¿Quién Se Robó A La Emperatriz?

Capítulo 4

Capítulo 4. La Emperatriz va a morir. *** —... Tamon se esforzaba por no mostrar sus emociones, pero también era un hábil negociador, ya se había dado cuenta de la agitación de la Emperatriz, aunque ella lo ocultaba bien. Cambió su voz a una mucho más amigable que antes. —Te daré todo lo que hay. En su lugar... dame tus capullos rojos. Toda la situación cambió de inmediato. Ella se burló y consiguió la mejor seda, obteniendo los derechos comerciales exclusivos de los capullos rojos que sólo se cultivan en Amor, en su lugar, pudo recuperar todo lo del naufragio... Esa mujer, la Emperatriz de Tanatos, era una persona tan molesta y difícil, una vez convertida en emperatriz, disfrutaba del poder a su antojo y actuaba metódicamente en el frente diplomático en todo momento. Pero por otro lado, él admiraba su audacia, su determinación y sus elegantes tácticas. Ella nunca levantaba la voz, otra forma de decirlo es que nunca mostró signos de excitación o pánico, tampoco presionó nunca a las naciones más débiles con lo que tenía, ni siquiera se molestó en hacer que el oponente se sintiera incómodo con su risa inexperta; qué táctica tan antigua y noble. Pero el Emperador de este país estaba tratando de deshacerse de una mujer así. Tamon miró al Emperador, que estaba sentado en el asiento superior, y luego miró a la Emperatriz con una mirada llena de burla. “Es un idiota”. Los ojos de Ronasso se abrieron de par en par, sorprendidos por los juramentos de Tamon. —¿Yo...? —No eres tú, Ronasso. Tamon apartó la cara cuando Ronasso se acercó a él. No podía entender por qué se comentaba que el Emperador había pedido tal deseo a Dios; el Emperador, que ni siquiera sabía qué tipo de joya* tenía, estúpido podrido hasta las cejas... (*La Emperatriz es la joya) Un monarca. Este país se había aferrado tan bien a su gloria pasada. Fue esa misma mujer la que mantuvo esa gloria, y ahora su marido intentaba derribarla, era como si estuviera celoso de la joya que tenía, él era un hombre patético. Era más humillante y frustrante para él tratar con un hombre así, no valía la pena, ni era divertido. Ronasso se dio cuenta de hacia dónde iba la mirada de Tamon mientras gruñía. Mirando a la Emperatriz, Ronasso chasqueó su lengua. —Por cierto, la Emperatriz es realmente increíble. Con todo lo que está pasando con su familia, parece estar bien. Nunca pensé que se presentaría con una cara tan tranquila. Hace unas horas, el hermano de la Emperatriz fue llevado a una prisión subterránea por traición, la historia fue contada en secreto por Gichi, el único espía que queda en este palacio imperial. Había siete concubinas que Tamon había plantado en el Palacio Imperial de Tanatos, sin embargo, seis de ellas fueron capturadas por la Emperatriz y expulsadas. “Es simplemente increíble”. Todas ellas eran personas que habían nacido y crecido en este país y habían sido educadas sobre Tanatos durante más de una década, sin embargo, no pudieron durar ni un año y desaparecieron a la vista de la Emperatriz, la mayoría de ellas estaban probablemente muertas. Esa mujer incruenta y severa nunca dejaría vivir a un espía que se infiltrara en su país. No importaba. Él tampoco se compadecía de la gente que intentaba quitarle lo que era suyo... cuando quieres algo que pertenece a otra persona, tienes que estar dispuesto a arriesgarlo, incluso la muerte, por supuesto. En el palacio de Natasha, se encontraron las pruebas de traición del Conde Cainely, y como resultado fue encarcelado, era sólo una línea, pero fue suficiente para que Tamon comprendiera la situación; Natasha, la amada concubina del emperador, la astuta mujer debía haber penetrado e incriminado al Conde Cainely. Fabricar pruebas, bueno, eso era más fácil que voltear la palma de la mano, el problema era crear pruebas circunstanciales... ¿Pero cómo entró y salió el Conde Cainely del palacio de Natasha? El honrado Conde Cainely nunca habría caído en la trampa de Natasha, pero era extraño. —Probablemente no ha pegado ojo en toda la noche, pero su expresión no ha cambiado nada. Yo diría que tiene la piel más gruesa que tú. Ronasso se maravilló con un resoplido. Tamon levantó una ceja en una mueca, pero Ronasso, su mejor amigo desde hace veinte años, no era de los que le tenían miedo. —¿Por qué? ¿He dicho algo malo? ¿No fuiste tú el que sentó al aristócrata que le quitó el poder a los Dali en la mesa de negociación y le hizo pedir disculpas hace unos años? ¿Y no fuiste tú el que quiso exprimirle todo lo de valor? —Eso es absurdo. —Un cambio de actitud sobresaliente, abrazando a los enemigos de ayer como amigos de hoy. Oh, ¿y no invitaste secretamente una vez a Lady McBirther a una cena el año pasado? Eres un zorro astuto. A este paso, la historia pasada iba a empezar a salir una tras otra, pensó Tamon, dándole una patada en la espinilla a Ronasso. —Cállate y dame lo que tienes. Ugh. Tamon intentaba actuar como un noble, pero era difícil tratar con Ronasso. Hace sólo unos años atrás era un gran general, que corría por los campos de batalla todos los días, era un gladiador, un espadachín, un arquero y un soldado de caballería, en una palabra, era un soldado que era bueno en todo. Esa patada de Tamon era lo mismo que ser golpeado con un martillo. Sin embargo, Ronasso no podía mostrar su expresión de dolor porque después de todo era el Comandante de los caballeros. —A juzgar por la patada, tu retiro debe haber sido toda una farsa. —Ronasso. —Está bien, está bien. Ronasso hizo un mohín con sus gruesos labios y transmitió la información que había obtenido mientras vagaba como una sombra por la corte antes. —El Emperador y Natasha estaban secretamente en una tangente. Pude ver una pizca de nerviosismo mientras susurraban sobre algo. El palacio imperial, el vestido blanco, la última... Sonaba como si estuvieran planeando algo... Las tropas esperando detrás del gran salón de baile también son extraordinarias. —¿Qué tal... Mansión Sunset? —Desde el amanecer, el Duque de Sunset y sus hijos han desaparecido de inmediato. Tal vez por eso salió la Emperatriz. No hay nada que nos diga sobre el paradero de los miembros de su familia. El Emperador y la Emperatriz hablaban entre sí sin establecer contacto visual. El joven emperador, con su pálido pelo rubio miel, giró la cabeza y miró a la Emperatriz, que tenía la mirada fija. Era alabado objetivamente como un Emperador hermoso, pero a los ojos de Tamon, la cara del Emperador ahora no parecía más que un feo boniato. Qué mal aspecto tenía cuando no podía matar a la Emperatriz de inmediato y se comportaba bien con una cara sonrojada. En comparación, la Emperatriz estaba sentada tranquilamente, haciendo contacto visual con los invitados nobles uno por uno mientras los miraba fijamente a los ojos. Era una escena que hacía pensar que el Emperador era el que fue atrapado con la guardia baja anoche. —¿No es extraño? —¿Qué es? —La Emperatriz está ahora completamente aislada. Ronasso habló en un tono bastante sincero y apasionado, como si estuviera viendo una obra de teatro interesante. —¡En su vida de lealtad y afecto! Tamon no contestó a Ronasso, que hablaba y se reía. Aislamiento, así es, estaba aislada. ¿Pero por qué ese hecho era tan poco fiable? Era tan incómodo como escuchar noticias feas sobre un padre del que no quieres saber nada. “Sí, no tiene nada que ver conmigo.” Tamon pensó cínicamente y se sirvió un vaso de vino frío, incluso se arriesgó y le hizo una advertencia, pero ella no la escuchó, por lo tanto, no importaba que la Emperatriz de este país fuera traicionada, ejecutada o exiliada. De hecho, cuanto más fuera perturbada la familia imperial de Tanatos, mejor sería para el país de Amor, que se encontraba en una sutil disputa, ya que había un beneficio que obtener en esa brecha. Qué grandioso sería sentarse a un lado y disfrutar de los beneficios mientras los demás luchaban entre sí, porque la salsa que saldría si él le diera aunque sea un mordisco a este próspero país sería considerable. Era inimaginable hasta hace unos meses, pero las cosas estaban sucediendo ante sus ojos, más que cualquier otro incidente. Los ojos de Tamon se fijaron en el perfil de la Emperatriz, que parecía una muñeca de hielo. Ronasso se inquietó, presagiando el final de esta representación. —Puedo asegurarlo. Tal vez la Emperatriz… En ese momento, las miradas de Roselyn y Tamon se entrelazaron, los ojos rojos de él, que eran tan calientes como el fuego, y los ojos violetas de ella, que eran tan oscuros como el hielo de las profundidades del mar, no parecían tener nada que decir y se alejaron lentamente. Eso fue sólo… Empezó a sentir sed, su cuerpo se calentó, aunque sus miradas sólo estaban entrelazadas, sentía como si algo de ella y de él se mezclara en secreto; un calor confuso estaba surgiendo en la parte inferior de su cuerpo, una sed tan intensa que inmediatamente le quemó la garganta, era como si hubiera tragado algo que no debía. “No voy a superar esta estación, voy a morir.” Los ojos violetas de la Emperatriz no podían borrarse. La fría mirada que le dirigió se clavó en él. Su mente hervía y su cuerpo se sobrecalentaba, el deseo que se había estado obligando a reprimir se sintió de repente como un volcán a punto de entrar en erupción. Una voz lasciva perturbó los oídos de Tamon. “¿La piel de la Emperatriz sería tan fría como sus ojos?” Un susurro diabólico llenó la cabeza de Tamon. ***