Me convertí en la madrastra de una familia oscura

Capítulo 5

Capítulo 5 —¿Qué crees que estás haciendo?— Sorprendida por inesperado comportamiento, se enervó y sacudió la cabeza. —Escuchame cuidadosamente. Eres una dama que no tiene idea sobre los caminos del mundo. Esto no es bueno para ti. No sé qué clase de sueño estás teniendo, pero es insignificante, porque aquí yo soy el mandamás. —¿Dijiste mandamás?, Ni siquiera la princesa misma, pero ¿una niñera cree que es “el mandamás”? La gente en verdad se reirá de ti. — No pude evitar reírme ante sus palabras, incluso cuando luché por cerrar la boca. —Te arrepentirás. No te beneficiarás de nada si actúas de este modo. Podrías ser echada de aquí mañana mismo, completamente desnuda, sin nada en absoluto. —Entonces, por eso, ¿Eres la que manda? ¿En este Ducado? Así que debería deshacerme de mi orgullo inútil e inclinarme ante tí, ¿Verdad? —Así es. No creo que seas estúpida, así que sería bueno si pudieras bajar esa cabeza testaruda tuya. Incluso el Duque no puede hacer nada sobre mí.— La niñera elevó la cabeza con altivez como si estuviera preguntando si finalmente la entendía. En cuanto la ví actuar de esa manera, desvié mi mirada hacia Rebecca. —Rebecca, debes de ser una preciosa muñeca, si es que la mandamás de esta casa en realidad es tu niñera. —¡No soy una muñeca!— Gritó Rebecca de vuelta, tal vez provocada por mis palabras. —Bueno, eso es lo que escuché. Si no eres una simple niña, debes haberte dado cuenta de algo ¿Crees que es aceptable que ella te menosprecie y diga que es la mandamás de este Ducado? Rebecca, que estaba haciendo un puchero, abrió los ojos. —¡No soy una muñeca! —Lo eres. Ni siquiera puedes decir nada para oponerte a tu niñera. —Maldita sea…¡No, no lo soy!, ¡Nana, sal! —¡Señorita! ¿Me estás diciendo que me vaya? ¿Qué estás…? —Maldita sea ¿Eres sorda? ¡Sal de aquí! —Esa mujer solo está diciendo cosas extrañas. No podría pensar en ti como una muñeca, ¿verdad?— Cuando sus ojos se volvieron repentinamente hacia Rebecca, su cara se puso pálida. Incluso caminó hacia la niña, a toda prisa, y tomó su mano, pero era en vano. —¡Cierra la boca! ¡Largo! O de lo contrario, colapsaré aquí mismo. ¿Quieres que colapse de nuevo? ¿Quieres que mi papá te regañe por ello? —¡Señorita…! —¡Largo!— Como si no fuera ninguna tonta, Rebecca volvió a enterrarse en la pila de muñecos con enojo. —S-Señorita…— La triste voz de la niñera llenó la habitación, pero nada cambió. Rebecca se mantuvo firme. La observé durante mucho tiempo, y volví a hablar. —Señora niñera, que dijo que era la mandamás, te vas ahora, ¿verdad? La niña te dijo que te fueras. —¡Cómo te atreves! ¡Cómo te atreves…! ¡Entre la señorita y yo…! —Ahora que lo veo, no creo que tuvieras ningún gran vínculo con ella. Estoy segura esta vez, niñera, de lo que le habías hecho a las otras madrastras. Pero, para tu desgracia, no va a funcionar ahora, porque a diferencia de aquellas que crecieron bien, yo crecía como las malas hierbas silvestres. —... —Ahora que he hablado de la maleza, cuánto más la pisas, más fuerte crece.— Sonreí y agité mi mano. Entonces la niñera, enrojecida de la furia, se marchó como si no fuera a dejarme ir tan fácil. —Ahora, tráeme la comida. —Sí, Lady Leona, pero, ¿qué hay de la señorita…? —Tráela también. La dejaré comer cuando salga. Las sirvientas, que no sabían qué hacer, finalmente se movieron. Gracias a eso, solo se quedaron dos sirvientas con Rebecca y conmigo en la habitación. —Rebecca.— Finalmente dije, cerrando el libro que estaba leyendo, y desviando la mirada a la pila de conejos de peluche. —... —Si no quieres salir, no tienes que hacerlo. Vendré a esta habitación cada día, y me quedaré aquí. —... —Así que quiero preguntar, ¿Por qué me odias tanto, sin ninguna razón? Ella no respondió por un largo tiempo. Tal vez, no debí esperar ninguna respuesta aún. Cada niño que vi en el orfanato tenía sus propias heridas. Estas no sanaron por sí solas aun sí lo esperaban, en silencio, por un largo tiempo, se ponían peor, y poco a poco, los terminó de desgarrar. Así que lo primero que había que hacer cuando los niños llegaban al orfanato, era escuchar su historia. Si no conoces la raíz, no podrás encontrar las soluciones. “Quería saber qué estabas pensando y qué era lo que te molestaba tanto” Pero Rebecca se negó a hablar. Hoy no es el único día que tendremos, asi que decidí no presionarla más. En ese momento, la niña, que estuvo en silencio por un largo rato, murmuró algo, y luego casi gritó en voz baja. — …¡Tú también vas a huir! —¿Huir? —Sí. La niñera dijo eso. ¡Todos ustedes son iguales! Tanto la primera como la segunda huyeron, así como tú también te irás ¡Por eso te dije que no estuvieras cerca de mí desde el principio! Me quedé sin palabras por un momento. —¿Esa mujer dijo eso? —¿Por qué sigues preguntando?, y no soy una muñeca. No hice lo que ella dijo que hiciera, son mis propias ideas, ¡Tonta! —Si, debe de serlo. Fuiste tú quien le dijo a la criada que me impidiera encontrar tu habitación, ¿verdad? —¡Sí! Eso no es lo que mi niñera dijo que hiciera. ¡Esa fue mi idea! “Aunque su actitud no es realmente agradable…cuánto más me explica, más siento que la niña había estado siendo controlada por la niñera”. Rebecca probablemente consideraba a su niñera, quien la cuidó desde que era una bebé, su familia. Tal vez otras familias fueran así. Si los niños de las familias nobles escuchaban a su niñera, entonces la niñera se convertiría en el verdadero pez grande de su casa. Quizás esa era la razón por la cual ella estaba tan confiada. Mientras estaba sumergida en mis pensamientos, la puerta, que estuvo cerrada por un tiempo, se abrió de repente. —He traído su comida. La cara de Rebecca, que seguía enterrada en los muñecos, se asomó. —Tráemela. Yo también voy a comer. —No. Si quieres comer, ven a la mesa. Ni siquiera eres un bebé, ¿tengo que alimentarte allí, en la boca, como si lo fueras? Entonces, se colocó una sopa caliente frente a mí. El suave olor a papa era más apetecible que nunca. —Ja. ¡De verdad te crees que eres algo! —Es porque lo soy, Rebecca. Estoy preocupada por tí. Si no me importaras y tuviera planes para dejarte, ¿Siquiera me molestaría en tratar de arreglar tu comportamiento? —... —Entonces me habría quedado callada. Hubiera hecho lo que tú niñera me dijo que hiciera, y quedarme quieta sin hacer nada. Tal vez, si hubiera hecho lo que ella quería, podría haber vivido de forma cómoda como la verdadera señora de esta familia. — Mientras decía esto, moví la mano y me comí la sopa de papa con una cuchara brillante. El sabor fue maravilloso. El cuerpo de Leona estaba emocionado por esta increíble comida después de comer pan duro toda la semana. —...¡No-No seas ridícula! Vas a irte. ¡No te creo! ¡Estás aquí por dinero! — Así que has oído el rumor. Es así, por eso no puedo irme. Es por el dinero, pero también porque quiero cambiarte. —...¿No puedes irte? ¿No te irás? — Sí. —Mi cuchara ya había vaciado toda la sopa. —...¿En verdad? —Si. No hay forma de que me dejes escapar cuando has pagado por mí. También quiero escapar, con todo mi corazón. Pero quizás sea mejor que solo me echen, tal vez si trato a Rebecca de este modo, ella sea quien termine por expulsarme. Mientras pensaba esto, la puerta se abrió con un fuerte ruido. —Qué espléndido primer día. La niñera corrió hacia mí y me dijo que hiciste un alboroto. — El Duque, con el pelo todo enredado, se me acercó en un instante con una terrible mirada furiosa. Detrás de él estaba la niñera, quien continuaba resentida conmigo. Una mujer con los ojos hinchados, haciéndose pasar por una víctima. —¿Un alboroto? No me parece. —De hecho, lo es— La mirada del Duque se volvió rápidamente hacia la niña.—Mi hija, la dueña de esta habitación, todavía está enterrada entre los muñecos, mientras que tú, quien debe cuidar de ella, ¿estabas comiendo casualmente? Entonces, la conversación que aquellos dos habían tenido fue demasiado obvia, incluso si no la había escuchado por mi misma. El dedo del Duque apuntaba furioso hacia Rebecca. —Oh, eso es cierto. Es bueno que hayas venido. Me parece que su propia niñera ignoró a su hija. —¿Qué? —La niñera de allí, ¿qué dijo? —No tienes por qué saberlo. —Por supuesto, no lo sé. Ella debe haber dicho tonterías. Debe haber dicho que estaba abusando de la niña. Ante aquellas palabras, los labios del Duque temblaron, como si fuera cierto. —¿Estás tan segura de ello? —Sí, porque nunca he abusado de la niña. De hecho, me sorprendí cuando escuché a la niñera decir que ella era la mandamás de esta casa. —¿La mandamás? —La niña también lo escuchó, así que puedes preguntarle directamente. ¿No eres esa clase de padre que confía más en lo que dice la niñera que en lo que dice su hija, o no? El Duque, quien se veía molesto, finalmente se dirigió hacia la pila de conejos de peluche. —Rebecca, dime, ¿quién dice la verdad? —...¡Por qué! ¡¿Por qué estás haciendo un escándalo por mí?! —¿Alguien abusó de ti? —¡No fui abusada! ¡Fue mi idea! Ante las inesperadas palabras, la niñera se acercó a ellos rápidamente. —Señorita, por favor, dígame. Ella estaba abusando de usted, ¿verdad? E-Ella no te dejó salir de aquí, ¿no es así?— La temblorosa voz de la niñera parecía dar una indicación clara de cómo había tratado a la niña todo este tiempo. Con tan fascinante espectáculo, saboreé el pan. —¡Qué! —Tienes que decirme. ¿Esa mujer dijo algo raro mientras yo no estaba? ¿Por qué cambiaste tanto? En el pasado, tanta persuasión habría sido suficiente para que la niña le obedeciera, pero ahora, los ojos de la niñera estaban llenos de vergüenza. Estaba ocupada hablando con Rebecca para probar su inocencia, mientras esperaba ansiosamente y se mordía las largas uñas. —¡No!