Viviendo Como Una Sirvienta En Confinamiento

Capítulo 22

Capítulo 22 Capítulo 22 Mi cuerpo se congeló, como si estuviera allí en la propia escena. Pero no podía apartar los ojos de la pantalla. Tragué en seco. Las atrocidades del Rey Impotente, que no se detallaban mucho en la novela, iban más allá de mi imaginación. Si llegaba a ese extremo, Albert no se conformaría con matarlo. "¿Cuándo has entrado?" Mientras fruncía el ceño, Albert se levantó de su asiento. Mientras intentaba poner una excusa o explicarme con una sonrisa, Albert me tapó los ojos. Su mano era lo suficientemente grande como para cubrir la mayor parte de mi cara. "...estoy bien. Estabas trabajando." "Me doy cuenta con sólo mirarte a la cara." "Príncipe, usted también puede leerme bien. Antes solía ocultar bien mis pensamientos." "¿Es así? Creo que es fácil leerte, y es triste que intentaras ocultar tus pensamientos en el pasado. Pero, ¿cómo puedes leerme?" Albert dijo esto con una sonrisa. Ante sus palabras, me reí. Jaja, la imagen seguía siendo parecida incluso ahora. Mi jefe, que era noble y elegante, pero cuyo corazón era ilegible. Cuando la mano de Albert desapareció y ya no bloqueaba mi vista, la terrible escena ya no estaba allí. Pero el impacto no desaparecía. Respiré hondo aún temblando calmé a mi sorprendido corazón. "Ni siquiera te oí entrar porque la reunión se prolongó un poco." Dejé el cuenco de pollo sobre la mesa y me senté frente a él. El pollo, que aún humeaba, presumía de su hermosa magnificencia. Albert parecía haberse molestado antes por mi presencia. "¿Te sorprendió?" "Sí... no sabía que el actual Rey fuera tan hijo de p*ta." ¿"Hijo de p*ta"? Jaja, es la primera vez que te escucho maldecir." "Incluso llamarlo así no le hace justicia. Los perros son lindos. Ni siquiera puedo llamarlo basura. Príncipe, ¿no está enfadado?" "Se me pasó por la cabeza..." Sacudió la cabeza, con una expresión fría. "Nada cambiaría aunque me enfadara aquí. Sólo necesito aprovechar este tiempo para aumentar mi fuerza. La mejor venganza que podría hacer es salir de aquí, matarlo y luego convertirme en rey." Tenía razón, pero no estaba de acuerdo con todo lo que decía. Seguro que no cambiaría nada aunque se enfadará, pero era importante desahogarse. Eso es lo más importante para mí en el mundo. "De todas formas, tampoco cambia nada si te lo guardas todo dentro." De repente, me acordé de mi amiga Hye-in, con la que había intimado antes. A diferencia de mí, que actuaba amistosamente en el trabajo, Hye-in era como un oso. Tenía un jefe que manipulaba a la gente con tanta naturalidad como respirar, y Hye-in era alguien que llegó a tener depresión mientras lo guardaba todo para sí misma. Mantuvo todos sus sentimientos encerrados hasta el momento en que su ira, que se había acumulado tan alta, finalmente llegó a su límite. Era el primer trabajo que tenía, y durante esa época en la que era difícil conseguir trabajo, Hye-in pensó que lo mejor que podía hacer era aguantarse. Recordaba haber bebido con ella. El día que Hye-in lloró y se desahogó. El día que me lo contó todo, dejó atrás sus muros habitualmente impenetrables por la influencia del alcohol. Si sólo lo soportas, se convierte en una enfermedad. Las enfermedades mentales eran difíciles de tratar. "Príncipe, si lo aguanta así, se enfermará. ¿Lo sabe?" Era una enfermedad que tenían la mayoría de los oficinistas. No es exagerado decir que Albert estaba en la posición más alta del mundo, así que sabía que me estaba extralimitando al darle consejos. Pero también es algo que yo haría. Era una conversación extraña, en la que una subordinada le decía a su superior que se enfadara. Aún así, lo decía en serio. "Enfermarme..." "Si se aguanta, se enfermará. Su Alteza puede maldecir delante mío. No, yo puedo ir primero. Ese bastardo impotente es tan codicioso que no creo que haya otro idiota en el mundo que pueda igualarle." Maldije a Rosteratu todo lo que pude. Así también se desestresaban los oficinistas. ¡No hay nada mejor en el mundo que maldecir a mi jefe en casa para aliviar mi estrés! ¡Será mejor que te limpies los oídos después de esto! Como si estuviera poseída por un rapero, maldije como una ametralladora que se dispara. Fue refrescante. Después de eso, Albert me miró con una expresión extraña. Las comisuras de sus labios temblaban... "¡Jajaja! Ja... ¡jajaja! ¿Dónde aprendiste a maldecir así?" Al final, Albert se rió a carcajadas. No sabía que se reiría tanto, así que concluí mi orgullosa maldición con una tos seca. "Es por el trabajo." "Tu lugar de trabajo es el palacio... ¿Hay alguien en palacio que use esas palabras?" "Las apariencias externas no lo son todo, Su Alteza." No recuerdo con quién trabajaba Rose en palacio, pero pensé que en este mundo sería igual. La vida era difícil en todas partes, y era natural que la gente hablara a espaldas de los demás. Especialmente si hay un jefe irrazonable alrededor. "¿Se siente mejor ahora, Príncipe?" "...sí, gracias a ti, Rose." "¿Comemos entonces? Hice un montón de comida hoy. No es lo habitual." "Claro. Y siento haberte asustado, la reunión se alargó más de lo normal." Albert se disculpó conmigo. Un príncipe se disculpó con una sirvienta. Qué raro. En vez de contestarle con palabras, le puse el muslo de pollo más sabroso en el plato. "Jojo, dejemos de disculparnos ahora. Aquí, Su Alteza. Le daré la parte más deliciosa." "¿Estás diciendo que el muslo de pollo es la comida más deliciosa? Pero por alguna razón, no es de color rojo. No es propio de ti cocinar esto." ...mientras vivía conmigo, Albert había llegado a conocerme demasiado bien. Más tarde, cuando Seo Ina aparezca, Albert podría sorprenderse de que la comida coreana no sólo tenga comida de color rojo. Pero estoy orgullosa de ello de todos modos. Continué hablando. "Sí, Príncipe. Sabe, darle a otra persona un muslo de pollo es como proclamar lo... No, significa que realmente me gusta. Sabe lo mucho que pienso en usted, ¿verdad, Su Alteza?" [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie]