Viviendo Como Una Sirvienta En Confinamiento

Capítulo 1

Capítulo 01 Capítulo 01 Cualquiera que tuviera ojos estaba de acuerdo en que Albert Grey era un hombre apuesto. Con un cabello gris que era una sutil mezcla entre negro y plateado, y unos ojos carmesí que eran como unos rubíes perfectamente incrustados en su rostro—cualquiera quedaría cautivado por él. Además, su tez bronceada y sus rasgos esculturales lo convertían en la palabra "belleza" personificada. No importaba quién pasará por delante, se paraba en seco para admirarlo. Pero Dios aún no estaba satisfecho con su creación. Con unas habilidades que superaban incluso a las de un maestro de la espada, todo el cuerpo de Albert brillaba con sus músculos, por lo que era seguro decir que incluso su cuerpo cautivaba los corazones de mucha gente. Todos sabían que algún día se convertiría en Rey. Sin embargo, el actual rey, Rosteratu Grey, detestaba a Albert. Envidioso en lugar de orgulloso, el actual rey odiaba al príncipe porque Albert no era su hijo. ¿Por qué? Rosteratu Grey era impotente. Esto era un secreto oculto para el pueblo. Por eso trajo a un heredero adecuado que tenía sangre real mixta, y ese heredero era Albert Grey. Albert no tenía padres, ni hermanos, ni poder. Cuando lo trajo a palacio, Rosteratu se sintió aliviado. Albert no podría obtener más poder que él. Pero fue demasiado complaciente. Albert creció hasta convertirse en un gran hombre. Preso de un abrumador sentimiento de inferioridad, Rosteratu inculpó a Albert por un crimen que no había cometido y lo encerró en una torre. Dentro de la torre, que estaba imbuida de una magia que lo confinaba en su interior, Albert se quedó solo con una sirvienta. Sin embargo, esto no era para su comodidad. La intención de Rosteratu era destruir a Albert—hacer que se sintiera miserable. Así que eligió a una mujer lujuriosa que no tenía reparos en mostrar su deseo por Albert, para convertirla en su sirvienta. El actual rey incluso le dio una varita mágica para que atormentara al príncipe. La sirvienta jugaba con Albert a su antojo, y por eso lo controlaba incansablemente con la varita para satisfacer sus deseos. Un beso o un abrazo eran fácilmente obtenidos de Albert. Todo iba según los planes de Rosteratu. Pero Albert no era tonto. Poco a poco fue recuperando sus fuerzas y un día consiguió engatusar a la sirvienta para que le diera la varita. Siendo el personaje que era, sabía cómo manejar el maná, y utilizó la varita para contactar con sus aliados fuera de la torre. A partir de entonces, afiló tranquilamente su espada de la venganza. Tras un año de cautiverio, Albert acabó abandonando la torre. Y entonces, ejecutó su venganza. ¿Puedes adivinar qué fue lo primero que hizo al salir? ¡Ding ding ding! Sí lo adivinaste bien, ¡tienes un premio! Le cortó la cabeza a la sirvienta lujuriosa de inmediato. La sirvienta murió de inmediato, sin tener siquiera la oportunidad de suplicar por su vida. Se trataba de la justa muerte de una villana de tercera categoría. * * * Así es. La sirvienta que murió degollada. Pero, ¿por qué crees que estoy explicando esto? Rose Artius, la sirvienta que jugó con Albert Grey. Reencarné como ella. Hubo una vez que leí un libro que detallaba la caracterización y las acciones exactas de Rose Artius. Leí todo sobre el primer día que llegó a la torre y saludó a Albert— ...e incluso lo que hacían en ese momento. El aliento que permanecía en mis labios desapareció cuando el desconocido se alejó. Miré fijamente al hombre que me había besado hace un momento. Bajo esas cejas oscuras había unos ojos medio cerrados que brillaban con intelecto, con una cierta elegancia que emanaba de esa mirada y de la que nadie sería capaz de apartar la vista. Pero esos ojos rojos como la sangre... hacía que pareciera que quería comerme entera. Al instante quedé hechizada. No podía apartar mi mirada, como si hubiera una fuerza irresistible codiciando mi mirada. Porque es muy guapo. Era más guapo que cualquier otro famoso que hubiera visto, con unos rasgos definidos que te hacían pensar que podía ser una estatua creada con precisión a imagen y semejanza de Dios. Por eso fue inevitable que quedara boquiabierta mirándolo. Realmente no se estaba distrayendo a propósito. "Rose, ¿cuánto tiempo tenemos que hacer esto?" Me estremecí cuando susurró con su dulce voz cerca de mi oído. Solo entonces recuperé el sentido. Me reí torpemente para llenar el silencio. Jajaja, realmente no sé... "Creo que ya podemos parar." Ante mis palabras, Albert sonrió. Se trataba de una sonrisa desalmada de un vendedor. No pude evitar fijarme en su sonrisa porque me recordaba a mi propia sonrisa forzada cuando estaba en el trabajo. A pesar de su humor agrio, era impresionantemente hermoso. "Entonces, ¿puedo verlo ahora?" "...sí." Tomó la varita que había estado sosteniendo. En la novela, la sirvienta Rose siempre le pedía un beso a Albert a cambio de dejarlo ver la varita. En resumen, en ese mismo momento, estaba cavando su propia tumba. ...maldita sea. ¡Inmediatamente después de reencarnar, levanté la bandera de la muerte! * * * Finalmente me recompuse y dejé de mirar el rostro de Albert para poder aclararlo todo. Antes de transmigrar en esa novela, era una ordinaria oficinista llamada Yoo Jung-in. Tuve un accidente de autobús cuando me dirigía al trabajo y, al despertar, abrí los ojos a este mundo. La pequeña pero cierta felicidad de mi ordinaria vida consistía en mi afición de leer novelas web. Aunque no podía comprarme cosas caras, pagaba cada día capítulos de novelas por esa pequeña felicidad. Esta novela en la que transmigré era una de las que había leído antes. Era frustrante ver a Albert sufriendo las malvadas conspiraciones de los personajes secundarios, pero se volvió emocionante en el momento en el que abandonó la torre y encontró a la protagonista femenina, Seo Ina. Era la novela en la que pensaba justo antes de morir. ¿Fue por eso que vine aquí? Claro, podía aceptarlo. Pero había un gran problema. Porque me reencarné en una extra que está destinada a morir pronto. Rose Artius era una persona depravada. Aunque su vida no se detallaba mucho porque tenía un pequeño papel, estaba claro que era alguien que hacía todo lo posible por conquistar a Albert, del que se enamoró a primera vista. De alguna manera, consiguió llegar a un acuerdo con Rosteratu y acabó quedándose sola con Albert en la torre. Puede que a Rose le hiciera ilusión estar encerrada con el hombre más atractivo del mundo, pero a mí, Yoo Jung-in, no me hizo ninguna gracia. Si viviera como Rose, seguramente moriría. Y como no quiero morir pronto después de recibir una segunda oportunidad en la vida, no quiero actuar como la Rose original. Hay un dicho que dice así: 'Aunque te revuelques en la mierda, sigue siendo bueno estar vivo'. 'Aunque te revuelques en la mierda, sigue siendo bueno estar vivo'. Albert Grey era increíblemente guapo, y este hecho era indiscutible, pero honestamente... "guapo" era una palabra demasiado débil para describirlo. La mera visión de él realmente hipnotizaría a cualquier persona, y seguramente querrían que fuera suyo. Pero por muy guapo que fuera, mi vida importaba mucho más, incluso a costa de que la historia cambiará. Además, me sentía satisfecha solo con mirarlo. Originalmente, mis tipos ideales eran más hermosos cuanto más lejos estaban de mí. Porque así, no tendría que sentirme herida por las expectativas no cumplidas. Intenté recordar el primer y el último beso que Rose se dio con Albert. Los recuerdos se arremolinaban en mi mente como un sueño borroso, y cuando me desperté aquí, empezaron a desaparecer. Rápidamente luché por recordar cuántos días me quedaban de vida con Albert. ...podía sentir que mi mirada se volvía oscura. La sirvienta loca se ganó un beso de Albert una semana después del confinamiento. Ella realmente quería todo de él. ¿Debería alegrarme de que nunca fuera más allá de eso? Pero no, mientras Albert me besaba, yo ya sabía qué clase de persona era Rose. Y cuanto más pensaba en ello, más empeoraba mi dolor de cabeza. Oh, Dios mío. ¿Por qué tienes que atormentarme tanto? Albert no era el único que sufría. Otra persona estaba encerrada con él aquí, y esa era yo. ¿Cómo diablos voy a vivir un año en un lugar donde no hay wifi, ni internet, ni computadora? Como persona de la civilización moderna, esto seguramente me volverá loca. Pero después de lamentarme un poco, me recompuse y me enfrenté a la realidad. Lo primero que hice fue volver a recordar la estructura de la torre. La torre tenía tres pisos en total. En la primera planta estaba la cocina, donde había una única puerta por la que entraba la comida y por la que podíamos comunicarnos con la gente del exterior. También había un almacén donde se guardaban los utensilios de cocina, los cuencos, las sartenes y las ollas, y además había ingredientes. Por supuesto, también se disponía de un espacio para encender el fuego. Como la torre tenía forma redonda, las escaleras se curvaban como un torbellino a lo largo de la pared. Si sales de la cocina y subes las escaleras, podrás llegar al único dormitorio. Había un baño al lado del dormitorio. Y eso es todo. [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie]