Mi Hijo Es Un Villano

Capítulo 1

Mi Hijo Es Un Villano Capítulo 1 Adele le tenía miedo a su propio hijo. Cuando estaba embarazada, pensó en él como una bendición. Pero cuando nació, resultó que era un poco extraño. Desde su nacimiento, su cuerpo siempre estaba ardiendo de fiebre, e incendios comenzarían donde quiera que fuese. En un comienzo, pensó que era solo una coincidencia, pero no. Los incendios lo seguían. Aunque había deseado por un niño, comenzó a sentirse aterrorizada de él. Ni siquiera quería acercársele. Unas pocas veces, tenía tanto miedo que incluso intentó abandonarlo. Pero no importó dónde lo dejara, él siempre volvía. Era espeluznante. Las personas del pueblo lo llamaban un niño maldito y lo excluían. Y de a poco, comenzaron a evitar a Adele también. No tuvo más opción que mudarse de pueblo en pueblo, pero la misma situación se repetía. La una vez fuerte determinación en Adele hace mucho que se había desmoronado. “Esto no puede continuar.” Tembló mientras tomaba su decisión. Esta vez, lo abandonaría sí o sí. Lo dejaría en lo más profundo del bosque, desde donde no podría regresar. Eso resolvería todo. Si él desaparecía, no tendría que huir constantemente. -Ronschka, hoy vamos a dar un pequeño paseo, solo tú y yo. - Dijo, suprimiendo su temblor mientras le tomaba de la mano. Adele temía que intentara huir. Al comienzo, el chico dudó, pero cuando tomó su mano con fuerza, la repentina presión la sorprendió, pero se forzó a mantener la calma, solo por hoy. “Sólo un día más, y seré libre” Sosteniendo su pequeña mano caliente, Adele caminó por un largo trecho. Sus ya desgastados zapatos herían sus pies, pero continuó de todos modos. El chico la siguió tranquilamente. -Bien. Cuando llegaron a un camino descuidado y traicionero, el sonido de un gruñido de animal sonó en la distancia. “Esto es lo suficientemente lejos.” Pensó. Soltó el agarre de su mano para dejarlo ir, pero cuando miró hacia abajo, se sorprendió de encontrar los ojos rojos del chico mirándola fijamente. -Está… bien. - El chico dijo, con su voz baja y temblorosa. -Mamá, puedes dejarme. Adele, sorprendida, retiró su mano bruscamente y tropezando hacia atrás torpemente. -Sostuviste mi mano, así que está bien. – Él dijo, con una sonrisa retorcida. A sus pies, el pasto se quemó de repente en llamas. -Monstruo – susurró Adele, entonces se volvió y comenzó a correr. No miró hacia atrás, demasiado aterrorizada para ver el tipo de expresión que tendría su hijo. Ella solo corrió y corrió hasta que tropezó en una piedra grande. -¡Ah! Cayendo al piso, se golpeó fuertemente la cabeza. A medida que el dolor aumentaba, recuerdos extraños surgieron. Recuerdos de otra vida. Recordó su vida pasada como una mujer ordinaria y moderna, y también una novela que amó antes de morir. Eran los recuerdos de su vida pasada. -¡Ronschka! De repente se dio cuenta. Su hijo era Ronschka, el villano de la novela. El chico, abandonado por su madre abusiva, fue dejado para morir en el bosque. Sobrevivió por poco, pero fue capturado mas tarde por un mago cruel que experimentó en él. Con el tiempo, Ronschka despertó sus poderes y se convirtió en un poderoso mago de fuego. Pero aún con todo su poder, su vida estaba llena de sufrimiento. Tanto intentó aferrarse a algo, cualquier cosa, pero al final, no le quedó nada. Ni siquiera amor. Su madre, su padre accidental, la heroína que amó, incluso su único mejor amigo; el protagonista masculino; ninguno de ellos se quedó a su lado. Adele no sabía porqué renació en este mundo, pero una cosa estaba clara. No odiaba a Ronschka tanto como había pensado. Alguna vez lo amó. No, incluso ahora, aunque lo había intentado negar; la punzada de dolor en su corazón era prueba de que aún se preocupaba por él. Se sobrepuso al dolor y se paró, girándose para mirar atrás. El camino por el que había corrido se veía extremadamente lejos. El bosque oscuro se cernía como un monstruo con sus fauces abiertas. Pero ella tenía que volver. Adele volvió en sus pasos, corriendo tan rápido como pudo. Tropezó y cayó varias veces, pero nunca paró. Le preocupaba el niño que había dejado atrás en el bosque. Ronschka no era un monstruo. Sólo era un niño que había sido amado demasiado intensamente por los espíritus de fuego. “¿Cómo pude ser tan ciega? Él no hizo nada malo.” Adele corría, con su aliento entrecortado. “Por favor, por favor que esté bien.” Cuando finalmente llegó, vio al niño parado con su espalda hacia ella. En frente de él había un oso enorme. El conocimiento sobre osos surgió en su cabeza. No tenía armas ni habilidades para pelear; no había forma de ganar. Huir era la única forma de sobrevivir. Pero no podía. A la vez que la garra del oso bajó, se tiró hacia adelante, protegiendo al niño. Un dolor agonizante cruzó por su espalda. Apretó los dientes para callar el grito y agarró al niño. Sosteniéndolo cerca, agarró su pequeña mano. Era tan pequeña y delgada que daban ganas de llorar, pero ahora no había tiempo para eso. -Ronschka, - dijo firmemente, su voz segura. -Mi niño. -¿M-mamá? Ronschka la miró hacia arriba, sorprendido. -Corre. El oso no lo perseguiría mientras ella estuviera viva. Podría hacer un poco de tiempo para que pudiera escapar al menos él. Le apretó sus manos una última vez y le dejó ir, poniendo todo su corazón en sus palabras finales. -Te amo Ronschka. Lo empujó lejos, sintiendo la presencia amenazante del oso detrás de ella. Sin volverse, forzó una sonrisa. “Sonríe.” Quería que él viera su sonrisa una última vez. Le dio la sonrisa más brillante que pudo poner, incluso cuando el miedo la dominaba. Todo lo que esperaba era que esta memoria no se convirtiera en una traumática para él. Deseó que pudiera olvidar el horror y vivir felizmente. -M-mami… - La voz de Ronschka tembló atrás de ella. Adele se mantuvo firme, bloqueando su paso. -¡Ronschka corre! No mires atrás, solo corre hacia adelante. El oso se cernía frente a ella, enorme y terrorífico. Pero se mantuvo firme, aún con sus piernas temblando. -Corre Ronschka. – repitió con un susurro. Escuchando pequeños pasos atrás de ella, una ola de alivio le recorrió. Finalmente estaba corriendo. Pero el oso no lo siguió. -Se acabó. – Murmuró, al tiempo que sus brazos caían débilmente. Su visión se tornó borrosa por la pérdida de sangre. Pero entonces, algo se colgó a su pierna. Volviéndose lentamente, vio un familiar pelo rojo. -¿Ronschka? “¿Qué haces aún aquí? Necesitas correr. Te dije que corrieras.” Tantas palabras llenaron su mente, pero ninguna salió. -¡N-no me iré! – gritó Ronschka, agarrándose a su pierna fuertemente. -¡Me quedaré con mami! El niño rehusó huir, desesperado por quedarse a su lado. Su corazón dolió, sabiendo lo que seguiría, y las lágrimas cayeron descontroladamente. “Tienes que sobrevivir” Adele intentó empujarlo lejos, pero ya no tenía fuerzas. Había perdido demasiada sangre. Su visión se fue completamente, dejando solo el calor del niño en sus brazos y un río interminable de lágrimas. -Lo siento, mi niño. Con una agridulce sonrisa, le dio un fuerte abrazo, tirados en el piso. “Si te niegas a huir, no te forzaré más. Quedémonos juntos por un momento.” El niño, quizás entendiendo sus pensamientos, dejó de pelear y simplemente metió su cabeza entre sus brazos, sonriendo de todo corazón. -Mamá dijo que me ama. – murmuró. Una madre que lo amaba. No importa el dolor que le esperara, este momento de felicidad nunca se lo podrían arrebatar. Ignorando el leve sonido en la distancia, Ronschka descansó su cabeza en el pecho de Adele.