
Princesa revolucionaria Eva
Capítulo 5
“Querida hermana mía, ¿Sabes lo que significa la belladona?” Al principio, la voz de su hermana tenía una amabilidad angelical. Pero luego su tono había comenzado a destilar un oscuro y amenazante veneno. “¿Finalmente estás muerta, no es así?” La mente de Eva se despertó de repente, llena de pensamientos confusos. ¡Rosita! ¿Por qué? Sentía que la habían traicionado. Se dio cuenta demasiado tarde que algo no estaba nada bien. ¿Rosita, cuál era tu verdadero objetivo con todo esto? En el momento en que destapó la botella, sintió un irresistible impulso a beber sus contenidos. En retrospectiva, debía tratarse de un hechizo de tentación. Mikael te había elegido a ti. Tu ibas a ser el único miembro de nuestra familia que quedara con vida. ¿Por qué intentarías…? ¿Será que…? Entonces los confusos pensamientos de Eva se centraron en una idea. Puede que Rosenída fuera simplemente una cautiva a la que Mikael mantuviera con vida para poder acceder al poder de la piedra filosofal. Pero con una sola cautiva, él estaría vulnerable ante distintas situaciones–Rosenída podría traicionarlo o fallar darle un heredero. Mikael necesitaba alguna especie de seguro. Mikael me encerró en la pajarera, no en una celda subterránea. Quizás su plan era el mantenerme bajo llave y usarme como una especie de respaldo. Pero Rosenída es una niña celosa–nunca permitiría tal cosa. Las cosas se volvían más claras. ¡Debe haber estado mintiendo cuando dijo que moriría hoy mismo, que me decapitarían, y que Mikael iba a ser mi verdugo! ¡Estaba tratando de asustarme para que bebiera el veneno! Su momento de claridad era bastante irónico. Sus pensamientos habían estado nublados cuando se enfrentaba al horror de una muerte segura, pero rápidamente se habían ordenado una vez que ya había muerto. Todo había sido una trampa. ¡¿Cómo pudo hacerme esto?! ¡¿Como?!… ¡¿Cómo?! Su cuerpo se retorcía de indignación. No podía mantener los ojos cerrados ante tanta furia y remordimiento. Y… de manera sorprendente, los ojos de Eva se abrieron súbitamente. “¡¿Qué…?!” Las lágrimas que habían brotado de sus moribundos párpados bajaron corriendo por su rostro, ella miró hacia arriba y vio un techo que le resultaba familiar. ¿Mi… habitación? Eva estaba totalmente desconcertada. ¿Qué está sucediendo? ¡Pero… yo morí! La adrenalina corría por su cuerpo, su corazón le latía tan fuerte dentro de su pecho que temía que fuera a estallar. Esta dolorosa sensación de sobresalto no era algo que su cuerpo debería estar sintiendo después de haber sido envenenado con belladona. “¿No… estoy… muerta?” Su voz sonaba y se sentía normal. El veneno debería haberle paralizado las cuerdas vocales, y sin embargo, ahora podía hablar sin problemas. Parecía que realmente estaba con vida. Dejó que su respiración se calmara poco a poco, frenando sus asustados y espasmódicos movimientos. Aunque su mente todavía se encontraba confusa y aturdida. ¿Y dónde estoy ahora? La habitación le parecía conocida, pero no era su celda o la recámara que tenía antes que la encerraran. Tenía un papel tapiz color vino, muebles de nogal oscuro, y cortinas de seda gris. Era la habitación más oscura y lúgubre del palacio imperial, y era la habitación que Eva había utilizado hasta que había cumplido los veinticinco años de edad. ¿Pero que…? ¿Por qué esta habitación? ¡Ya no existe! La comenzaron a utilizar como depósito luego de la mudanza, hace dos años. Eva se quedó mirando el techo, tensionada por estar tan confusa. Hm… está bien… tengo que calmarme. No parece que esto sea un sueño o una ilusión… me pregunto si… pero no. No es posible. Quizás estoy delirando por todo el abuso que sufrí en la celda. Pasé demasiado tiempo obsesionada con la idea de volver atrás en el tiempo y volver a empezar. Se decidió averiguar cuál era la realidad de la situación, aunque era probable que simplemente se hubiera vuelto loca. Eva había desarrollado ciertas habilidades mágicas menores, así que enfocó su mente y se centró en el maná que la rodeaba. No parece haber ninguna magia ilusoria. Eva se levantó cautelosamente de la cama y se detuvo frente a un espejo de cuerpo entero. Casi dejo escapar un grito. ¡Dios mío! Una joven muchacha le devolvió la mirada, tenía no más de dieciocho o diecinueve años. Se tocó la cara, no podía creer lo que estaba viendo. Sus mejillas estaban regordetas como las de un bebé. Llevaba su pelo rubio-lima atado en una trenza despeinada. Era el estilo anticuado y desaliñado que siempre usaba cuando estaba demasiado ocupada con sus estudios de alquimia para peinarse correctamente. Todo era demasiado detallado como para ser una ilusión creada por alguien utilizando magia. Comenzó a formular distintas hipótesis. ¿Realmente he regresado a los días de mi niñez? Quizás todos los remordimientos y la desesperación que vivió en su celda habían hecho que sucediera un milagro verdadero. No puedo creerlo. Realmente debería preguntarle a mi maestra si tengo la posibilidad de hacerlo. Esto no era algo que Eva pudiera descifrar por sí misma. Viajar atrás en el tiempo excedía las posibilidades de lo que la magia y la alquimia podían lograr. Solo alguien que estuviera al nivel de un sabio, podía tener alguna posibilidad de encontrar algún indicio que explicara lo que había sucedido. No obstante, esto era una gran oportunidad, y ella sabía que debía aprovecharla en lugar de quedarse pensando sin hacer nada. Eva soltó su largo cabello y se miró detenidamente en el espejo. Esto es real. Y eso significa que lo primero que debo hacer es… Los ojos color ámbar que le devolvían la mirada, brillaron con determinación. …Volverme la princesa heredera. * Eva había recién terminado de organizar sus pensamientos cuando una sirvienta de cabello castaño claro hasta la altura de sus hombros, entró en la habitación trayendo el té de la mañana. Era la sirvienta personal de Eva, Sedela. “Se ha levantado temprano, su alteza. ¿Confío en que haya dormido bien?” “Oh, Sedela. Buenos días. Te ves muy…” “¿Si, mi señora?” “...Muy jovén esta mañana.” “¡Oh cielos, entonces debe haber surtido efecto el tratamiento con miel que utilicé ayer en la noche!” Viendo a Sedela tán joven frente a sus ojos, Eva decidió aceptar que todo esto era real. Lo más importante ahora era averiguar “cuándo” era que se encontraba ella. Eva bebio un sorbo del fuerte té negro y pregunto, “¿Sedela, que importantes eventos tenemos esta semana? “Oh, nada importante. La siguiente semana será muy ajetreada, sin embargo. Es el cumpleaños número dieciocho de la octava princesa, su alteza Rosenída.” Precisamente el cumpleaños de la media hermana que la había envenenado. Eva se entumeció por un momento, pero luego centró su atención en el hecho que era el cumpleaños número dieciocho de Rosita. La octava princesa era tan solo un año menor que Eva. Si ella tendría dieciocho años en dos semanas, entonces Eva en este momento tenía diecinueve años. Eva tenía veintisiete años cuando murió. Increíblemente, era ahora ocho años más joven. “Vaya, que cosas.” dijo maravillada. Era un poco raro decir eso, pero Sedela se rió como si lo entendiera. “Si. Es un gran día, sin dudas. ¡El décimo octavo cumpleaños de un príncipe o de una princesa es muy especial! Es el día en que pueden escoger a su caballero homúnculo personal a través de la ceremonia de selección, ¿No es así?” “Oh, claro. La ceremonia de selección.” “Es la más grandiosa de todas las ceremonias del palacio imperial, y todo el mundo desea poder ser parte de ella. Elegir a un homúnculo para que sea tu caballero personal, ligados tan cerca que parece que sus almas están entrelazadas–que gran momento en la vida de una princesa.” “Si, por supuesto.” respondió Eva sin darle importancia. Si su memoria no le fallaba, Rosenída reemplazaría al caballero que escogería en esta ceremonia tan solo tres años más tarde, dejándolo por Mikael. En el pasado Eva habría dado fin a la conversación con un comentario despectivo tan pronto se mencionara la ceremonia de selección, pero ahora ella era diferente. Eva dejó que Sedela siguiera hablando. “Se dice que varios homúnculos han estado intentando acercarse a la octava princesa para poder ser ellos los elegidos. Después de todo es ella la “rosa blanca del imperio”, así que sería un gran honor convertirse en su caballero personal.” “Rosa blanca del imperio, mi trasero. Es más bien la belladona del imperio.” “¿Disculpe?” “¿Oh, decías? ¿Por qué te detuviste, Sedela?” preguntó Eva inocentemente, dando un sorbo a su té para esconder la mueca en su boca. “Oh, no es nada, mi señora. Bueno, tengo información muy interesante. Aparentemente, la princesa ya tiene a cierto homúnculo en mente.” “¿Y de quien se trata?” “Un homúnculo llamado Silvestiano. ¿Recuerda a ese homúnculo de cabello plateado que estuvo al frente del desfile militar a comienzos del año? Es él.” “Interesante.” La información de Sedela era acertada. El nombre del caballero homúnculo que Rosenída había explotado durante tres años, para luego abandonarlo, era Silvestiano Milardo. Era un consorte adecuado a los gustos de la rosa blanca del imperio. Si bien era famoso por su habilidad excepcional con la espada y la magia, también era poseedor de un brillante cabello plateado, algo muy poco común entre los homúnculos que mayormente eran de cabello oscuro. Cómo eran utilizados como ornamentos, a menudo se valoraba más que los homúnculos tuvieran apariencias únicas por sobre sus habilidades, así que su cabello plateado era muy valioso. Pero ni siquiera yo había estado al tanto de esto en mi vida previa. ¿Cómo es que lo sabe Sedela? Eva sentía curiosidad sobre como Sedela supo los detalles de la ceremonia de selección de Rosenída con tanta antelación. “¿Sedela, donde escuchaste esta información?” “En el Tiempo de Hadelún.” “Oh, esa revista de chismes…” Era un tabloide que sensacionalizaba los detalles de las vidas privadas de los miembros de la familia imperial. Eva puso una mano sobre el hombro de Sedela. Esta se tensionó. “¿Estás suscrita?” le preguntó Eva. “¿Disculpe? Bueno, si…” “Bien. Asegúrate de mantenerme al tanto si lees algo interesante. Resultará de gran ayuda.” “¡Oh, claro! Será un placer. ¡No me perderé ni un solo detalle!” Sedela estaba muy feliz de que la felicitaran. Había pensado que la regañarían por perder el tiempo. Eva sonrió amargamente mientras se llevaba la taza de té a los labios. Comenzaba a darse cuenta que en su vida pasada había sido demasiado estricta con su sirvienta personal, actuando como si fuera una severa institutriz. Seré más flexible esta vez. Ya no seré una sabionda prejuiciosa, que se mantiene apartada de los demás. Traductor: Johnnie Matchlock Proofreader: Melinoe INVICTUS