
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 5
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 06 Erin le dedicó una ligera sonrisa a Melly, pues se hallaba disfrutando de la tarta de limón. Solo para detenerse y colocar una porción en su propio plato. “Ahora que lo recuerdo, hubo una ocasión en la que hice esta tarta en el Palacio Imperial.” ‘Fue en la época donde había ingresado al palacio.’ La dama de platinados cabellos deseaba tanto comer ese postre, que se escabulló en las cocinas en medio de la oscura noche. Esto fue posible ya que era en un período donde todavía ella no se percataba de lo mucho que necesitaba preocuparse por ser vigilada a cada momento. Poco después de aquello, Erin se volvió el hazmerreír de la aristocracia por su descubierto pasado como vendedora de pasteles junto a su madre. Fue debido a esto que ella nunca más regresó a una cocina, detestando la idea de convertirse en objeto de burlas. Ni siquiera se molestó en buscar postres como tartas o pasteles otra vez. Aquella noche había sido la primera y última vez que Erin prepararía postres en las cocinas del palacio imperial. ‘La persona con quien compartí esa noche aquella tarta fue…’ Erin sonrió con amargura ante la olvidada memoria. Melly, quien acababa de terminar su porción, le dedicó una mirada suplicante. “¿Srta. Erin, puedo repetirme?” *** “¡No puedo creerlo!” La estridente voz perteneciente a la Sra. Brennan se hizo eco desde el palacio del príncipe heredero. Dicho lugar era más ornamentado y grande que el que la antigua duquesa tuvo. Lujosas decoraciones y extravagantes muebles podían verse en cada rincón. Esto solo significaba que la Sra. Brennan estaba gritando con voz nerviosa en una de las habitaciones más opulentas que existía. “¡He estado a cargo del palacio de la Princesa Heredera por más de una década, y ella se atreve a echarme! ¡Una pobre diabla que fue expulsada por tener un amante!” La verdad era que Erin no había sido expulsada por tener un amante. Se había divorciado del Duque de manera consensual, pero la Señora Brennan estaba tan furiosa que comenzó a vociferar acusaciones en contra de la ex esposa de Raymond, tratándola de adúltera y otros insultos más. Erin había ejercido su última autoridad antes de marcharse. Haciendo uso del sello de la Emperatriz, la ausente mujer sentenció el destino de la Sra. Brennan en su carta de despido. Para después confiarle dicho objeto de poder al Ministro del Interior y retirarse tranquilamente del palacio. Debido a todo esto, la Sra. Brennan estaba furiosa. Mas nada podía hacer al respecto. No tenía más opción que empacar sus pertenencias e irse. “No se enoje tanto, Madam.” Dentro de la habitación había una bella blonda rodeada de sirvientas. Su esplendoroso cabello rubio, cubierto con adornos que brillaban como oro puro bajo los rayos del sol. Serena von Brennan. La amante oficial de Raymond y la huésped de facto en el Palacio de la Princesa Heredera. Mientras Erin vivía en las habitaciones de la princesa de la corona, Serena disponía de una opulenta residencia en el boudoir del príncipe heredero. La aguda voz iracunda de la Sra. Brennan mermó hasta entonarse tan dulce como la miel, como si nunca hubiese estado enojada antes. “Bueno, no vine hasta aquí para eso. Ahora que ella se ha ido, todo lo que necesitamos hacer es que la Señorita Serena se case con el Duque e ingrese al Palacio de la Princesa de la Corona. Lugar donde siempre debió estar.” La rubia amante podía seducir tranquilamente al príncipe de la corona para nombrarla dama de honor en el palacio, pero era demasiado tarde pues ya había alguien antes que ella en dicho lugar. Sin contar que ella era una integrante de la familia Brennan, la cual había adoptado a Serena. Pero no había necesidad de estar desanimada. Una vez que Serena se convirtiera en duquesa y apropiase del título de princesa heredera, la Sra. Brennan automáticamente sería reinstaurada como Dama de Honor. La pareja de Raymond solo atinó a esbozar una tímida sonrisa. “Cómo podría yo atreverme a esperar algo así…” Docenas de vestidos se podían ver desperdigados desde un aparador cercano al espejo de maquillaje, el sofá y las diversas mesas de la recámara. Serena, mientras tanto, lucía una enagua y corsé de color blanco que se había puesto con ayuda de las criadas. Las cuales actualmente ayudaban en la aplicación de maquillaje. Si bien su rostro limpio era perfecto, con un poco de vanidad y cosméticos era mucho más hermosa. Eran tan bella y radiante como una rosa totalmente florecida. ‘Ella es tan hermosa…No sé por qué el emperador no permite que sea duquesa.’ La Sra. Brennan sentía lástima por Serena. ‘Ella es la más apta para el puesto de emperatriz real, no aquella pobre diabla.’ Serena era la hija de una de las familias más importantes y poderosas de la capital. Originalmente era una plebeya, pero la familia de su bisabuelo había amasado una fortuna tras el paso de las generaciones. Con dicha riqueza, él se casó con la única hija de un caballero de bajo rango, consiguiendo así heredar el título de su esposa y oficializar de esta manera su ingreso a la aristocracia. Sin embargo, un título adquirido mediante dinero no era reconocido por el resto de la alta alcurnia. Un desbordante capital solo funcionaba cuando se debía lidiar con aquellos nobles de la clase más baja. Pero no era suficiente para permitirte codear con los más prestigiosos. No obstante eso cambió cuando Serena, la única hija, cautivó al Duque. Raymond permitió que ella fuese adoptada por la acreditada familia Brennan. Lo que consecuentemente convirtió a la aludida en la amada hija del conde de un día a otro. El Conde de Brennan, oriundo de una popular familia, había mostrado su apoyo por el joven Duque por encima del actual Emperador. La gente perteneciente a dicha casa noble mostraron su aceptación en relación a Serena como la hija del Conde, presionando inclusive para que fuese la próxima Duquesa. Lo normal hubiese sido que todos se horrorizaran ante la mera idea de aceptar a una mujer proveniente de una acaudalada familia noble de bajo rango como miembro de su familia. Sin embargo las cosas eran diferentes ahora. Si ellos pudiesen convertirse en parientes de la futura emperatriz, entonces serían capaces de sobreponerse a toda clase de limitaciones. Los costosos regalos que Serena había llevado a esas personas también ayudó a eliminar todo rastro de emociones negativas. Aun así el emperador sentía apatía desde un inicio por Serena. Solo la insistencia del avejentado máximo mandatario impidió que la hija de un noble de bajo rango sin título ingresara a la familia imperial. En su lugar, él eligió a Erin, quien venía de una pobre pero presunta familia noble. Convirtiéndola en duquesa. “Pero…” Serena, quien elegía un collar tras finalizar su maquillaje, preguntó con calma. “Erin dijo que abriría una cafetería. ¿Es eso verdad?” La Sra. Brennan respondió de inmediato, como si estuviese ansiando dicho momento. “Sí. Realmente parece que es así. Escuché que estuvo visitando lugares y comprando ingredientes tan pronto como firmó los papeles de divorcio. ¿Qué le sucede a esa mujer? ¿Acaso el ser expulsada de su título como duquesa la volvió loca?” “Quizás.” “Aun así, ¿no deberíamos hacer algo al respecto? Nada bueno ocurrirá si una duquesa marginada abre una cafetería en el centro de la ciudad y se vuelve el foco de atención. Si el Emperador regresa…” La Sra. Brennan, quien había estado hablando todo el tiempo, cesó de forma abrupta. Pues atisbó cómo los ojos de Serena le observaban desde el reflejo del espejo de maquillaje. Donde la amante de Raymond sonrió. “No se preocupe demasiado, Madam.” “¿Tiene algo en mente?” La rubia solo se abstuvo a reír en respuesta, desviando su atención a las coloridas joyas sobre el aparador. “Bueno, no sé mucho sobre cocinar o tareas similares.” Las blancas falanges delgadas se deslizaban lentamente sobre las brillantes gemas carmesíes. “Pero una cafetería no puede existir sin café. ¿Verdad?” Serena se retiró por el pasillo del palacio perteneciente al príncipe de la corona. Con cada paso dado, la larga falda que arrastraba se movía de manera pausada, como si fuesen ondas. Varios nobles que transitaban por allí se hacían a un lado, inclinando consecuentemente sus cabezas. El interés era notorio en cada uno de ellos, al punto en que la propia amante del Duque podía oír todo lo que platicaban sobre ella. “Ahora que la Duquesa fue destituida, ¿la convierte eso en su reemplazo?” “Tal vez, porque el Duque no se ha molestado en ver a otra mujer más que ella.” “¿Pero en verdad piensas que su majestad permitirá algo así?” Toda la gente susurraba sobre el mismo tema desde que la Duquesa había desaparecido. Donde fuese que los aristócratas se encontraban, el tópico principal de la plática era la misma. Los rumores del amante de la Duquesa, que habían estado circulando por alrededor de tres o cuatro meses. Y el reciente divorcio entre el matrimonio ducal habían sido las tramas favoritas para comentar durante la hora del té. Los ojos de todos brillaban con júbilo ante el enorme escándalo. Incluso los ministros y sirvientes lucían interesados en los problemas del palacio, como si todo se tratase de una obra teatral para ellos. Pero ahora que Erin ya no estaba, las conversaciones interesantes estaban enfocados en cierto tema particular. ‘¿Podrá Serena volverse la nueva Duquesa?’ Todos ansiaban conocer la respuesta a esa duda, pero quien más interesada estaba en el tema era la propia Serena. “Su Alteza.” Al final del pasillo, Raymond y sus ayudantes emergieron de la oficina, donde el primero se detuvo en el lugar apenas vio a la rubia fémina. Ella cerró la brecha que los distanciaba hasta inclinarse con suma gracia. “Su Alteza, el Duque.” “Señorita Serena.” El nieto del emperador contestó sombríamente. Fue una respuesta tibia, pero Serena se impuso a ello con una sonrisa brillante. Desde la primera vez que lo vio, cuando tenía 15 años, ella se había enamorado profundamente de él. Nacida como hija de un acaudalado mercader, Serena creció envidiando a los nobles. Con su fortuna, no era difícil contraer matrimonio con una familia de renombre. Tampoco era poco común que nobles cortos de dinero tomasen como esposas a las hijas de familias adineradas. Pero la familia Imperial era diferente. Como una noble de bajo rango, ella nunca podría atentar a ser una novia de la realeza. Se trataba de una relación imposible, mas Serena se negaba a rendirse. Persiguió a Raymond, desesperada por escalar hasta una posición social más alta. Incluso cuando el Duque contrajo nupcias y tenía una esposa, ella se negó a perder las esperanzas. Y ahora. Quizás. Tan solo quizás ella tenga el honor de convertirse en la esposa de aquel guapo hombre. Ella haría lo que fuese por conseguirlo. “Su Alteza, habrá un baile en la Mansión Flynn esta noche. ¿Está enterado de ello?” “Sí. Tengo pleno conocimiento de la noticia.” Las pálidas mejillas de Serena se ruborizaron tenuemente. Dio un paso al frente, como si tratase de abrazar al nieto del Emperador, y habló en voz baja. “Si es así, ¿le gustaría ser mi pareja esta noche?” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas