Viviendo Como Una Sirvienta En Confinamiento

Capítulo 40

Capítulo 40 Capítulo 40 Al escuchar esto de Blanc, recordé lo que Albert me había contado antes sobre los dragones jóvenes, sobre la angustiosa prueba que pasarían para convertirse en adultos. La mayoría de los dragones jóvenes no sobrevivían más allá de este sufrimiento. Ese era el mundo que Blanc había visto hasta ahora. Abracé a Blanc entre mis brazos. Esta criatura que se retorcía era demasiado pequeña. Hasta el punto de que no puedo creer cómo una cosa tan pequeña estaba destinada a convertirse en un gran dragón gigante que más tarde sería varias veces más grande que los humanos. Con convicción, le respondí. "Nadie va a morir." Parpadeando, Blanc me miró fijamente mientras cerraba lentamente la boca. Como si no pudiera creer mis palabras. Parecía que la idea de que alguien moriría después de enfermarse estaba demasiado arraigada en su mente. Con un tono firme, hablé de nuevo. "Te mostraré que incluso si alguien está enfermo, no morirá." "...soy yo quien está enfermo, pero eres tú quien está más preocupada por esto." Albert dijo esto con los ojos cerrados. Urk, me han dado. Dejé a Blanc en el suelo y me acerqué de nuevo a Albert. "Príncipe, ¿puede ponerse de pie?" Albert finalmente abrió los ojos. Y sus ojos rojos estaban enfocados solo en mí. Independientemente de su condición física, la mirada en sus ojos seguía siendo clara. Como el día que le corté el cabello. El día en que nos besamos. "Debes pensar que soy un chiste, Rose." Se puso de pie con una débil sonrisa en los labios. Verifiqué su temperatura y su frente definitivamente ardía, pero no titubeó en absoluto. Me pregunto si este tipo realmente es humano. ¿Qué tipo de vida vivió para tener tanta fortaleza mental? ¿Cómo vivió para estar equipado con tanta gracia y dignidad? Solo conozco una fracción del pasado de Albert. Vivió una vida ridículamente diferente de la opulenta vida del Rey Impotente. Y fue en la infancia de Albert donde perdió todo. Fue demasiado trágico para ponerlo en palabras. Aun así, ascenderá al trono y ganará todo. Como si me urgiera, habló. "Vamos abajo." Albert bajó primero por la escalera, y yo lo seguí por detrás llevando conmigo la bolsa y a Blanc. Al bajar a su habitación, Albert se tumbó en la cama. Literalmente, se dejó caer sin meterse debajo de las sábanas. Como esto no era algo que él hiciera normalmente, de repente volví en mí. No podré dormir esta noche. "Príncipe, le traeré un poco de agua para que podamos lavarle la cara." Está claro que no podría levantarse en su estado actual, así que no se podrá bañar. Al menos limpiaré su cara y le pondré una toalla húmeda en la frente. Así que fui al baño y abrí el grifo. La torre estaba dotada de lo básico para las personas, así que, por supuesto, también estaba equipada con un cuarto de baño limpio que tenía cañerías. Busqué un trozo de tela del tamaño adecuado, lo empapé en agua y lo escurrí. Después, llené una palangana de agua y preparé la toalla. De vuelta a la habitación, intenté enseñarle la palangana a Albert y la coloqué sobre la mesa junto a la cama. Con los ojos aún cerrados, Albert sudaba. Si lo dejaba así, le costaría moverse durante un tiempo. Albert me vio volver y trató de levantarse, pero yo sólo sacudí la cabeza y hablé. "Príncipe." "¿Qué pasa?" "¿Puedo tocarlo, Su Alteza?" El bienestar de una persona era lo primero antes que el contrato. No es el momento de jugar a frío y caliente. "Sé que esto suena muy raro, pero no es que esté haciendo esto por interés propio..." "¿Por qué intentas poner excusas?" "..." "Hasta un tonto sabría que sólo intentas cuidar de mí." Extrañamente, esas palabras me apuñalaron. Cierto. No tengo que poner excusas. ¿Por qué lo hice? Entonces, de improviso, Albert añadió. Haz lo que quieras." "Sí, gracias." Respondí enseguida y agarré la toalla mojada. Le puse la toalla en la frente que chorreaba de sudor frío, y los ojos de Albert se fueron cerrando poco a poco. Con la clara sensación de estar limpiando la estatua de un santo, limpié lentamente el sudor frío. Es absolutamente difícil pensar que esos ojos, nariz y labios pertenecían a un humano. Parecía que fue ayer cuando firmé un contrato para poder sobrevivir durante nuestra convivencia, pero no puedo creer que hayamos llegado a este punto, en el que confía en mí lo suficiente como para dejarme su cara. Mientras lo limpiaba con cuidado, le hice una pregunta que llevaba deseando hacerle desde que salimos del norte. "Príncipe." "Sí." "¿Por qué ocultó su condición?" Obviamente, Liam le diría que descansara antes de irnos. Schubert era un seguidor leal, así que si Albert decía que estaba enfermo, Schubert habría tomado medidas. Aquel lugar era un castillo, y este lugar era una torre con sólo dos personas. El ambiente aquí era mucho peor. Decidió volver a la torre a pesar de que aquí no había medicinas, y mucho menos un médico al que pudiéramos llamar para que le tratara. "Incluso cuando nos marchamos a la torre, Su Alteza ocultó su dolor. Sabía que se estaba forzando, pero... ¿Por qué lo hizo?" Me sentí apenada de nuevo. "Si me lo hubiera hecho saber antes, podría haber traído medicinas con nosotros..." Mientras limpiaba su frente una vez más, Albert habló con los ojos cerrados. "Porque no debía hacer eso." "¿Qué...?" En cuanto volví a preguntar, Albert abrió los ojos. Me miró fijamente por un momento, y luego respondió con calma. "Soy alguien que no debe hacer eso, Rose." Sus palabras tenían muchas connotaciones. Y fue tal y como dijo Albert. Con una sonrisa amarga, continuó. "Incluso considerando las expectativas con las que estoy sobrecargado, no debería hacerlo aún más por lo que seré en el futuro." "..." "Es mejor estar enfermo solo." No había nada más triste que estar enfermo estando solo. Aún recuerdo haber llorado de pena porque no había nadie a quien pudiera contárselo mientras estaba enferma. Pero en el caso de Albert, era por su propio bien. [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie] [Traductor: Abbie]