Princesa revolucionaria Eva

Capítulo 2

Eva se encontraba una vez más a solas en su fría celda. Mikael insinuó que volverían a verse. Sus palabras se repetían en su mente. “Seguiremos con esta conversación más tarde…” Seguro se refería a hablar sobre la ejecución. Su celda era llamada “la pajarera”. Se decía que nadie que fuera aprisionado ahi, salía con vida. Obviamente, las palabras de Mikael querían decir que Eva moriría ese mismo día. Aunque ya se había acostumbrado a tener pensamientos solitarios y aterradores, de todas formas sus manos comenzaron a temblar. Click clack click clack… El sonido de unos tacones le advirtió que se acercaba otra visita. Esta vez, se trataba de una mujer de cabello rubio, usando un lujoso vestido y una bata de pieles. Se acercó hacia las barras de la celda, dejando ver un rostro que parecía bastante complacido. “Ha pasado mucho tiempo, querida hermana.” “Ah… Rosita. Si, ha pasado mucho tiempo.” Desde que era niña, a Rosenída se la conocía como “la rosa blanca del imperio”. Aún con el paso del tiempo, su belleza no había disminuido. La familia imperial yacía en ruinas, las cabezas de sus padres y sus hermanos habían rodado por el suelo y aún así, no se podía notar ni una sola arruga de preocupación en el rostro de Rosenída. Todo lo contrario, se veía emocionada–como si hubiese conseguido todo lo que siempre había deseado. Eva sabía que era inutil criticar su falta de decoro. Rosenída era una princesa simple, cuyo mundo era un hermoso jardín de rosas, y Mikael se encontraba en el centro de ese jardín. Notó que el vestido de Rosenída había sido diseñado para una mujer embarazada, y podía notarse un leve bulto en su estómago. Esto captó por completo su atención, y con ojos sorprendidos exclamó. “¡Santo cielo, Rosita! ¡Realmente estás embarazada!” “Si. Estoy esperando al hijo de Mikael.” “¿De Mikael?” preguntó Eva con incredulidad. La fuerza vital de los homúculos provenía de la alquimia, así que si bien eran capaces de mantener relaciones sexuales, estos eran infertiles. Esta era otra de las maneras que la familia imperial abusaba de ellos, al tratarlos como simples juguetes sexuales. Rosenída noto la duda en la mirada de Eva y le respondió brutalmente. “No me crees. ¿Crees acaso que dormí con otro hombre para poder tener este bebé? “¡N… no, no pensaba eso, lo juro! Es que simplemente no sabía que era físicamente posible.” “Bueno, tienes la evidencia delante de ti, ¿No es así? Ya deberías saber que la piedra filosofal tiene un gran poder. Nada es imposible si se la utiliza. ¡Mikael y yo somos los padres del niño que llevo dentro de mí! Nuestro amor finalmente ha rendido frutos. La voz de Rosenída se volvía cada vez más agresiva, como si se estuviera enfrentando a un enemigo personal. “De acuerdo, de acuerdo…” dijo Eva, cediendo ante el elevado tono de Rosenída. Eva trató entonces de responderle de manera gentil. “Si buscas a Sir Agnito, salió en tu encuentro hace unos instantes. Por poco te cruzas con él.” “No. He venido a verte a ti.” “¿A mi? ¿Para qué? “Escuche que te ejecutarán el día de hoy. Vine porque estaba preocupada por ti.” A pesar de sus palabras, Rosenída no se veía para nada alarmada. “Así que es hoy…” murmuró Eva, sobrecogida al escuchar la confirmación de la fecha. Rosenída, sin embargo, no se detuvo mientras hablaba. “¿Sabes cómo fue que ejecutaron a nuestro padre y a nuestros hermanos? “¿Cómo puedes preguntarme algo así en este momento?” “Supongo que no lo sabes, entonces. ¿Acaso no te da curiosidad? ¿Quieres intentar adivinar?” “¡¿Cómo se te ocurre preguntarme algo tan inapropiado?!” “¡Oh, cielos! No tienes porque enojarte. Alterarás al bebé. Simplemente he venido a darte algo de información, eso es todo.” “Realmente no quiero enterarme.” “Sería mejor que lo supieras.” Eva decidió no continuar, pero Rosenída tenía la intención de decir lo que ella quería decir, pese a todo. “Los miembros de nuestra familia fueron ejecutados por sus caballeros personales. Mikael consideradamente les permitió a los de su especie, el placer de matar a sus más odiados enemigos con sus propias manos.” “¿Sus caballeros personales…los mataron?” “En efecto. La venganza corrió libre por el palacio. Cada ejecución imperial fue extremadamente cruel. La de Brígida fue la peor–fue quemada viva. “¡Quemada…!” Morir en llamas, era la forma más dolorosa de morir que a Eva se le podía ocurrir. Esto la hizo estremecer notoriamente. Aunque había aceptado que el destino de los miembros de su familia era el justo castigo por sus pecaminosos crímenes, le era difícil mantener la compostura ahora. Rosenída sonrió para sí misma mientras veía a su hermana temblar. Pobre e inocente Eva. Seguramente te imaginabas una muerte rápida e indolora, como con una guillotina. “Mi pobre hermana, esto ha de ser una gran sorpresa. ¿Te encuentras bien?” “...” Sus palabras eran de poco consuelo–aunque tampoco trataba de consolarla realmente. Eva respiró profundamente, e hizo un esfuerzo para poder hablar sin titubear. “Pero yo… yo nunca he tenido un caballero personal.” “Aun así, no puedes ser tan ingenua como para pensar que no hay por lo menos un caballero homúnculo que sí te guarde rencor.” “No… por supuesto que no.” “Si, exactamente. De hecho, el homúnculo que te acompañará en tú ejecución ya ha sido seleccionado.” Eva no pudo evitar preguntar. “¿Quién es?” “Mikael.” “...” Eva sintió un nudo en el estómago al escuchar su nombre. “¿Él… será quien me mate?” ¿De todos los homúnculos, Mikael sería su verdugo? ¿Acaso tanto la odiaba como para querer acabar con ella personalmente? Después de pensarlo por unos instantes, Eva se dio cuenta de que era posible. Mikael odiaba profundamente a toda la familia imperial. Seguramente ella, no era la excepción. Quizás era su negación a elegir un caballero personal lo que hacía que la odiara aún más–después de todo, ¿No era una hipócrita de su parte no haber hecho nada real para mejorar el sistema? La hipocresía podía engendrar un odio aún mayor que los simples malos tratos. “Bueno… supongo que puedo comprender porque me odia tanto.” “...Exactamente. Mikael realmente te odia. Él te odia tanto, tanto.” Los ojos de Rosenída se oscurecieron a medida que sus dedos apretaban con fuerza la pequeña botella de cerámica que escondía bajo su ropa. “¿Quieres saber cómo serás ejecutada? “Detente, Rosita. Te lo ruego. No quiero escuchar nada más.” “No. Debes escuchar esto. Tú método de ejecución será la decapitación.” “¡...!” La decapitación en el imperio Hadelamída era una forma de morir bárbara y brutal. El hacha del verdugo estaba intencionalmente desafilada. Era en los hechos, más bien un arma contundente. No había verdugo que pudiera matar a una persona de un solo golpe. Solía llevar por lo menos cinco o seis golpes, y en ocasiones hasta diez golpes no eran suficientes como para matar a la víctima del todo. Nadie en su sano juicio podía siquiera imaginar tanto dolor. “No… no…” Eva tembló violentamente de miedo. Rosenída casi no podía ocultar lo satisfecha que se sentía con esto. Con apariencia angelical, le susurro en tono empalagoso, “No te preocupes. Por eso estoy aquí para ayudarte. Toma esto.” “¿Qué… es esto? Rosenída le dio una botella de cerámica como si fuera un perfume caro. Su voz tranquilizadora, llenaba la cabeza de Eva. “Esto es veneno de belladona. Te dará una muerte rápida y sin dolor.” “¡...!” “¿No es esto preferible a sufrir una ejecución tan dolorosa como la decapitación?” “...” El corazón de Eva palpitaba fuerte ante lo que parecía ser un gesto tan generoso por parte de Rosenída. Le tomó respirar hondo varias veces antes de poder volver a hablar. “G… gracias, Rosita.” “Era lo menos que podía hacer.” “Manipular este veneno estando embarazada… no puedo creer que te arriesgaras así por mi. Yo… me encargare del resto. Beber este veneno es mi propia decisión, así que te ruego que no te sientas culpable por ello.” “Por supuesto… ¿Por qué lo haría?” Eva no notó el malicioso tono de su hermana. Todo el tiempo que había pasado en la pajarera y además el terror que sentía ante su brutal muerte, llenaban sus pensamientos, no dejando espacio para nada más. “Bueno… me despido de ti, Rosita.” “Si, adiós, hermana.” Pero a pesar de despedirse, Rosenída no se marchó. Continuo ahí de pie, observando a Eva. “Ah, este… ¿No te irás, Rosita?” “¿A qué te refieres? ¿Cómo puedo irme si todavía no te has bebido el veneno?” Rosenída se estaba impacientando. “Necesitas que haya alguien aquí para acompañarte mientras te vas, querida hermana.” Llegó invisible a pasar sus manos a través de las rejas y destapó la botella ella misma. “Listo. Ahora bebe.” “...” “Adelante.” Rosenída la presionaba como si estuviera apresurada, o quizás como si su objetivo se encontrara tan solo al alcance de la mano. Bajo circunstancias normales, Eva ya se habría dado cuenta que algo no estaba bien. Pero ahora, sin embargo, no estaba en sus cabales. “Oh…” Un aroma empalagoso pero agradable surgió de la botella abierta, invitando a que lo bebiera. El aroma era tentador, mágicamente irresistible. Abrumada por el encantamiento de atracción lanzado sobre la botella, Eva se llevó el veneno a sus labios sin pensárselo dos veces. Tragó el líquido color marrón. ¡Clunk! “¡Argh!” El veneno destilado de belladona hizo efecto de forma inmediata. Por lo menos… es veloz… Sus ojos color ámbar comenzaron a nublarse y su visión se oscureció. Su aliento se enlenteció y se desplomó sobre el suelo, inmovil. Rosenída se inclinó hacia su hermana, observando su cuerpo moribundo. “Querida hermana mía, ¿Sabes lo que significa la belladona?” “...” Eva sabía la respuesta. En el lenguaje de las flores, la vil belladona tenía un significado muy específico, “Te maldigo.” ¿Pero por qué decirme esto ahora? Eva se preguntaba esto, mientras su vida se desvanecía. Y entonces, obtuvo su respuesta. “¿Estás muerta? “...” “¿Y ahora estás muerta?” “...” “¿Finalmente estás muerta, no es así? “...” El júbilo en la voz de Rosenída era inconfundible. “Ja, jaja…” “...” “¡Jajaja! ¡Lo logré! Contigo muerta, ya no queda ningún obstáculo en mi camino. ¡Soy la única que queda! ¡Mikael es todo mío, y será la emperatriz indiscutida! ¡Es todo mio! ¡Ajajaja!” Su risa maníaca resonaba por toda la celda. ¡¿Rosita… que…?! Finalmente Eva logró darse cuenta que algo estaba muy, muy mal. Pero el veneno no le permitió el tiempo suficiente para completar sus pensamientos. “Muchas gracias por morir, mi ingenua y estúpida hermana.” “...” Esa cruel y rencorosa despedida fue lo último que Eva escuchó antes de respirar por última vez. Su media hermana la había engañado y envenenado. Ese fue el desenlace de Evianrosa Chloella Hadelamída, a sus 27 años. Traductor: Johnnie Matchlock Proofreader: Melinoe INVICTUS