Princesa revolucionaria Eva

Capítulo 7

“¡Ah, qué buena elección!” Sedela habia traído un delicado vestido de seda, color crema con diminutas e intrincadas hojas bordadas al final de las mangas y a lo largo del dobladillo. Las hojas verdes le daban un acentuaban delicadamente el vestido y resaltaban el tono verde lima que del cabello rubio de Eva. “No estoy segura que hacer con respecto a su peinado. No me puedo decidir. Se enfrentará tanto a la regia tercera princesa, como a la adorable octava princesa. Creo que si su estilo se parece demasiado a una o la otra, las personas van a terminar comparándolas. Es importante que encontremos un punto medio.” “Cierto. No pienso enfrentarme a ninguna de las dos, no todavía.” Si bien tenían visiones levemente distintas, ambas trataban a los preparativos matinales con la misma seriedad. A pesar de que Eva normalmente prefería un estilo minimalista en cuanto a adornos y maquillaje, estaba haciendo todo lo posible para cooperar con Sedela, confiando en los instintos de su criada. El palacio imperial era el centro de la alta sociedad política, aquí la ornamentación era considerada un deber, y a uno se lo juzgaba severamente dependiendo de qué tan bien se realizara esta tarea. Haré lo que sea necesario. Esta vez, Eva decidió cumplir con las expectativas del palacio imperial. Para darse una ventaja, usó magia para hurgar en sus recuerdos y obtener información útil con respecto a esta mañana específica. “Hmm, Sedela, tengo el presentimiento que Brígida llevara el cabello en una gruesa trenza, y apuesto que Rosita usará coletas, pero atadas bajas para darles volumen.” “Bien, entonces confiemos en sus instintos. Si tan solo pudiéramos encontrar un estilo que no se superponga a ninguno pero que tome lo mejor de ambos… ¡Oh, lo tengo! Puedo hacer una trenza estilo cascada alrededor de su coronilla, y dejar el resto de su cabello suelto y ondulado. Quedará elegante y con un toque de encanto, ¿qué le parece?” “Ah, suena bien.” Sedela aplicó corrector a la piel de Eva, seguido de empolvado alrededor de los ojos, mejillas y labios. Cuando ella finalizó la tarea e hizo que Eva se pusiera de pie frente al espejo, una elegante y saludable princesa con ojos color ámbar, le devolvía la mirada. Ahora era el momento de elegir los accesorios. Normalmente Eva habría elegido algo sencillo, un collar y aretes de granate verde claro, pero hoy no sería así. “Creo que el día de hoy, me gustaría tomar fuerzas de los recuerdos de mi madre. Sedela, tráeme su joyero por favor. Usemos algo de allí.” “Si. Creo que es la elección apropiada para el día de hoy, mi señora.” El joyero era pequeño y compacto. Contenía joyas y accesorios ordenadamente organizados. Eva eligió delicadamente todas las gemas color granada que fueran lo más cercanas al color rosa. “Añade cuantas horquillas puedas, por favor.” Comprometida con sus nuevas elecciones en la vida, Eva se colocó accesorios por todos lados; si era necesario sobrecargarse, lo haría. Solo restaba una cosa por hacer. “Recientemente, parece que mi padre ha estado sufriendo de fuertes dolores de cabeza. Le prepararé un té que ayudará a aliviarlo.” “Al emperador le encantará. Usted prepara un té maravilloso.” La mezcla de té era un pasatiempo para Eva. Se acercó a una ornamentada mesa de trabajo hecha de madera, la cual parecía una cruza entre una mesa de tocador y una estantería para libros. La mesa de trabajo tenía varios compartimientos imbuidos con magia de preservación que guardaban hojas de té, pétalos de flores, rodajas de fruta, y otros materiales; todos cuidadosamente recogidos y preservados por Eva. Un cajón debajo de la mesa contenía las recetas de mezclas de té de Eva, a las que atesoraba tanto como a su diario de investigación alquímica. Magias protectoras las mantenían a salvo de ojos fisgones. “Sé que no tenemos mucho tiempo, así que prepararé algo rápido.” Escogió la primera receta que encontró que aliviara las jaquecas. Siguiendo la receta con cuidado, midió y mezclo los ingredientes con precisión. El té desprendía un leve aroma a bálsamo de limón. Depósito la mezcla en una elegante botella de vidrio y luego guardó la misma en una bolsa de terciopelo. “Muy bien, vámonos.” La habitación de Eva se encontraba en el anexo este, donde también estaban todas las otras princesas. El emperador Desmondo II tenía diez hijas en total. Debido a esto, inmediatamente después de salir al pasillo, Eva se cruzó con otras princesas. “Evianrosa te saluda, hermana Aisel. Espero hayas descansado bien.” “Oh, hola Eva. Bueno, veo que en esta ocasión te has vestido como se debe. Casi no pude reconocerte sin tu desordenada trenza, querida.” Naturalmente, en un palacio donde interactuaban personas de distinto estatus social, surgieron distintas reglas y costumbres de comportamiento. La costumbre imperial era que aquellos que estaban por debajo en el orden sucesorio de la corona, debían acercarse a las personas con mayor rango primero, hacer una reverencia, saludarlos, y esperar a que les devolvieran el saludo antes de incorporarse. Eva era la decimotercera en el orden sucesorio, así que debía hacer reverencias a casi todos los hermanos con los que se cruzaba. “Saludos, hermana Estefanía. Espero que tengas un lindo di–” “Oh, hola. Estoy ocupada, nos vemos más tarde.” En este punto en la vida de Eva, ya estaba comenzando a ser aislada dentro del palacio. Era normal que las princesas de alto rango la ignoraran y no le devolvieran el saludo adecuadamente. Eva mantuvo la compostura, esperando a que la princesa rubia de cabello ondulado se hubiese alejado lo suficiente antes de levantar la cabeza. Sedela susurro indignada, “No es justo. Ni siquiera le respondió adecuadamente.” “Si, pero por lo menos respondió, ¿no es así? Eso es mejor que nada. Si nos hubiera ignorado por completo, nos hubiéramos tenido que quedar aquí el día entero.” De hecho, en su primera vida, sus hermanos y hermanas mayores justamente eso habían hecho. La princesa heredera Brígida en una ocasión, la había dejado esperando en un corredor durante toda la mitad de un día invernal. Eva podía calentarse con magia, por supuesto, pero había sido bastante humillante ser dejada ahí donde la pudieran ver las otras princesas. Sedela, a su lado, todavía estaba furiosa. “Bueno, está bien, ignoraremos lo que hizo la sexta princesa. Pero ciertamente es inaceptable que no la saluden las criadas que pasan.” “¿Oh? ¿Y cómo lograste ver eso? Creí que tenías la cabeza baja al igual que yo.” “Oh, puedo ver a pesar de tener la cabeza gacha. En lo que se refiere a usted, mi señora, tengo un sexto sentido… como si tuviera ojos en la nuca.” “¡Impresionante! ¡Parece que tienes habilidades a la par de la magia de escrutinio!” Encontrando consuelo en platicar, Eva y Sedela conversaron hasta llegar a la entrada del anexo. Afuera, el soleado clima de primavera llevó una refrescante y fresca brisa al rostro de Eva. Después de haber sido encarcelada durante todo un mes, hacía demasiado tiempo desde que Eva había sentido los rayos del sol sobre su piel. Pensativa, Eva dio su primer paso hacia el exterior, considerando lo monumental de la segunda oportunidad que se le había brindado. Acababa de comenzar a caminar animadamente a través del sendero de mármol, cuando escucho que alguien la llamaba. “¡Santo cielo, hermana querida!” “...” “¡Eva! !Hermana!” Eva instintivamente se puso rígida. ¡Rosita! La suave y arrulladora voz que llamaba a Eva le pertenecía a la mismísima Rosenída. Eva se encontraba con su asesina antes de lo esperado. Todo está bien… mantén la calma… Eva tuvo que inhalar profundamente unas tres veces, antes de poder relajar su expresión lo suficiente como para darse la vuelta. “¡Ah, hermana! Finalmente me prestas atención.” Rosenída estaba utilizando un vestido rosa claro; derrochando belleza y elegancia, como siempre. Sedela le susurro maravillada a Eva. “La octava princesa realmente está usando coletas hoy. Sus instintos estaban en lo cierto.” “...” Eva observaba a Rosenída sin decir palabra, mientras caminaba hacia ellas. “¡Eva, hermana!” Eva no pudo evitar que se le ensombrecieran sus ojos color ámbar mientras Rosenída se acercaba. Esta niña tan inocente, de cabello rubio miel, exudando encanto por cada uno de sus poros… “¿Y ahora estás muerta? ¿Finalmente estás muerta, no es así? ¡Soy la única que queda! ¡Mikael es todo mío, y será la emperatriz indiscutida! ¡Es todo mio! ¡Ajajaja!” Eva tembló levemente, esa asustadora voz resonaba en sus oídos como si estuviera justo a su lado. Rosita, todo el mundo te amaba y se te brindo todo lo que siempre quisiste. Hasta llegaste a tener el hijo de Mikael, lo cual habría asegurado para siempre tu título de emperatriz. Pero, cegada por sus deseos egoístas, Rosenída había envenenado a Eva para asegurarse ser la única heredera de la familia imperial. Había asesinado a alguien de su familia para poder mejorar su importancia y su estatus. Siempre te comportabas como si no te importara la política. Pero en realidad, estabas jugando un juego político muy profundo y terrible, ¿no es así? Si Eva no hubiese recibido la oportunidad de vivir una segunda vida; seguramente se habría convertido en un fantasma vengativo, lleno de amargura y resentimiento, que hubiese perseguido a Rosita por el resto de sus días. Era un alivio para ambas que eso no hubiera pasado. Y ahora aquí estaba la verdadera Rosenída, de pie frente a Eva, luciendo una gran sonrisa. “¿Cómo te encuentras, hermana?” “...” “¿Eh? ¿Hermana? ¿Por qué me miras de esa manera?” Eva se recuperó rápido y le respondió tranquilamente. “Porque hoy te ves muy hermosa, por supuesto.” “¡Oh, cielos, te lo agradezco! En lo que a ti concierne… veo que te has esforzado mucho esta mañana.” Era un elogio ambiguo. Ahora que lo pensaba, en realidad Rosenída nunca le devolvía realmente los elogios a quien alabara su aspecto. “¿Por qué ibas con tanta prisa? Te llamé tantas veces, que pensé que me estabas ignorando.” Según las normas de etiqueta del palacio imperial, era grosero que un miembro de la familia de menor rango llamara a un miembro de mayor rango desde una distancia mayor a los cinco pasos. En el pasado Eva le habría gentilmente recordado a Rosita este punto, por el propio bien de su hermana; pero Eva ya no sentía ningún afecto fraternal hacia esa chica. Eva decidió cambiar de tema. “¿Rosita, vas a ver a nuestro padre?” “Si. Tú también vas a verlo hoy, ¿verdad? ¡Vayamos juntas!” “De acuerdo, hagamos eso. Además, veo que te acompaña alguien nuevo.” dijo Eva, dirigiendo su mirada más allá de Rosenída. Un joven muchacho estaba parado cortésmente detrás de ella, no demostrando demasiado interés. Era un hombre apuesto, que usaba un uniforme de guardia imperial. Un caballero homúnculo de cabello plateado… Era obvio de quien se trataba, pero esperó a que Rosenída hiciera las presentaciones. “Su nombre es Silvestiano Milardo, caballero homúnculo de la guardia imperial. He solicitado que sea mi escolta al palacio.” Traductor: Johnnie Matchlock Proofreader: Melinoe INVICTUS