
No quiero ser un ojakgyo
Capítulo 6
—Ugh... Urgh... —¡¡Shushu! ¡Shushu, despierta! ¿Estás bien?! Abrí los ojos con pesadez y vi a mi hermano mayor, Harun. ¿Dónde estaba...? Me aferré a la consciencia en cuanto mi cerebro volvió a funcionar. Ah, cierto, estaba yendo a la academia en carruaje. Al parecer me había quedado dormida. Sentía como si hubiera tenido un sueño escalofriante. Aunque no recordaba del todo la trama original de la historia que había visto en el sueño, tenía la sensación de que iba a vomitar. Mi hermano me miraba con una expresión preocupada. —¿Tuviste una pesadilla? Tu rostro estaba muy pálido mientras dormías. Hestia, sentada a mi lado, también me miraba con el ceño fruncido. Pasó los dedos por mi brazo y abrió la boca para hablar. —Mira, hasta se te puso la piel de gallina. Debió ser algo muy feo... —...De verdad fue aterrador. Mis manos temblaban mientras tomaba la mano de Harun, que estaba sentado justo enfrente. Sorprendido y enternecido por el contacto repentino, me sostuvo la mano sin soltarla. Pero al ver su expresión, le quité la mano de inmediato. Sentía que si no lo hacía, volverían los escalofríos. —Shushu, llegamos a la academia mientras dormías —dijo Hestia sonriendo mientras abría la ventana del carruaje. Mi cabello estaba todo revuelto por el sueño, así que pasé los dedos por él para ordenarlo un poco. Luego me lavé la cara con una piedra mágica de agua. —No llegamos tarde, ¿cierto? Hestia ladeó la cabeza y me preguntó. Negué con la cabeza. Bajé rápidamente el equipaje del carruaje, que tenía encantos de ligereza, y descendí sin esperar a un escolta. —¿Alguna vez me has visto llegar tarde? Tenemos tiempo de sobra, no te preocupes. El cochero se paró para ayudarme con el equipaje, pero se quedó confundido al ver todo ya en el suelo. Hestia, por su parte, esperó a que mi hermano le ofreciera la mano para bajarse del carruaje. Esperé a que descendiera con calma y entregamos nuestras pertenencias encantadas al encargado de los terrenos. —El encargado nos dará toda la información, solo hay que seguirlo —nos dijo Harun, que ya llevaba dos años en la academia, y luego se fue hacia el dormitorio masculino. Antes de seguir al encargado, me detuve por un momento. Observé el paisaje del campus. A lo lejos, se veía un cartel elegante con el nombre de la escuela: "Academia Augran". Junto al letrero había una fuente con una estatua de bronce de un dragón negro majestuoso. Sus ojos estaban hechos con gemas que cambiaban de color según la luz. La Academia Augran, con una entrada tan impresionante, estaba ubicada en el centro del país y era una escuela para los ricos. Dado que las familias acomodadas se concentraban en la ciudad capital, incluso si el ingreso se hacía por méritos, era natural que la mayoría de los estudiantes fueran adinerados. Hestia y yo vivíamos cerca de la capital, así que por eso fuimos asignadas a esta escuela. Como la mayoría de estudiantes eran ricos, también había una gran cantidad de patrocinadores. Naturalmente, hasta el encargado del campus era una persona culta y con un buen salario. El atuendo bien cuidado del encargado olía a dinero. Por supuesto, no era un aroma que me disgustara. Admiré el ambiente de opulencia del lugar y lo seguí.