Me convertí en la madrastra de una familia oscura

Capítulo 42

Capítulo 42 En respuesta, los ojos del Duque Arvida miraron a Astra con dureza. —Qué estupidez. ¡Tú eres la que se enamoró a primera vista y quería ser Duquesa! ¡Hiciste un escándalo a pesar de que dos personas ya renunciaron a ello!— Dijo, y sus manos temblaron. Pensó que el Duque Ian Petri lo beneficiaría más, por lo cual se puso en contacto con él tan pronto supo los sentimientos de su hija. Hizo todo de prisa. “Debería haberlo sabido” Semejante desgracia. En ese momento, aprovechó la oportunidad por temor a perder el asiento de la Duquesa, pero nunca pensó que lo terminaría estrangulando. Debería haber dudado en cuanto el Duque Petri dijo que quería a su hija. Maldita sea. Esperaba que no se convirtiera en un problema grave. Esperaba que la indulgencia y la calma del Duque Petri fueran solo un medio para echarlo. No, podía ser. Sin embargo, Astra, que no podía saber lo que pensaba el Duque, armó un nuevo alboroto. —¡Padre! —Callate. No estoy de buen humor. — El Duque Arvida se mordió las uñas con ansiedad mientras el carruaje avanzaba rápidamente. Corrió la cortina y miró por la ventana. “¿Qué podría ser? ¿Qué era este siniestro sentimiento?” Antes había estado pensando en destruir al Duque Petri. Tres se habían convertido en los pilares del Imperio, entre ellos el de Petri, que tenía una variedad de rumores interesantes rodeándolo. Rumores que por sí solos eran suficientes para derrocar al Duque Petri. El Duque Petri, quien supuestamente se ocupaba de los trapos sucios del Imperio, tenía muchas debilidades. Había estado esperando esta oportunidad. Si dos familias se fusionaran en una sola, podría pisotear al joven Duque y ganar la partida. Sería genial que su hija diera a luz a un niño para deshacerse de Rebecca como sucesora oficial. De esa manera, podría intentar eliminar el nombre del Ducado de Petri de forma permanente. Había hecho que su hija se casara pensando en todo ello… “Extraño, es demasiado extraño.” Sintió como si su cabeza estuviera partiendose en pedazos, pero lo que hizo que el dolor de cabeza fuera aún más terrible fue aquella fuerza misteriosa que había sentido. Una fuerza tan inesperada. Recordó que había un rumor circulando en la alta sociedad que decía que el Duque Petri tenía un poder extraño. Los magos habían desaparecido hace mucho tiempo de este Imperio, pero se rumoreaba que el Duque Petri era el único que tenía ese poder. El Duque Arvida había pensado que era solo un rumor creado por alguien para aumentar la reputación del Duque Petri, pero finalmente se había dado cuenta. “Es real. El suelo temblaba y sentí un aire pesado y frío que me hizo temblar por completo.” Todo era tan vil. Odiaba a su hija por haber ignorado sus palabras a pesar de que le dijo que se llevara bien con el Duque Petri. —¡Qué diablos hiciste allí! —¿Estás enojado conmigo? ¡Soy una víctima! ¡Me dijiste que hiciera un escándalo para presionar al Duque Petri! —Lee la situación, ¿quieres? ¡No ha pasado mucho tiempo desde que entraste a la casa, pero has hecho algo tan atroz al punto de que te echaron! —¡¿Atroz?! —Por eso te echaron. ¡Qué inútil! No puedo creer que te crié. ¿Quieres seguir ensuciándose durante los momentos más importantes?— El Duque Arvida, que había estado fingiendo ser un noble digno todo este tiempo, levantó la mano como si fuera a golpear a su hija. —¡Solo estoy haciendo lo que mi padre me dijo que hiciera…! —¡Cállate! ¡Eso no hubiera sucedido si solo hubieras hecho lo que te dije, estúpida! Astra se estremeció cuando su padre, que siempre había estado de su lado, la culpó. —Sólo estás haciendo cosas inútiles. Te enamoraste de ese bastardo con solo mirarlo a la cara. —Ja, ¿no recuerdas haberme elogiado por hacer un buen trabajo? —¡Cállate, pedazo de inútil! ¡Cómo te atreves a levantarme la voz! —...Pa-Padre, ¿cómo puedes decir eso? ¡Soy la víctima aquí! ¡Tú eres el que me animó a ello! —No quiero oírte. ¡Deja de quejarte! —Sus manos temblaban debido a su deseo de destruir algo. “Duque Petri, la razón por la que nadie puede tocarte a pesar de tu terrible trabajo…¿es por tu poder?” Un poder sin rival para nadie. Por eso el Emperador lo había dejado solo. —¡Padre! —Cállate, eres tan ruidosa. ¡Eres exactamente como tu madre! ¡Tan chillona!— Dijo, y finalmente, levantó su mano con fiereza golpeando la pared del carruaje, apenas controlando su ira. Pero la princesa Astra era su única hija, y solo por eso, no pudo decir nada más, mirándola con ferocidad. —Una palabra más y no tendré consideración contigo. Solo entonces la princesa cerró la boca. Sus labios seguían temblando debido a la ira. Mientras tanto, el carruaje fue desacelerando el paso de forma gradual. Habían llegado a la residencia del Duque Arvida. Lo usual es que sostuviera la mano de su hija y pretendiera ser un padre cortés, pero tenía prisa. —¡Quiero que lo investiguen de inmediato! —¿Q-Qué quiere decir? —¿Qué ha estado haciendo ese bastardo del Duque Ian Petri? ¡Si ha hecho algo que perjudique a nuestra familia o no! ¡Investiguen eso a fondo, y averigüen si algo extraño está pasando! —¿Disculpe? Pero es el esposo de la princesa… —¡¿Esposo?! Me engañó desde el principio. Totalmente estafado. Así que averigua todo lo que puedan. ¡Todo lo que ha estado haciendo en contra de nuestra familia! No fue hasta que el mayordomo se enteró de la razón, que finalmente se apresuró a salir. Los caballeros del Duque Arvida y los sirvientes se movieron bajo las órdenes del Duque, y no fue hasta esa noche que pudo escuchar una respuesta. —...Ya veo. Gracias a su codicia de tratar de tomar algo que era demasiado para él, el Duque Arvida se dio cuenta muy tarde de que había perdido demasiado debido a un error. *** El atardecer rojo se había ido y la oscuridad se apoderó de todo. Me desperté de vez en cuando, pero estaba demasiado cansada y terminé durmiendo un buen rato con Rere. Era una noche sin luna. Una mano cariñosa tocó mi rostro dormido. Hacía tanto frío como calor. La mano que sentí en mi sueño era tan suave. —...Lo siento. —Se escuchó la voz de alguien, definitivamente un hombre. ¿Acaso era el Duque, o Luca? Tenía que levantarme, pero de alguna manera, estaba tan cansada que ni siquiera podía abrir los ojos. —Hmm… “¿Quién eres? Tengo que decir algo” Pero solo pude murmurar. ¿Acaso era Luca? ¿Me puso a dormir? De lo contrario, no podría tener tanto sueño. En ese momento, la mano suave acarició mi mejilla. Se sentía como si hubiera aplicado ungüento ya que la textura era áspera. Sin embargo, la cálida mano siguió tocando mis mejillas durante un largo rato, hasta que me quedé dormida de nuevo. A la mañana siguiente, sentí como si algo me pinchara la mejilla, así que abrí los ojos lentamente. —Mmm…— Me quejé. —¡Despierta!— Podía escuchar la refrescante voz de Rere. Cuando abrí los ojos, pude verla sonriendo, más brillante que nunca. Tan pronto como me vio despierta, agitó las manos como si estuviera complacida. —¡Estás despierta! ¡No estás muerta! —¡Ay Dios mío! —¡Sí, es cierto! Entonces, me levanté y me froté los ojos. La niñera y las criadas estaban de pie a mi alrededor. —¿Qué les pasa a todas? —Oh, Dios mío, pensamos que había algo mal con usted, señora. —¿Qué? ¿Por qué? —Porque no se despertó hasta bien entrada la tarde. Tras escucharlas, presté atención a mi alrededor. El cielo en la ventana estaba un poco oscuro para llamarlo de día. —Oh. —¿Sabes lo preocupada que estaba porque pensé que mi Conejito podía estar muerto? —¿Lo estabas? —No me haga comenzar. Nuestra señorita dijo que no comería si no se despertaba. —Y le dije que la señora solo estaba durmiendo, pero tuvo un ataque de ira llamando que viniera el médico… —¡¿No podrían quedarse todas calladas?!—No fue hasta que Rere gritó que se callaron rápidamente. —¡De todos modos, está bien ahora que mi Conejito está despierto! Al ver a la avergonzada Rere que apartaba la mirada, abracé su cuerpito y me acosté de nuevo. —Ay, nuestra Rere está preocupada. Me siento tan bien. —No estoy preocupada. Suéltame, me estás sofocando. —¿Debería dejarte ir? Contrario a sus palabras bruscas, Rere enterró su pequeña cabeza en mi pecho y trató de contener su sonrisa. —¡No! Sí Co-Conejito lo quiere, puedo quedarme así un poco más. — dijo la niña de forma gruñona, finalmente relajando su cuerpo. Gracias a eso, pude tener a Rere en mis brazos durante un largo rato más. Su cabeza olía como la cálida luz del sol, como una manta limpia que había estado expuesta al sol. Mi mente se relajó mientras sostenía a Rere en mis brazos. Pero entonces… —¿Ya se ha levantado?— Escuché la voz de un hombre. Solo entonces abrí los ojos con una sonrisa a medias, por si acaso era el Duque quien entraba. —...¿Vienes a ver si ya me desperté? —Solo estoy pasando por aquí. —Pensé que de repente estabas interesado en mí. ¿Alguien que hasta hace poco era frío podía cambiar tan rápido? Incluso si lo hiciera, de ninguna manera estaría feliz de ver al Duque así. —...Por supuesto, eres mi esposa. —Esposa, ¿Mmm? Lamentablemente, nunca me consideré tu esposa. Por supuesto, he estado fanfarroneando sobre ser la Duquesa y todo eso frente a Astra, pero no tengo ningún deseo de ser tu esposa. —También está bien si solo eres la madre de Rere. Rere, vamos, hay que levantarse ahora. —¡Sí! Ay, tengo hambre. Nuestro Conejito también tiene hambre, ¿verdad? ¡Comamos! No me importaba qué tipo de expresión hiciera el Duque. No importa ahora, y tampoco importará en el futuro. Había renunciado por completo a mi deseo de lucir bien frente a él. Lo único que me importa ahora es llevarme bien con Rere y curar su enfermedad. —Entiendo cómo te sientes. Si vas a comer, me uniré. *** Traducción: Pali Rojas