
La Villana divorciada hornea pasteles
Capítulo 7
La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 08 “Aquí le traemos lo que ordenó.” El repartidor ingresó a la tienda, cargando un enorme cajón repleto con los granos de café que Erin había ordenado. La cresta de la familia Arndt estaba adosada con enormes letras en la tapa del objeto que transportaban. ‘La familia del Vizconde de Arndt tiene los derechos exclusivos para la venta de granos de café, los cuales son importados actualmente desde la Costa Occidental…’ La importación de los granos de café siempre había sido competitiva, con tantos lugares anhelándolos. Ergo, los precios alcanzaban niveles exagerados. ‘Este único encargo ha valido trescientas monedas de oro…’ Lo cual era aproximadamente el doble de lo que costaban los chocolates. Significando que era gasto más caro de Erin sin contar la tienda y la casa. Pero valía la pena porque una vez que lo tuviese, sería capaz de usarlo por bastante tiempo. ‘Si pierdo esta oportunidad, podría no volver a presentarse en un futuro cercano.’ Para ordenar tantos granos de café de una sola vez, era necesario hacer un pedido formal a la Compañía Arndt con anticipación. Incluso así, ordenar una cantidad considerable tomaba tiempo. Después de todo realizaban cargamentos mediante cronogramas revisados y no a diario. “Siento alivio al saber que no hubo problemas esta vez, y considerando la cantidad pedida dudo que deba preocuparme por el café ahora.” Mientras Erin se mostraba tranquila, el repartidor cargó la caja hasta asentarla en el centro de la tienda. Compartiendo una mirada de anticipación entre ambos, la carga rápidamente fue abierta. “No, esto es…” Y así fue cómo el jolgorio se convirtió sin aviso alguno en una decepción amarga. La caja estaba repleta de granos de tonalidad oscura. La cantidad era exactamente la que la ex duquesa había ordenado, mas todos presentaban un tamaño erróneo. Los granos eran demasiados oscuros, un claro indicativo de que eran viejos. Poseían tamaños desiguales y algunos incluso muescas. Casi como si hubiesen estado expuestos a insectos que no perdieron tiempo en comenzar a devorarlos. No poseían aquel característico aroma dulce, en cambio acarreaban un extraño perfume acre. Símil al de una fruta fermentada. Si bien los granos de café viejos podían usarse mientras aún no estuviesen podridos, no podía decirse lo mismo de aquellos que estaban en la caja pues varios presentaban dicho estado. Al punto en que algunos en las esquinas estaban mohosos ya. “Traje exactamente lo que usted ordenó. Si no le agrada, puede realizar un nuevo pedido. Sin embargo no lo verá hasta dentro de dos meses.” “¿Qué?” Vocalizó Melly, totalmente incrédula ante la noticia, mas el empleado replicó contundentemente. “No importa, nosotros solo nos encargamos de traerle su pedido.” Los granos de café crecían en lejanas y exóticas tierras que solo podían ser alcanzadas al cruzar el mar que se hallaba en el extremo sur del continente. El Imperio posee control sobre las regiones centrales y occidentales del continente, pero lamentablemente no había territorio alguno en contacto con el mar del sur. Como resultado, la gente del imperio debía realizar un largo viaje desde las costas al oeste del continente para alcanzar tierras desconocidas. De esta manera, el imperio era capaz de traer exóticas importaciones desde el sur. Los granos de café, que eran transportados de dicha forma, continuaban su extensa ruta de viaje hasta las costas del territorio soberano. ‘Es un camino demasiado largo, incluso para las naves más rápidas, por lo que traerlos a diario sería imposible.’ Mucha gente deseaba importar los cafetos y cultivar sus propios granos para venderlos. Sin embargo, por orden del emperador previo, la familia Arndt era la única con la capacidad de traerlos desde las costas occidentales. Era un monopolio limitado a 50 años, por lo que durante ese tiempo solo la familia del Vizconde era la única capacitada para importarlos y venderlos. Por lo tanto, ellos cargaban en masa a los navíos con el propósito de producirlos en masía y luego tostar sus granos con fines lucrativos. Era un proceso de sumo cuidado que requería cautelosa manipulación. No obstante, la posibilidad de que algunas muestras enseñen signos de putrefacción estaba dentro de los parámetros esperables. Debido al distanciamiento existente en el transporte, era seguro que algunas cargas tendrían daños antes del arribo. Y con aquello en mente, Erin no pudo evitar pensar que aparentemente todos los granos maltrechos habían sido seleccionados para estar en la caja que ordenó. Dedicándole una mirada al encargo, la dama de cabellos platinados chasqueó la lengua. ‘Realmente debieron esforzarse mucho para escoger aquellos que no se podían usar. Ni quiero imaginarme lo difícil que fue seleccionar aquellos en mejor estado y enviármelos.’ “Uh, Erin. ¿Qué deberíamos hacer con esto? ¿Pediremos un reembolso…?” Melly cuestionó, a la mencionada con anterioridad, en un estado de pánico. Aun así, antes de que la marquesa pudiera contestarle, uno de los repartidores habló en un tono apático. “Nuestra política indica que los granos no pueden ser reembolsados.” “¡No hay política tal que diga ello!” La antigua criada del palacio exclamó furiosa, mas el repartidor solo repitió sin cuidado alguno. “Es nuestra política.” El dúo de mujeres reconoció que estaban en un embrollo, donde serían incapaces de recuperar el dinero gastado. Una situación terriblemente ridícula. “Hey, Erin…¿Qué haremos ahora?” Al borde del llanto, Melly trató de averiguar. ‘La verdad no lo sé.’ Erin inclinó sutilmente la cabeza hacia un costado, percatándose de que tal vez no debía hacer nada. “Hey. ¿Dónde se encuentra el Vizconde Arndt ahora mismo?” La fémina de argentados cabellos interpeló, siendo replicada por uno de los repartidores totalmente impasible. “Está en camino a la mansión Grey, en la ciudad.” Dicho lugar se trataba de una casa de apuestas para la gente noble. Apenas estaba anocheciendo y el vizconde ya estaba prácticamente allí. Pero él siempre había sido conocido como un libertino derrochador, por lo que ella no estaba tan sorprendida cuando escuchó que Arndt estaría realizando apuestas todo el día. Erin, apresurándose, llamó de nuevo a los repartidores que habían dejado el encargo y regresaban a sus destinos. “Caballeros, les pagaré para que se lleven estas cajas a otro lugar.” La antigua duquesa pronunció, procediendo a colocarse un abrigo de color gris oscuro sobre los hombros y emprendiendo su andar fuera de la tienda. *** El sol que se antes se escondía del firmamento baño la capital imperial bajo tonos rojizos antes de desaparecer por completo. Ahora, las calles atestiguaban un cielo oscuro, obligando a ser iluminadas las calles para tránsito de carrozas. Tras una larga caminata, Erin consiguió llevar a la Mansión Grey en el lado este de la capital. El lugar era una casa de juegos de azar que antiguamente era una enorme residencia. Desde el exterior lucía como un salón social, pero una vez dentro aquello cambiaba de forma rotunda, pues las recámaras habían sido reformadas para diferentes tipos de apuestas. En otras palabras, era un centro de entretenimiento para los nobles y ricos. Pese a ser medianoche ya, docenas de ventanas pertenecientes a la mansión emitían un brillante fulgor, iluminando casi toda la fachada del establecimiento. Subiendo paso a paso los peldaños, Erin cruzó el umbral de la puerta e ingresó. Lugar donde un joven hombre resguardaba la seguridad de la mansión, el cual se encargó de verla minuciosamente. ‘Lo sabía, es por eso que cambié mi vestimenta.’ Lo que la antigua duquesa lucía actualmente era un delicado vestido de seda cuya tonalidad se asemejaba a un atractivo azul marino. Se trataba de uno de sus mejores ropas que había traído desde el palacio. Pero incluso así, era mucho más modesto a comparación de aquellos que otras mujeres usaban. Aunque la forma de las mangas continuaba el estilo de moda vanguardista. Había sido confeccionados para que fuesen cómodos desde los hombros hasta el codo, para terminar con pequeñas decoraciones de moños que revoloteaban con gracia hasta las muñecas. Los suaves y ligeros lazos agregaban un toque de elegancia al vestido, permitiendo así a la fémina de platinado cabello lucir como una dama rica que buscaba realizar apuestas por diversión. Solo un vistazo a la indumentaria de Erin le bastó al hombre para permitirle el ingreso. “Discúlpeme, Madam. Permítame llevarla dentro.” Esa respuesta del encargado de seguridad en la mansión indicó que la etiqueta era fundamental para ingresar al establecimiento. Los Arndts eran originalmente nobles de bajo rango que se encargaban de pequeños negocios. En el pasado, el café no era demasiado conocido. Los cafetos eran tratados como plantas inusuales provenientes de países extraños en el sur. Algunas veces, una pequeña cantidad era importada como producto especial, pero incluso así el uso primario que tenía era para propósitos medicinales. Eso cambió cuando descubrieron que la inusual planta podría ser usada para fabricar bebidas llamadas café. El resultado fue revolucionar todo el vasto territorio del imperio, convirtiéndose en algo sumamente popular. La familia Arndt, que comercializaba con los habitantes de las zonas tropicales, obtuvieron los derechos exclusivos sobre algunas especialidades de la zona, las cuales incluían los granos de café. Sin darse cuenta que así, ellos se volvieron millonarios de la noche a la mañana. El actual Vizconde Arndt, heredero del monopolio, disfrutaba el día a día en casas de apuestas y burdeles. Erin caminó por los pasillos, apreciando las decoraciones del interior que expresaban los lujos reminiscentes a una mansión perteneciente a una familia noble. Aunque ella podía decir con facilidad que habían sido puestos con el fin de pavonearse cuando el lugar ni siquiera era lo que alguna vez fue. “Definitivamente es un cuchitril de apuestas.” Una excesiva cantidad de personas merodeaban escaleras abajo, permitiendo que Erin detuviese de momento a uno de ellos con el fin de preguntarle sobre el paradero del vizconde, el cual le indicó que debía subir las escaleras para hallarlo. Una vez estando a metros de su destino, la dueña de una futura pastelería se detuvo ante el brusco cambio de ambiente. Un amargo vaho teñía el aire de gris de forma ofidia, escabulléndose a través de cada rendija, delatando con su aroma que no pertenecía en verdad a cigarros comunes. ‘¿Es alguna clase de droga? Realmente está comportándose peor que antes.’ La marquesa Briscia golpeteó rápido la puerta antes de abrirla. Solo para toparse con una ola densa de humo amargo que intentaba impregnarse en su vestido. Un hombre de mediana edad se hallaba recostado perezosamente en aquella recámara, disfrutando del nubloso ambiente. “Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos vimos, Vizconde.” Tras irrumpir, Erin le dedicó una mueca sardónica al heredero Arndt que desparramado en su sofá se hallaba. “He venido a darle las gracias por la encomienda que me envió.” “¿Quién está hablando?” El Vizconde, con bastante esfuerzo para sobreponerse a su intoxicada situación, consiguió erguirse. Estuvo a punto de enfurecerse aún más por tal labor, mas se paralizó al reconocer el rostro de Erin. “¿Quién te crees para entrar a la habitación de otra persona como si nad…Se-Señorita…?” Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas