La Villana divorciada hornea pasteles

Capítulo 9

La villana divorciada hornea pasteles Capítulo 10 Satisfecha con el hecho de obtener lo que quería, Erin se retiró en dirección al salón principal y con destino a su tienda. A medida que avanzaba, ella consiguió ver a un hombre marchando en sentido contrario desde el otro extremo del pasillo. Dicha persona lucía como un noble por la forma en que estaba vestido. Debido a esto, Erin no dudó en hacerse a un costado de forma sutil mientras continuaba caminando. Quizás ella había visto alguien reconocible, pero en términos simples aquello ya no era de importancia nunca más, pues no era una duquesa como antes. Con ese pensamiento revoloteando en su cabeza, la fémina de platinados cabellos se dispuso en apresurar el paso. Mas de nada le valió, ya que ese hombre noble la sujetó por la muñeca derecha. Incapaz de avanzar, Erin no tuvo más remedio que voltear para así enfrentarse a un rostro que estaba siendo difuminado por las luces del pasillo. Un rostro que definitivamente no era familiar. Aquel sujeto era ligeramente regordete, sin demasiado porte físico. Casi como una patata mal pelada. Él parecía, en términos simples, alguien obcecado. Pero también, por encima de todo, alguien gruñón. Aunque lo peor de todo era el brillo repleto de desprecio que sus ojos poseían. Ausente de toda mota de sinceridad o seriedad en ellos. Vestía un lujoso traje, mas aquello solo ocasionaba que ella pensara que trataba de exponer algo. Aun así, hubiese sido extraño ver a un noble entrar y salir de una casa de apuestas luciendo como alguien digno y sincero. “¿Qué desea?” Erin inquirió tan educadamente como le fue posible, lo que le valió ser observada minuciosamente por el hombre antes de que le respondiera con otra pregunta. “¿Cuánto vales?” “Ha.” Sin percatarse, Erin carcajeó sonoramente por lo ridículo que hallaba la situación. Estaba en una casa de apuestas, donde los nobles entraban y salían sin ser cuestionados. Era demasiado obvio que las prostitutas y cortesanas actuarían igual. Aquel hombre seguramente debió confundir a la antigua duquesa con una prostituta. Ella no tenía ni el tiempo ni la paciencia para lidiar con una plática como esa. Por lo que dándole una ligera sonrisa, sacudió el brazo para liberarse del asir en su muñeca. “Cuesto más que tu propia vida.” La dueña de una futura pastelería Intentó retirarse, pues no ansiaba seguir lidiando con aquel hombre. Mas el hombre se abalanzó hacia ella, sujetándole la muñeca otra vez. “¿Por qué actúas tan fría conmigo? No creo que seas una noble, aún si pretendes serlo. Si fueses una, que dedica su tiempo a entrar y salir de la casa de apuestas, te habría reconocido.” ‘Por supuesto que no me reconocerías.’ Fue el pensamiento de Erin, ya que nunca antes había estado en una casa de apuestas. Ella tampoco conocía al regordete hombre. Aparentemente se trataba de un noble de bajo rango que carecía del estatus suficiente como para ser invitado al palacio, por lo que no era una maravilla que ninguno de los dos tuviese idea del otro. Los ojos del hombre brillaban lujuriosamente al devorar con la mirada el cuerpo de la antigua duquesa, provocando que padeciese un súbito tremor de incomodidad. “Suélteme.” Erin intentó liberarse, pero el hombre afianzó su agarre para impedir que se vaya. “No hagas eso y no me obligues a- ¡Argh!” Levantando el dobladillo de su falda con la mano libre, la mujer le propinó una relampagueante patada al varón de porte robusto en la espinilla. Con fuerza suficiente como para generar un sonido de estallido. Provocando que el hombre cayese al suelo gritando. “¡Ugh…!” El sujeto fulminó con la mirada a Erin, balbuceando insultos contra su persona. El odio filtrándose de su boca. “¡Tú, tú sucia ramera…!” La actual marquesa enarcó una ceja por un breve instante. Finalmente ella supo que él la percibía como una prostituta. “¿Acaso debo presentarme?” Consciente de que estaba rebajándose al nivel del extraño, Erin tuvo el imperioso menester de identificarse para así recalcar la diferencia de clases que había entre ambos. O las cosas se pondrían feas. Antes de que la mujer pronunciase su nombre y rango en la sociedad, la puerta cercana a ellos se abrió repentinamente en simultáneo que una voz repleta de irritación provino desde su interior. “Hay demasiado ruido.” El propietario de la voz apareció a través del umbral. Era un joven rostro confianzudo y rasgos refinados que acompañaban un sedoso cabello argentado. Un hombre guapo de porte imponente y arrogantes ojos gris azulados. Dicha persona miró directamente al dúo con un dejo de desprecio. Provocando que, de manera sorprendente, el regordete varón agache la cabeza. “¡El­---Gran Duque…!” ‘Era Raymond después de todo.’ La fémina de clara cabellera sabía bien que un día ella volvería a cruzar caminos con su antigua pareja. La capital del Imperio era lo suficientemente grande y poblada como para que uno pudiese pasar toda una vida sin toparse con alguien que le causara disgusto, pero todo aquello resultaba un tanto difícil si la persona en cuestión era el heredero al trono. Incluso si ella no cruzaba camino con él en algún lado, a menos que se fuera de la capital, Erin estaba destinada a verle el rostro ya sea en un evento especial o durante la ceremonia de coronación. Aun así, la divorciada dama nunca esperó volver a verlo en el lugar menos esperado y durante la situación más insospechada. Pues habían transcurrido tres semanas desde que los papeles de separación habían sido firmados. Más una vez la curiosidad pudo con ella, llevándola a preguntarse qué sentiría cuando lo volviese a ver. Sin embargo, ninguna emoción llegó a su persona tras tenerlo enfrente. El rostro de Raymond permanecía inexpresivo, mas sus ojos estaban rebosantes de confusión. Él quería saber por qué Erin había aparecido repentinamente en aquel lugar. Por su parte, la antigua duquesa se inclinó serenamente tal como lo indicaba el protocolo. “Su Alteza el Duque.” La voz sacó de su ensueño al hombre regordete, acomodándose sobre sus pies y demostrando el mismo respeto hacia Raymond. “Su Majestad, lo siento. Solo mantenía una conversación con esta Señorita…mientras estaba ebrio, por lo que pido perdón debido a mis actos…” Momentos antes, el beodo sujeto estaba siendo arrogante y locuaz. No obstante ahora él mostraba sumisión servil frente al duque. Era razonable. Después de todo Raymond era el heredero al trono y el futuro emperador. “Pídele disculpas a quien le faltaste el respeto.” Ante la sentencia dicha por el ex esposo de Erin, la regordete figura obedeció. “Lo siento, Señorita…Pido disculpas…” Erin chasqueó la lengua mientras observaba al ebrio hombre inclinar tanto su cabeza que poco le faltaba para rozar el suelo. Ella anhelaba golpearlo de nuevo, pero aquello era imposible ya que temblaba demasiado al mismo tiempo que rogaba indulgencia. El sonido hizo que Raymond se enfocara en Erin, quebrantando de forma sucinta su perfecto aspecto en uno de incredulidad. Dedicándole un último vistazo al hombre en el suelo, parló con clara molestia. “Lárgate.” “Sí, muchas gracias Su Majestad. Ahora si me disculpan.” Tras la imperativa orden, el arrogante hombre se apresuró en huir por el pasillo, casi arrastrándose. Mientras dicha persona huía velozmente, Raymond volteó en dirección a su ex pareja, con evidente mofa escrita por toda su cara. “Nunca pensé volver a verla en un lugar como este.” “……” La última vez que la vio, cuando tomó su dote y se marchó, creyó que estaba siendo presumida. Solo para encontrarla nuevamente en una casa de apuestas. Erin, por su parte, replicó de inmediato. “Lo sé. Aunque tampoco sabía que usted visitaba lugares como este. Debería de haberme imaginado que poseía pasatiempos de esta clase. ¿Pero sabe la Señorita Serena de estos?” Él se rio de ella, pero esta vez su rostro reveló una gélida expresión desinteresada. Fríos ojos gris azulados, carentes de toda emoción, fulminaban directamente a la marquesa. Ansiaba gritarle por la falta de respeto, mas en su lugar él terminó suspirando. “Si no tiene suficiente dinero, entonces debería pedir por una pensión, no venir a esta clase-“ “Ha.” El hombre realmente creía que Erin había asistido a aquel lugar en busca de apuestas. Una situación absolutamente asombrosa. “No me malinterprete. Vine hasta aquí para hablar con cierta persona debido a mi tienda.” “¿Una tienda? ¿En serio está pensando en abrir una cafetería? “ “Sí. Creo habérselo dicho antes, ¿o estoy equivocada?” Ella definitivamente había dejado en claro sus intenciones cuando firmaron los papeles de divorcio, sin embargo él ya no recordaba aquello. Pero tras esas palabras, Raymond observó a Erin totalmente desconcertado. Para luego comenzar a reprenderla con cualquier malentendido que él mismo había cometido. “Sé que tiene un resentimiento en mi contra debido a Serena, pero no tiene que ir hasta estos límites para llevar a cabo su venganza.” “¿De qué está hablando?” La ex duquesa fue incapaz de reprimir el gesto estupefacto que decoró su rostro. “¿Acaso no está haciendo esto debido a que tiene un rencor contra…Serena y yo?” “No. Definitivamente no.” La dama miró a quien fue su esposo, el cual lucía inusualmente estúpido, antes de rememorar en silencio a Serena. La bella blonda que siempre estaba a un lado de Raymond dedicándole un amor que estaba escrito en toda su cara. ‘Ah, sí, hubo un tiempo en el cual intenté luchar contra ella.’ Desde la primera vez que ambas se conocieron en el palacio, Serena y Erin fueron comparadas diariamente. Una representaba lo más puro y amoroso de la nobleza humilde, la otra era la encarnación de una prestigiosa familia tímida y nada prometedora. Una era una pobre damisela en apuros que amaba con fervor al Duque pero permanecía en las sombras debido a su estatus. La otra era una esquiva duquesa que había tomado su legítimo lugar gracias al Emperador. Pese al hecho de que la esposa oficial del Duque era Erin, fue siempre Serena la que se ganó la simpatía y admiración de las masas. La mujer de platinados cabellos, en aquellos días, era conocida como una ‘Duquesa Ruin’ que se atrincheraba en su posición gracias a su sangre. Pero incluso si su linaje era el de una noble, para el resto no era nada más que una endeudada familia en ruinas. La gente miraba a Erin con aún más desdén y burlas cuando supieron que la hija de un empobrecido marqués era ahora la Duquesa. Una de las razones de esto se debía a la belleza de Serena, de la cual se rumoreaba ser la más hermosa del imperio. Cualquiera que conociese a la susodicha en persona podría haber confundido el inocente aspecto de la rubia, catalogándola como la víctima en un instante. Fue Raymond quien alimentó el rumor, tomando siempre el lado de Serena en toda situación. Cualquiera fuese el momento o lugar que Erin tuviera un problema con ella, aún si realmente era su culpa, el Duque solo se molestaría con su ex esposa. ‘No hagas un escándalo por todo.’ ‘……’ Por lo tanto, la Erin del pasado sencillamente desistió de toda contienda con Serena. No había sentido alguno en pelear una batalla perdida. “No me malentienda. Esto no se debe a usted, su alteza. Ni tampoco a ella. Las razones de mi emprendimiento son netamente personales.” Erin parló con indiferencia en simultáneo que barría los sórdidos detalles de su pasado. Traductor: Hitsuzen278 Scan: Gremio de Hadas