que se había comprado anteriormente. Los cálidos rayos del sol se filtraban a través de las ventanas de la sala de estar. Después de lidiar con el barrido y lustrado, aquella nueva vivienda lucía finalmente habitable. Ordenando en la cocina todas las necesidades e ingredientes, Erin abrió la puerta trasera que se hallaba allí mismo. El patio fuera de la cocina era bastante angosto, con la cerca separando el terreno del bosque, espacio verde que buscaba extenderse por todo el lugar. Aproximándose al limonero cercano a la cerca del vallado, la noble mujer apreció cómo algunas hojas secas se entremezclaban con los amarillos frutos y las verdes hojas vivaces, demostrándole que pese al poco cuidado había conseguido sobrevivir. Alzando una delicada mano, la mujer de platinados cabellos arrancó un limón. Tras hacerse de otro fruto maduro más, la antigua duquesa regresó a la cocina en simultáneo que percibía el amargo aroma del cítrico que impregnaba el ambiente. Puede que el lugar fuese pequeño, pero poseía todo lo que necesitaba. Había utensilios y un horno, mientras que a un costado se localizaban aquellos ingredientes que Melly había comprado. Merodeando entre los gabinetes, Erin encontró las herramientas requeridas para hacer un pastel. Lo que le permitió reunir lo necesario a continuación. Primero, ella peló los cítricos y exprimió tanto los gajos como la cáscara, extrayéndoles jugo necesario para hacer crema de limón. Dicha preparación poseía un sabor que amalgamaba el amargor con la dulzura debido al abundante jugo conseguido. Una vez finalizada la crema, era servida en una parduzca tarta pre horneada con abundante merengue blanco. Tal producto obtenido del batir las claras de huevo lucía como unos picos bañados con blanca nieve. Prosiguiendo con la preparación, la tarta de limón debía cocinarse de forma rápida hasta que el merengue adoptase un característicos tono dorado en los bordes. Una vez conseguido aquello, Erin abrió el horno y retiró su finalizada creación. Al mismo tiempo que Melly ingresaba a la cocina, guiada por la dulce esencia que terminó por sorprenderla al atestiguar el postre que la antigua duquesa sostenía entre sus manos. “Wow, Srta. Erin…¿realmente sabe cómo cocinar? Pensé que solo se trataba de un rumor.” “Así es. Preparé esto para el almuerzo. Oh, solo para estar segura, ¿odias los limones?” Erin cuestionó luego de ver el inexpresivo rostro de su acompañante. “Oh, no. Me encantan todas las frutas.” Melly continuó apreciando la tarta hecha por Erin, sin poder dejar de admirarla. “No sabía que usted era tan hábil para hornear tartas, Srta. Erin. Había escuchado rumores…pero en verdad no los creía verdad. Pensé que usted contrataba a alguien para que los preparara por usted.” Ella estaba en todo su derecho para creer que la noble mujer no podía cocinar. Erin era, después de todo, la hija de un marqués. Aunque uno pobre que no tenía siquiera un mero sirviente a disposición. “De ser así, yo me ocuparé de cocinar todo, Tú, por otro lado, te harás cargo de las bebidas y la atención.” “Sí. ¡Estoy muy segura de que puedo lidiar con las bebidas!” Tomando ambas asiento en una pequeña mesa de la cocina, Erin procedió a rebanar la tarta de limón en varias porciones antes de colocar una en un plato y ofrecérsela a Melly. “Aquí tienes, prueba.” La antigua criada del palacio imperial observó cautelosa el plato frente a ella. Una porción perfectamente cortada en una extraña y hermosa forma, bañada con merengue blando cuyos picos puntiagudos tiznados de un tono dorado. Manteniendo sus ojos fijos en el postre, Melly tomó una pequeña pieza con un tenedor para así darle un dubitativo mordisco. Tan pronto como la muestra tomada hizo contacto con su boca, la crema de limón se filtró a través del crocante merengue, llenando así su cavidad oral con una profunda esencia cítrica. La dulce crema derritiéndose suavemente con un fresco sabor a limón, desperdigando un refrescante aroma en cada recoveco. Y por encima de todo, el suave merengue blanco que adicionaba una nota más a la dulzura azucarada. En términos simples, era fantástico. “¡Wow, esto sabe muy bien!” Melly exclamó después de devorar todo lo que tenía servido en el plato. Siendo alguien a cargo de las bebidas durante su estadía en el palacio, tuvo su buena ración de deliciosos postres en el tiempo libre. No obstante, la tarta de Erin no tenía comparación alguna, demostrándolo al cerrar los ojos en éxtasis supremo mientras saboreaba cuanto bocado pudiese llevar a su boca, haciendo desaparecer las porciones con gran rapidez. Erin, finalmente relajada, atinó a ver cómo su postre era engullido en cuestión de minutos. ‘Creo que estaba sabroso.’ Había pasado bastante tiempo desde que la marquesa había preparado uno, por lo que sus dudas respecto al sabor eran algo de esperar, mas al final resultó ser un completo éxito. Incluso Melly, quien vivió dentro del palacio durante años, estaba impresionada. “Este siempre fue mi postre preferido.” ‘Y también uno de mis favoritos al momento de hacerlo.’ Cuando la familia de la noble mujer estaba ahogándose en deudas y luchaba para llegar a fin de mes, hornear pasteles para vender junto a su madre era siempre un plan de respaldo. Convirtiendo así a la tarta de limón merengado en uno de los favoritos entre los clientes. “¿Dónde aprendió a hornear pasteles, Srta. Erin?” “Viendo a mi madre hacerlo.” “Estoy segura de que la Marquesa hubiese amado esta tarta.” Esas palabras le trajeron recuerdos a Erin. Una placentera y cálida casa, Una cocina repleta de dulces aromas sabrosos. Su difunta madre, con aquel característico cabello platinado que ella había heredado atado en un moño, sosteniendo una bandeja en cada mano mientras usaba gruesos guantes ya que estaban calientes por haber sido extraídos del horno. “No. De hecho mi madre detestaba los limones. En las Montañas de Erdan, esta fruta simbolizaba el dolor y la adversidad.” “Interesante. ¿Por qué sería eso? Es una fruta común en el Imperio.” Erin se cuestionaba aquello también, al punto de averiguarlo cuando era joven. ‘¿Por qué un limón es símbolo de dolor?’ Su madre replicó como si fuese algo demasiado obvio. ‘Debido a que es muy agrio.’ ‘……’ Era una razón muy simple… Ella esperaba alguna clase de leyenda sobre gente misteriosa de las montañas, por lo que internamente estaba decepcionada. “Aun así, ella los horneaba porque a mí me gustaban.” Una madre que haría un postre con decenas de limones para su hija amante de dicho cítrico. Tartas de limón merengado. Budines de limón, con un potente y dulce aroma de la fruta predilecta… “Mi madre siempre decía que en tiempos de problemas, tener algo dulce sería un consuelo.” Ella siempre haría refrescantes tartas de limón con un toque de dulzura. ‘Solo necesitas un dulce postre para olvidarte del dolor.’ Eso fue lo que su madre citó frente a ella un día. ‘……’ Era por eso que Erin eligió preparar ese postre en lugar de los muchos que pudo hacer en el momento. Tan pronto como abandonó el palacio, lo primero que Erin anhelaba hacer era un postre de limón. La misma receta que su madre solía ejecutar. “Esta tarta es tan deliciosa, debería venderla en la tienda.” Melly comentó luego de comer tres porciones. Valiéndole una mirada divertida por parte de la ex esposa de Raymond. Como era de esperarse, se sentía bien preparar algo dulce y bonito. En el Imperio, los postres eran tratados como un mero plato secundario servido por un chef en la residencia noble. Solo los cocineros más hábiles eran capaces de crear un buen postre. La mayoría de ellos estaban preocupados en preparar deliciosos alimentos básicos y consideraban a los postres como algo casual que proseguía a los almuerzos. Inclusive los catalogaban como aperitivos a servir durante la hora del té. Aquella gente que podía permitirse tal lujo eran los pertenecientes a familias acaudaladas, poseedoras de un chef de alto nivel en sus cocinas. Existían pasteleros con tiendas en la ciudad, dedicados a preparar panes o dulces para vender, incluso fabricaban pasteles para bodas y fiestas. Pero lamentablemente el menú siempre resultaba repetitivo. Unos pocos panes y galletas. Un sencillo y viejo pastel con crema batida. A medida que algunas cafeterías surgían, los que servían postres incluido también. Sin embargo, lo único que tenían a disposición eran galletas y magdalenas. Una cafetería era un lugar que enfatizaba la venta de café, al punto en que el enfoque estaba puesto en el sabor y la calidad de dicha bebida, algo que no ocurría con los postres. “Quiero crear un lugar donde mis creaciones sean el foco principal.” Erin deseaba construir un establecimiento que priorizara las dulces manufacturaciones que iban a acompañar cafés bien preparados y diversos tipos de tés. Era un pequeño sueño que Erin había añorado desde la infancia. Y en esa tienda recientemente adquirida, ella creyó que sería posible cumplirlo. Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas Unete a nuestro Discord: https://discord.gg/KxpTXwmPGA