Princesa revolucionaria Eva

Capítulo 6

Las ambiciones de una princesa que obtuvo una segunda oportunidad Eva terminó su té de la mañana y enjuagó su boca con agua. Sedela comenzó a hablar cautelosamente. “Sabe, mi señora… hay muchos homúnculos que desearían servirle a la séptima princesa, Evianrosa.” “¿Estarían dispuestos a ser el caballero personal de una princesa como yo, que no cuenta con ningún tipo de apoyo? Tonterías. Quizás no deberías creer todo lo que lees en el Tiempo de Hadelún.” “No, no, esto no es del Tiempo de Hadelún. Esto lo sé, por lo que he observado y escuchado. Mi señora tiene muy buena reputación entre los homunculos.” “Ah, eres una mucama personal tan leal, Sedela. Me temo que por eso, me tienes en tan alta estima.” “Pero es que es cierto…” “Puede que no tenga muchos recursos, pero prometo cuidar de ti, Sedela. Si tengo éxito, prometo que te compraré una linda casa en la ciudad, te conseguiré un alto puesto en palacio, y te conseguiré un buen esposo. ¿Confías en mí, verdad? Solo ten un poco de paciencia.” “Mi señora, por favor, hablo en serio. No estoy bromeando.” “Yo también hablo en serio.” La conversación estaba cambiando de tema, así que frustrada, Sedela decidió decir lo que tenía en mente de manera más directa. “Lo que quiero decir es que sería maravilloso si usted eligiera a un caballero personal también, mi señora.” “...” “¡Oh! Lo… lo lamento, mi señora. No debería haber dicho eso…” “Esta bien.” Eva negó con la cabeza de forma tranquilizadora. No quería enojarse con Sedela, y no solo porque había prometido volverse más flexible en su segunda vida. Aún en su primera vida, Eva no se habría enojado con Sedela. “Sé que de verdad te preocupas por mi, Sedela. Lamento ser tan obstinada a veces.” “Mi señora…” En realidad, Sedela era muy importante para Eva. Era la única persona en el palacio que se había rehusado a irse de su lado, a pesar de todas las tribulaciones (físicas y mentales) que había tenido que sufrir en nombre de Eva. La posición de Eva en la familia imperial, era profundamente baja. Principalmente se debía a su trasfondo familiar. La madre de Eva, había sido una alquimista ordinaria, que vivía recluida en la tranquilidad del bosque, entrenando por su cuenta en las artes alquímicas. Si bien ni siquiera se había registrado con la Asociación Imperial de Alquimia, estudiando por su cuenta en el bosque había progresado impresionantemente. Probablemente se habría convertido en una gran sabia, si no fuera porque el emperador se fijó en ella cuando estaba de inspección y la trajo consigo al palacio como su sexta emperatriz consorte. A la aristocracia, en general no le hizo mucha gracia la existencia de una emperatriz consorte que viniera de un ambiente rústico, que fuera una plebeya, y que ni siquiera se hubiera registrado con la Asociación Imperial de Alquimia. Al final, a la madre de Eva le fue imposible lidiar con la sofocante vida que le imponía el palacio imperial, y falleció poco antes de que Eva cumpliera los siete años de edad. Cómo perdió a su única fuente de apoyo a tan tierna edad, Eva se tuvo que valer por sí misma. Pero si mi linaje fuera el único problema, eventualmente se podría haber superado. No podía ser eso lo único les molestara. La madre de Eva había sido una alquimista que creaba golems, criaturas sin alma hechas a partir de arcilla que no tenían pensamientos ni voluntad propia. Ella creía que todos los seres pensantes eran valiosos y debían ser respetados por igual. Al criarse bajo la influencia de su madre, Eva también creía que los homúnculos no eran diferentes a los humanos. Sin embargo, sus ideales no le sirvieron de mucho dentro de la familia imperial. Eva no era una oradora particularmente hábil o una política, pero argumentaba a favor de un mejor trato para con los homúnculos siempre que surgía el tema. Además, se rehusó a seguir la importante tradición imperial de seleccionar a un caballero personal. Todo este antagonismo, hizo que fuera la oveja negra del palacio imperial. Hasta los funcionarios del palacio la trataban con desdén. Cada vez que se asignaba el presupuesto, a Eva le daban fondos que eran apenas suficientes para poder atender sus necesidades. Solo siendo mucho más frugal que la mayoría de las damas de la nobleza, le era posible seguir viviendo en el palacio. ¡Cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de todos los problemas que le he traído a Sedela! Sedela consideraba que la situación de Eva era muy frustrante, y que la naturaleza contraria de la princesa solo empeoraba las cosas. Si tan solo Eva hubiera seguido las tradiciones imperiales y aceptado tener un caballero personal, habría podido congraciarse con el emperador Desmondo II, y entonces recibiría tratamiento propio de una princesa. Muchos miembros de la familia imperial querían que Sedela trabajara para ellos, en lugar de mí. Al lograr asistir con éxito a la infame séptima princesa prácticamente por cuenta propia, las habilidades de Sedela se volvieron muy conocidas, y muchos príncipes y princesas le habían hecho ofertas para que fuera a trabajar con ellos. Pero ella se quedó al lado de Eva hasta el mismísimo final. Eva solo podía aferrarse a la vida en palacio porque Sedela estaba siempre a su lado. Pero no haré lo mismo esta vez. Eva había aprendido por las malas que ser sabia y tener razón, eran dos cosas diferentes. Había pagado un alto costo por su necedad. No podía permitirse cometer los mismos errores. Durante su primera vida, solo le había causado dolor y frustración a Sedela. Nunca volvió a ver a Sedela despues de la caída de la familia imperial y su encarcelamiento. Escuchó por parte de uno de los guardias que habían expulsado a Sedela del palacio sin lastimarla, pero era poco consuelo saber que había logrado escapar de la muerte. Imaginarse todas las penurias que Sedela debe haber pasado después que la expulsaran, sola y sin apoyo… hacia que a Eva se le rompiera el corazón. Estos amargos recuerdos, cayeron sobre ella como una ola de angustia. Eva tomó firmemente las manos de Sedela, y le dijo con rostro serio, “Esta vez voy a cuidarte, lo juro.” “¿Mi señora?” “Lo juro. De verdad.” “Ah… em… Le agradezco. Mmm… ¿Sabe algo, mi señora? “¿Si, Sedela?” “Quiero que sepa, que si a usted le va bien, a mí también me irá bien.” “...” Eva estaba tratando de que Sedela comprendiera la gratitud que sentía hacia ella, y Sedela había volteado la conversación nuevamente hacia Eva. Con lágrimas en los ojos, y una enorme sonrisa, le dijo, “¿Sabes que? Tienes razón. Prosperemos las dos, Sedela.” “¡Si, mi señora!” Dicho esto, comenzaron los preparativos de la mañana. Como la habitación de Eva no tenía un tocador separado, ella utilizaba un simple cuenco para lavarse el rostro. Antes de escoger su vestido y sus accesorios, quiso verificar algunas cosas con Sedela. “¿Quién verá a mi padre esta mañana?” La poligamia era la costumbre para el emperador o emperatriz Hadelamída. El emperador, que gozaba de un vigor particular, ya había engendrado dieciocho descendientes; diez príncipes y ocho princesas. Como era imposible que se pudiera convocar a los dieciocho al mismo tiempo para una reunión familiar, se los dividía en grupos de cuatro o cinco y se les permitía tener una audiencia con el emperador en las mañanas de los días de semana. Recordando que hoy era el día en donde vería a su majestad, Eva decidió que era el momento de hacer su petición. El saludo matinal, que era como se lo llamaba, era la mejor oportunidad para hablar con él, ya que solicitar una audiencia privada con el emperador era algo que tomaba mucho tiempo, aún para una princesa imperial. Sedela le contestó, “Serán la tercera y la octava princesa, también el cuarto y el quinto príncipe. Usted también está incluida, mi señora.” “Eso es bueno… espera. ¿La tercera y la octava princesa?” “Si.” Los príncipes imperiales gemelos no eran de importancia para Eva, pero las otras dos… La tercera princesa era Brígida, quien había inclinado la balanza del imperio hacia la ruina al formar su harén de homúnculos cuando fue nombrada princesa heredera. La octava princesa no era otra que la “belladona del imperio”, Rosenída, quien había envenenado a Eva. No quería tener que vérselas con ninguna de las dos. Que inusual que me encuentre con ambas en el mismo día. Oh, es cierto. Hoy ha de ser ese dia. Acababa de recordar. El saludo matinal con el emperador que tuvo lugar una semana antes del cumpleaños número dieciocho de Rosenída, había sido una de los peores saludos matinales que Eva podía recordar. A menudo Brigída hacía todo lo que estuviera a su alcance para ganarse la aprobación del emperador y asegurarse ser seleccionada como princesa heredera. En ese día, Brígida le había tendido una trampa política a Eva, utilizandola como contraste para demostrar sus propias capacidades. En esa época, la disminución del rendimiento de las minas de piedras mágicas era un problema tan grave que por el estrés acumulado, el emperador había comenzado a sufrir de frecuentes jaquecas. Brigída sacó a relucir el tema y sugirió metas más estrictas para los mineros como una solución a corto plazo. Esta labor tan agotadora era asignada a los homúnculos de menor rango, a menudo llamados “fracasos”. Eva no pudo evitar protestar, sabiendo que estos homúnculos ya estaban siendo sobreexplotados y que se verían negativamente afectados por la sugerencia de la irracional Brígida. Directa y sin tacto, Eva rechazó la sugerencia de su hermana, y expresó su propia opinión poco popular de que los homúnculos necesitaban mejores tratos. Anticipando su respuesta, Brígida le regreso a Eva sus palabras, reprendiendola por ser una princesa que no respetaba las tradiciones imperiales. Rosenída, a tan solo una semana de elegir su caballero personal, se le unió con lágrimas de cocodrilo y tono herido, “¿Dices que soy una persona malvada que explota a los homunculos?”, le pregunto. Desde ese momento, el ambiente se fue cuesta abajo. El emperador, que ya tenía una enorme jaqueca, no quiso escuchar más discusiones. Además, el haber hecho llorar a la rosa blanca del imperio fue suficiente como para hacer ver a Eva como una de las más grandes villanas de la historia. El emperador ni siquiera le dio la oportunidad de defenderse antes de hacerla regresar a sus aposentos. La habían expulsado. Esto no solo había sido humillante para Eva, sino que también fue la primera vez que se ganó seriamente la desaprobación de su padre. Este incidente también erosionó aún más la estabilidad del imperio, ya que su padre siguió el consejo de Brígida, eligiendo aplicar políticas aún más crueles para solucionar la problemática. Por supuesto. Si volví en el tiempo por todos los remordimientos que sentía sobre mi vida pasada, hoy sería el día correcto para regresar. Claramente es un importante punto de inflexión. No era un saludo matinal corriente. La vida de Eva y del resto del imperio dependen de él. El rostro de Eva se volvió sombrío, como el de un soldado que se prepara para la batalla. “¿Oh, cómo voy a manejar esto?” “¿A que se refiere, mi señora?” “¿Hmm?” Sedela no entendía porque Eva se veía tan seria. Le esbozó una sonrisa brillante y le acercó su vestido más elegante. “Primero comencemos con los ajustes adecuados.” Traductor: Johnnie Matchlock Proofreader: Melinoe INVICTUS