
Mi Hijo Es Un Villano
Capítulo 4
Mi Hijo Es Un Villano Capítulo 4 -¿Acaso no dijiste que sabías como tratarlo? -No me gustan los niños. El doctor intentó culpar al hombre que le seguía, pero cuando escuchó la respuesta, no parecía que fuese su culpa. -Aún así, debiste haber hecho algo. El doctor tomo aire profundamente y se acercó a Ronschka. -Vamos, comencemos a tratar las heridas. Ronschka puso los ojos en blanco y miró a Adele. Entonces, lentamente sacó afuera su pie. Tenía una actitud completamente diferente después de que Adele despertara. -No creo que su pie sea el único lugar que necesita ser tratado. El doctor subió las mangas de Ronschka. Habían varias heridas, incluyendo marcas de quemadura, rasguños y moretones. -¿Quién le pegó a este pequeño? Ronschka no respondió a la voz que sonó como un suspiro. Hasta ahora, hubieron muchas personas que se preocuparon por él. Pero siempre era temporal. Cuando le veían manipulando el fuego, todos cambiaban sus actitudes. Le llamaban monstruo y huían lejos. Por lo que no le gustaban los extraños. Su apoyo solo era temporal, y siempre terminaba en desastres. Incluso si su madre le llamaba monstruo o le hería con sus palabras, ella era la única persona que siempre se quedó con él. Ronschka tomó fuertemente la mano de Adele, mientras el médico le trataba el pie. -¿Duele? Adele le preguntó a Ronschka. El niño puso los ojos en blanco un momento antes de responder. -Oh, no duele. Las heridas siempre habían estado ahí, así que no había nada de lo que sorprenderse. Así que él respondió que estaba bien. “¡Debo decirle que duele!” Se dio cuenta de repente, pero ya era muy tarde. ¿Qué debería hacer? ¿Podría ser ésta la razón por la que no tiene la atención de su madre? Ronschka miró a Adele ansiosamente. Pero inesperadamente, Adele le siguió mirando. El niño estaba feliz por la persistente mirada. Ronschka sonrió nuevamente. Pero el corazón de Adele dolía cada vez más al ver a Ronschka. ¿Cuántas heridas se habrá hecho para acostumbrarse a algo como esto? Pensando así, sintió que moriría por la culpa. -Los pies están tratados, vamos a mirar otro lado. El doctor observó el brazo de Ronschka. Entonces su abrigo cayó por completo. Adele quería cerrar sus ojos cuando lo vio. Pero no lo hizo. Todo era su culpa, por lo que tenía la obligación de mirar. Viendo la medicina siendo aplicada en el herido brazo del niño, contuvo sus lágrimas. Todo lo que Adele podía hacer era tomar la mano de Ronschka más fuerte. Sería mucho mejor si pudiera enfermar en lugar de él. Pero no funcionaba así. Todo lo que podía hacer era disculparse. -Lo siento, mamá de verdad lo siente mucho. Eventualmente, la voz que salió de Adele, temblaba con culpa. El doctor no notó esto porque estaba tratando al niño, pero Lucas se dio cuenta de los sentimientos que contenía su voz. Él no sabía si ella le había pegado, o si lo había descuidado mientras alguien más le golpeaba; pero era claro que Adele era la culpable. En el momento que se dio cuenta, el odio surgió desde lo profundo de su ser. Se podía ver reflejado mirando al chico que tomaba fuertemente la mano de su madre. La madre que abusaba de él, pero él no podía dejar ir a su madre. Quizás sea por eso. Lucas tomó una decisión impulsiva. Se acercó a Ronschka, que estaba terminando de ser tratado, se arrodilló y le miró. -Cuando tus heridas se curen, ¿te irías conmigo? – le dijo. Ronschka abrió grande sus ojos con cara sorprendida al escuchar esas palabras. -Quizás no sea capaz de darte todo lo que quieres, pero te dejaré crecer bien. No era imposible. Lucas era el hijo mayor de un duque. Aunque estaba un poco indeciso de si podría hacerlo desde que se quedó sin familia, la riqueza que heredó de su abuela le permitió vivir como quisiera. No le podría dar el amor de mamá que Ronschka más quería, pero si podía darle todo lo demás. -Ven conmigo. Los ojos rojos que se habían dirigido a Lucas por un momento miraron a un costado, donde la madre del chico estaba con una cara sorprendida. El niño preguntó: -Claro, ¿con mamá? -No, solo tú. Lucas respondió firmemente. En el momento que dijo las palabras, la expresión de la madre del niño colapsó. Sus húmedos ojos verdes se nublaron, como si estuviera a punto de romper a llorar en cualquier momento. Pero no lo hizo. Mordiendo su labio, aguantó las lágrimas desesperadamente. Numerosas emociones pasaron a través de sus ojos. Y finalmente llegó a una conclusión, sus emociones se calmaron lentamente como un árbol que cae en un lago. -¿S-solo? Ronschka miró sorprendido. Entonces su cuerpo comenzó a temblar como un álamo. -¡Ah, ah, no! Eh, ¡con mamá! -No, con tu madre. -¿Porqué, porqué? Ronschka tartamudeó más de lo normal con una voz desconcertada. Sabiendo que el niño estaba avergonzado, Lucas no cambió de idea. Solo intentaba convencerlo. -Porque te hará daño. -No, ¡No duele! Ronschka exclamó como gritándole. Sus pequeñas manos se tensaron, agarró las manos de Adele. No era suficiente, así que agarró el brazo de Adele fuertemente y se colgó a ella con todo su cuerpo. El niño quería que su madre le dijera que ella nunca lo dejaría, pero no dijo nada. Estaba aterrorizado. Estaba en problemas ahora. Así que ¿qué podría hacer para no ser separado de su madre? Ronschka giró su cabeza desesperadamente, y entonces llegó a una conlcusión. Pensándolo bien, Lucas no sabía que él era un monstruo. Así que si se lo mostraba, definitivamente cancelaría sus planes de separarlo de su madre. -¡Y-Yo soy un monstruo! Después de gritar esto, cerró sus ojos fuertemente. Pensó que ahora Lucas lo maldeciría como otras personas, pero no podía oír ninguna voz. Cuando abrió sus ojos con duda, Lucas estaba incluso más cerca que antes. Su cara, que había estado neutra todo el tiempo, ahora estaba distorsionada mirando a Ronschka. -¿Porqué piensas eso? -¿Qué, cómo? -¿Acaso no dijiste que eras un monstruo? Ronschka dudó ante la pregunta, y entonces susurró. -Boo, fuego. Tan pronto como dijo las palabras, una pequeña llama apareció frente a los pies de Ronschka. -¡Ahh! ¡Un incendio! Viendo esto, el doctor gritó en sorpresa y corrió rápidamente en busca de agua. Adele, por otro lado, lo abrazó más fuerte como si lo estuviese protegiendo con una expresión calmada. Lucas observó el proceso de cerca. El incendio fue apagado rápidamente, pero dejó al doctor sospechando de él. Abandonó su conducta amigable y desconfió de Ronschka. Para Ronschka, era una rutina diaria. Ninguna persona que se había acercado a él por interés se había quedado a su lado. Solo había una persona que siempre había estado con él. Adele, su mamá. La única que le causaba dolor y la única que le daba alegría era una única persona. Aunque ella lo odiara, nunca le escupió o le pegó como todo el resto. Así que la actitud del doctor no era inusual. No estaba dolido por sus acciones. Ahora el niño solo estaba feliz en los brazos de su madre que le abrazaban fuertemente. Entonces, Lucas se acercó y escaneó el piso buscando marcas del incendio. Entonces le preguntó a Ronschka. -¿Tú lo hiciste? Ronschka replicó: -Lo puedo hacer porque soy un monstruo. “¿Estás asustado ahora no? No me llevarás más ahora ¿a que no?” Le dijo tan amenazadoramente como pudo, con esas intenciones, pero la expresión de Lucas no cambió. Miró a Ronschka con una expresión desconocida y abrió su boca nuevamente. -Tú… tú tienes el regalo de los espíritus. Tan pronto como Lucas dijo esas palabras, el brazo de Adele, que había estado sosteniendo a Ronschka fuertemente, perdió su fuerza. Por primera vez, había una persona que reconocía el poder de Ronschka y también se había ofrecido a cuidar al niño. Sabía qué tan inhumana la gente podía ser, de su vida pasada y la presente; pero tenía el presentimiento de que quizás, ésta era la persona correcta. Quizás Ronschka estaría mejor con alguien más que ella, que no fuese una pecadora como ella, y que reconocería a Ronschka y lo haría feliz. Ronschka estaba aterrorizado ahora que la mano de su madre había caído. -Eh, ah, ¿mamá? Ronschka sacó voz de ningún lado y le preguntó sinceramente. -Mamá, ¿v-vas a abandonarme? En el bosque, la persona que no se había rendido con él había cambiado ahora. Ronschka aún recordaba lo dulce que se había sentido y no se pudo rendir tan fácilmente. Ronschka dijo con una sonrisa: -Y-ya no lloraré. También como poco arroz. Voy a hacer un buen trabajo y nunca te molestaré. El niño nombró desesperadamente las razones que pudo dar para que se quedara con su madre. “Solo necesito comer un poco de arroz una vez al día. No tiene que dármelo todo si es muy difícil.” Aunque su estómago dolería más tarde, podía sobrevivir sin ello. Nunca había funcionado antes, pero lo había visto a menudo. También podría ayudar a su madre a trabajar de alguna manera.